Los museos vaticanos reconstruyen virtualmente la tumba etrusca Regolini-Galassi

La tumba fue descubierta intacta en 1836

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) Redacción | 792 hits

La famosa tumba etrusca Regolini-Galassi ha recobrado su aspecto original en los Museos Vaticanos gracias al proyecto “Etruscanning”. El pasado día 4 se inauguró en esa sede la instalación de realidad virtual dedicada a la reconstrucción de la tumba descubierta intacta en 1836 en la necrópolis de Cerveteri (Italia) cuyo ajuar funerario se encuentra en el Museo Gregoriano Etrusco (Museos Vaticanos).

La instalación forma parte del Etruscanning 3D, iniciativa europea (Framework Culture 2007) para la experimentación de tecnología digital innovadora encaminada a la documentación de la cultura etrusca. El proyecto se avale de la colaboración del Alliard Pierson Museum (Museo Arqueológico de la Universidad de Amsterdam); el Museo Nacional de Arte Antigua, de Leiden (Países Bajos); el Museo Galo Romano de Tongeren (Bélgica) el CNR-ITABC (Italia) y de la compañía Visual Dimension de Ename (Bélgica). Con ellos se asocian los Museos Vaticanos y la Superintendencia arqueológica para Etruria Meridional.

La Regolini-Galassi se puede visitar actualmente en la necrópolis de Cerveteri solo con petición previa. En la instalación de los Museos Vaticanos ha sido reconstruida en 3D, tal y como debía ser en la época etrusca (mitad del VII a.d.C), poco antes de su cierre. Dentro se han colocado virtualmente los objetos del ajuar funerario que convierten a esta tumba en una de las más interesantes del período etrusco orientalizante. La contextualización virtual de los objetos no ha sido fácil ya que todavía hay muchas dudas sobre su posición original. Durante el descubrimiento, el contexto arqueológico no se documentó con método y los dibujos y bocetos se realizaron después de que las piezas hubieran sido ya removidas del lugar que ocupaban. Por eso ha sido necesario recuperar e interpretar las diversas fuentes iconográficas y documentales con el fin de llevar a cabo una reconstrucción plausible. En este caso, el 3D se ha utilizado no sólo como vehículo de divulgación y comunicación, sino también como herramienta de comprobación e interpretación.

Al igual que la tumba, los objetos conservados en los Museos Vaticanos se han reconstruido en 3D mediante técnicas de fotogrametría y gráfica de ordenador. Aunque estuvieran, en la mayor parte, bien conservados han sido objeto de una cuidadosa restauración digital basada en la observación, el estudio de las fuentes y el análisis de casos comparativos. Algunas decoraciones dudosas se han reintegrado con una buena dosis de credibilidad y los materiales se han devuelto virtualmente al que podía ser su estado original.

El elemento más innovador es la interacción: el público tendrá la posibilidad de explorar el espacio reconstruido virtualmente, acercarse a los objetos, tocarlos y escuchar las voces de los difuntos (una mujer de rango principesco y un hombre incinerado en la celda de la derecha). Todo ello sin utilizar joystick, ratón, teclados o consolas sino solo con el movimiento del cuerpo, situándose ante el lugar de proyección. La aplicación se visualiza con alta definición sobre una gran pantalla holográfica de unos 3 metros de anchura. Tiene dos viewports o ventanas principales. La más grande está dedicada a la exploración de la tumba con los objetos situados en el interior; la segunda tiene un menú dinámico de los objetos más cercanos al visitante a medida que se mueve en el espacio virtual.

La banda sonora se ha compuesto ex profeso para esta aplicación y combina sonidos antiguos con el lenguaje musical contemporáneo, sin intención filológica, sino sólo evocadora. Los timbres musicales son en parte reales (flautas grabadas en directo), en parte sintéticos (campanitas, tambores) mezclados con sonidos de la vida real: carros, galope de caballos, fuego etc).

La aplicación ha ganado el primer premio de la Muestra de Arqueología Virtual Internacional (Archeovirtual) de Paestum (Italia) en 2012. El galardón fue otorgado tanto por un comité científico internacional como por el público.