Los nuevos desafíos que plantea la medicina a la teología en un libro

Una obra del arzobispo Lozano Barragán, presidente del Consejo para la Salud

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CIUDAD DEL VATICANO, 12 mar 2001 (ZENIT.org).- «Teología y Medicina». Este es el título del libro que acaba de publicar el arzobispo Javier Lozano Barragán, presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, para adentrarse en los interrogantes que plantea a los creyentes los avances de la ciencia y la medicina a inicios del tercer milenio.



El libro, que en castellano es editado por el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana y en Italia por Ediciones Dehonianas de Bolonia, va precedido por un prólogo del cardenal Joseph Ratzinger.

La obra del «ministro para la Salud» del Papa no pretende presentar una detallada casuística o una especie de legislación para afrontar los temas médicos que afectan a la teología y, en particular a la moral, sino más bien considerar los principios fundamentales que el Magisterio de la Iglesia ofrece para iluminar el ejercicio de la medicina.

De este modo, el arzobispo no hace más que desempeñar una de las funciones que ha encomendado Juan Pablo II al Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud que preside. En la constitución apostólica «Pastor Bonus» (1988) el pontífice establecía que corresponde al Consejo vaticano «difundir, explicar y defender las enseñanzas de la Iglesia en materia de sanidad y favorecer su penetración en el ejercicio sanitario».

Estos son precisamente los temas que toca el libro: aspectos espirituales y morales de la enfermedad; el significado del sufrimiento humano; y todo lo que está conectado a este importante aspecto del mensaje evangélico: la vida humana, la salud, la identidad de los agentes sociales de la salud, la acción pastoral en este campo, las enfermedades emergentes...

En la introducción del libro, el autor se hace eco de la carta apostólica de Juan Pablo II «Salvifici Doloris», del 11 de febrero de 1984, en la que reconoce que el dolor en sí es absurdo; ahora bien, cuando es aceptado y ofrecido a Jesucristo, se hace vida y resurrección.

En el prólogo, el cardenal Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, profundiza en esta idea, asegurando que «el dolor aceptado y soportado en comunión con Cristo, crucificado y resucitado, encuentra un sentido profundo para la persona y para los demás, es más puede convertirse en fuerza de curación. Ésta no es una especulación teológica sino una posición auténticamente realista, ya que un programa que no ayuda al hombre en el sufrimiento sino que le promete suprimirlo totalmente carece de realismo».

Puede pedir más información en opersanit@hlthwork.va