Los obispos africanos piden perdón por las culpas de africanos en la trata de esclavos

En la isla de Gorée, lugar símbolo del comercio de hombres y mujeres

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DAKAR, 8 octubre 2003 (ZENIT.org).- La Iglesia católica en África ha pedido perdón pública y solemnemente por la implicación pasada y presente de los africanos en las antiguas y nuevas formas de esclavitud.



El llamamiento tuvo lugar en una «ceremonia de perdón» por los africanos que «han vendido a sus hermanos» en el marco de la asamblea plenaria del Simposio de Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM) que se celebra en Senegal hasta el 12 de octubre.

Tres obispos, en nombre de todo el episcopado africano, afirmaron: «Reconocemos estas faltas graves y nos ponemos de rodillas para pedir perdón».

«Estos pecados exigen hoy, una vez perdonados, que la Iglesia católica, por la que respondemos en África, ponga diez veces más de ardor para corregir la mentalidad desviada que ha surgido de estos hechos y que los permitieron», añadieron los prelados en la ceremonia, que tuvo lugar este domingo.

El acto se celebró en la «Casa de los esclavos» en la Isla de Gorée, lugar simbólico en que tenía lugar la trata de seres humanos que fueron enviados a trabajar a América y fue seguido por un Vía Crucis y una celebración eucarística. El 22 de febrero de 1992 Juan Pablo II había visitado este lugar.

La reunión del SECAM, en la que participan 150 obispos y cardenales africanos, venidos a Dakar, tenía entre otros objetivos dar un impulso al trabajo de «purificación de la memoria», términos utilizados por monseñor Laurent Monsengwo Pasinya, arzobispo de Kisangani y presidente del Simposio episcopal.

En este contexto, el sábado se publicó un informe elaborado por el secretario general de la conferencia episcopal regional para África Occidental Francófona (CERAO), el padre Barthélémy Adoukonou, en el que se constatan las culpas de los africanos en su propia esclavitud.

El teólogo de Benín, en su informe de quince páginas, afirma que la esclavitud tuvo lugar gracias a la complicidad de algunos africanos de color.

«La trata de negros es uno de los actos más odiosos, o quizá el más odioso de la historia humana, ya sea por sus dimensiones, ya sea por los desastres humanos que provocó o por las mentalidades y comportamientos que la permitieron. Entre estas mentalidades y comportamientos, nosotros, por nuestra parte, incluimos en primer lugar las mentalidades y comportamientos de nosotros mismos, negros», afirma.

La «trata», concluye, «no hubiera tenido lugar y no se perpetuaría bajo formas tan nocivas como ocultas si no tuviéramos la responsabilidad que tenemos».

«Hay africanos que han vendido a sus hermanos», aclara monseñor Théodore-Adrien Sarr, arzobispo de Dakar, en declaraciones concedidas el lunes a la prensa.

Era necesario este trabajo de afirmación de la verdad para que «los africanos salgan de una especie de “autoinferiorización” y tomen por las riendas el futuro de África», concluye.