Los obispos de América Latina preocupados por la fragilidad de la democracia

Mensaje final de la Asamblea ordinaria del CELAM.

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CARACAS, 20 mayo 2001 (ZENIT.org).- Las preocupaciones por la fragilidad de la economía y las democracias latinoamericanas en tiempos de globalización, han sido analizadas por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) que congregó a obispos de 22 naciones en su última asamblea celebrada del 15 al 18 de mayo de 2001.



«Los efectos de una globalización económica descontrolada y el creciente endeudamiento externo e interno, generan cargas que han aumentado enormemente la pobreza», denuncian.

En este contexto, los prelados renovaron su «empeño en una "movilización por la vida" que conduzca a una "cultura de la vida"».

«Queremos llegar a las nuevas pobrezas --añaden--, que afectan a menudo a ambiente y grupos no carentes de recursos económicos, pero expuestos a la desesperación del sin sentido, a la insidia de la droga, al abandono en la edad avanzada o en la enfermedad, a la marginación o a la discriminación social».

Citando a Juan Pablo II, los obispos de América Latina concluyen afirmadno que ha llegado «la hora de una nueva imaginación de la caridad, que promueva no tanto y no sólo la eficacia de las ayudas prestadas sino la capacidad de hacerse cercanos y solidarios con quien sufre».

Ofrecemos a continuación el mensaje final de la XXDVIII Asamblea Ordinaria del CELAM.

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Hemos concluido la XXVIII Asamblea del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), celebrada en Caracas del 15 al 18 de mayo de 2001. Agradecemos la hospitalidad fraterna del señor Cardenal Ignacio Antonio Velasco Garcüia, S.D.B., Arzobispo de esta Iglesia Particular y de la Conferencia Episcopal Venezolana. Nos hemos reunido los Presidentes y Delegados de las Conferencias Episcopales de América Latina y el Caribe. Nos acompañaron la Hermana Carmen Margarita Fagot, RSCJ, Presidente de la Confederación Latinoamericana de Religiosos CLAR y el Sr.Nuncio de su Santidad en Venezuela. Inauguró nuestra Asamblea el Prefecto de la Congregación para los Obispos y Presidente de la Ponificia Comisión para América Latina, Su Eminencia el Cardenal Giovanni Battista Re quien estuvo acompañado por el Obispo Vicepresidente de dicha Comisión, Mons. Cipriano Calderón. Contamos además con la presencia de la Acción Episcopal de Alemania Adveniat representada en su Obispo Presidente y su Director.

Llenos de esperanza en el señor Jesús Resucitado, que nos invita, a través del Papa Juan Pablo II, a ´remar mar adentro´ en las aguas procelosas del siglo XXI, queremos compartir algunas vivencias de estos días. Nuestro Plan Global ´El Encuentro con Jesucristo Vivo en el horizonte del Tercer Milenio´ que encontró su inspiración en el Sínodo de América, se ha visto enriquecido por la Carta Apostólica Novo Milennio Ineunte.

Los relatos de la pesca milagrosa (cf. Lc. 5, 1-11; Jn 21,1-17) y de la conducción de las ovejas (cf.Jn 10, 1-17), nos interpelan y nos colocan ante Jesucristo Vivo, y frente a nuestros hermanos y hermanas de América Latina a quienes estamos llamados a servir en esta coyuntura histórica en la que vivimos.

1. «Mar adentro»
Nuestra América Latina ha iniciado el Nuevo Milenio con unas características preocupantes comenzando por la fragilidad y vulnerabilidad de las economías. Los precios de las materias primas exportadas por la región han decaído notablemente. Los efectos de una globalización económica descontrolada y el creciente endeudamiento externo e interno, generan cargas que han aumentado enormemente la pobreza.

No han faltado destracias naturales como los huracanes George y Mitch, las inundaciones y derrumbes en Venezuela y los terremotos recientes en El Salvador con secuelas de muerte, dolor, desolación, desplazamientos y mayor empobrecimiento.

Se ha agravado la llamada ´precariedad laboral´, el crecimiento sostenido de las tasas de desempleo abierto, el crecimiento del empleo informal, el aumento del trabajo infantil, la problemática de la seguridad social con sus consecuencias de conflictividad socio-laboral.
Nuestras democracias son aún muy frágiles: en algunos lugares se discute la auténtica representatividad, la justicia es aún sumamente imperfecta, así como la fundamentación en los auténticos valores. Observamos en algunos de nuestros países crisis de gobernabilidad. Se echa de menos el liderazgo de políticos que promuevan el bien común.

La violencia ciudadana tiene diversos rostros que van desde el robo, las pandillas juveniles, el asalto, los homicidios, el secuestro y todo el crimen organizado alrededor de la droga, se agrava la violencia doméstica contra las mujeres y los niños. Todo esto incide de manera grave en la familia, en los desplazamientos forzados al interior de los países y en las migraciones a niel internacional. A esto debe añadirse la grave problemática generada en el campo de la reproducción y la preservación de la vida por cuantos se valen de las nuevas potencialidades de la ciencia, especialmente en el terreno de las biotecnologías ´ignorando las exigencias fundamentales de la ética, apelando tal vez a una discutible solidaridad que acaba por discriminar entre vida y vida, con el desprecio de la dignidad propia de cada ser humano´ (NMI,51).

2. «Es el Señor»
La experiencia del encuentro con Jesucristo Vivo y la centralidad de la renovación pastoral en su Persona, han sido pautas fundamentales en las múltiples iniciativas que se realizaron en nuestras iglesias con motivo del Gran Jubileo. Este no ha sido solamente una ´memoria del pasado´, sino también un compromiso con el presente y ´profecía del futuro´. Con Juan Pablo II queremos ahora marcar el inicio de un Nuevo Milenio de Evangelización en nuestros países. Queremos tomar conciencia de que con él ´se abre para la Iglesia una nueva etapa de su camino´ y que ´es el momento de que cada Iglesia... analice su fervor y recupere un nuevo impulso para su compromiso espiritual y pastoral´ (cf. NMI, 1 y 3).

En la Pascua del año pasado se cumplieron 500 años de la llegada del Evangelio al Brasil. El testimonio de fe del pueblo brasileño y de sus intuiciones y realizaciones pastorales han enriquecido grandemente el caminar de las Iglesias también en toda América Latina.
No ha pasado desapercibido el hecho del número tan importante de Cardenales que el Santo Padre se ha dignado escoger de entre las Iglesias de América Latina en el reciente Consistorio, varios pertenecientes directamente a nuestro Consejo, habiendo recibido las insignias de su servicio eclesial en el primer Consistorio del Tercer Milenio. Es esta una señal inequívoca del amor, de la confianza y de la importancia que el Pastor Universal deposita en las Iglesias de América Latina. Es una distinción que se convierte en una enorme responsabilidad no sólo al interior de nuestras naciones, y del Continente, sino que debe abrirse también a la misión ´ad gentes´ desde estas tierras nuevas con vocación y misión de esperanza.

Hemos examinado el avance del proyecto ´Globalización y Nueva Evangelización´ que pretende, con la ayuda de un grupo interdisciplinar de expertos, colaborar en el discernimiento pastoral de dicho fenómeno de la globalización, el cual como cualquier otro producto humano, debe estar al servicio de la dignidad de todos, hombres y mujeres, y al servicio de la solidaridad y del bien común.

En el contexto de nuestra Asamblea, hemos tenido la alegría de celebrar los 40 años de la Acción Episcopal Adveniat, organismo de ayuda de la Conferencia Episcopal de Alemania a nuestras Iglesias. Durante cuatro décadas, Adveniat ha sido para nuestras comunidades, apoyo oportuno y generoso, que nos ha permitido crecer y madurar nuestra acción pastoral. Agradecemos en nombre de todos, a los hermanos católicos de Alemania y pedimos al Señor que recompense su solidaridad fraterna que es para nosotros expresión de comunión auténtica y constructiva.

3. «En el rebaño del Buen Pastor»
Jesús ha venido para que todos tengamos vida abundante; es el Pastor que da la vida por sus ovejas (cf. Jn 10,10-11).

En nombre de Jesús queremos renovar nuestro empeño en una ´movilización por la vida´ que conduzca a una ´cultura de la vida´.

Renovamos nuestro compromiso ´en la defensa del respeto a la vida de cada ser humano desde la concepción hasta su ocaso natural´. (NMI 51). Nuestra opción por la persona humana y por la vida se ha de convertir necesariamente en servicio a la familia, a la cultura y a la política, a fin de lograr el respeto y promoción de los ´principios fundamentales, de los que depende el destino del ser humano y el fturo de la civilización´. (NMI ibid).

Nuestra Asamblea ha sido una experiencia de comunión. Fieles al llamado del Santo Padre comprendemos que nuestro servicio PASTORAL ha de estar orientado a lograr que cada una de nuestras comunidades diocesanas, parroquiales y familiares sean una auténtica ´casa y escuela de la comunión´ (NMI 43). Esto requiere promover una ´espiritualidad de la comunión´, para proponerla ´como principio educativo en todos los lugares donde se forma el hombre y el cristiano´ (NMI ibid). Es el camino para renovar el tejido eclesial y, desde allí, reconstruir el tejido social de cada uno de nuestros países.

Nuestra Asamblea ha sido un encuentro de hermanos. Hemos estado en la ´casa´ de la comunión orando y trabajando con la presencia de los Presidentes y Delegados de cada una de las Conferencias Episcopales. Una vez más, esta experiencia nos ha permitido reconocer las riquezas comunes que la fe ha dejado en nosotros y en nuestros pueblos.

Desde esta ´escuela´ queremos acompañar a nuestros países y nuestro Continente por los caminos de la solidaridad. Queremos llegar a ´las nuevas pobrezas, que afectan a menudo a ambiente y grupos no carentes de recursos económicos, pero expuestos a la desesperación del sin sentido, a la insidia de la droga, al abandono en la edad avanzada o en la enfermedad, a la marginación o a la discriminación social´. (NMI, 50). Hacemos nuestra la recomendación del Santo Padre: ´Es la hora de una nueva imaginación de la caridad, que promueva no tanto y no sólo la eficacia de las ayudas prestadas sino la capacidad de hacerse cercanos y solidarios con quien sufre, para que el gesto de ayuda sea sentido no como limosna humillante, sino como compartir fraterno. Por eso tenemos que actuar de tal manera que los pobres, en cada comunidad cristiana, se sientan como en cu casa´ (NMI Ibid).

Nuestra Asamblea agradece a la Iglesia en Venezuela, y en particular a la Conferencia Episcopal Venezolana encabezada por su Presidente Mons. Baltasar Porras Cardozo por la fraterna y cálida atención que nos han brindado en estos días.

Al mismo tiempo expresa su solidaridad y cercanía en el camino del Concilio Plenario y en sus esfuerzos para contribuir al fortalecimiento de la convivencia democrática de todos los venezolanos en un clima de diálogo y de verdad, en justicia, libertad y sano pluralismo.
Nos comprometemos a mantenernos atentos y solidarios con su caminar en medio de las dificultades con la esperanza puesta en la victoria pascual del Señor.

4. «Confiando en tu Palabra»
El pasado mes de octubre, los Obispos de todo el mundo celebramos nuestro Jubileo en comunión con el Santo Padre inspirados en el tema del próximo Sínodo: ´El Obispo servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo´.

En este inicio de siglo y de milenio queremos anunciar, celebrar y promover, como el Señor Jesús, el Reino del Padre en la esperanza. Aferrados a la esperanza segura y firme como un ancla (cf. Heb. 6,18ss), renovamos nuestro deseo de guiar a nuestros pueblos con confianza, en el espíritu del servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo. Concluimos nuestra Asamblea invocando a la Virgen María de Guadalupe, Patrona de América, quien es la Madre de Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida, y la Madre de la esperanza y garantía de un futuro de justicia, libertad, fraternidad y paz.

Caracas, 18 de mayo de 2001 en el octogésimo primr cumpleaños de Su Santidad Juan Pablo II por quien elevamos nuestras fervientes oraciones y felicitaciones.