Los obispos españoles advierten contra la selección embrionaria para curar

Ante la creación del primer “bebé-medicamento” en España

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MADRID, viernes 17 de octubre de 2008 (ZENIT.org).- La Conferencia Episcopal Española ha emitido hoy una nota en la que aclara la posición de la Iglesia ante el uso de “bebés-medicamento”, tras el primer caso registrado en España, y advierten que es lícito buscar curar las enfermedades, pero sin que ello suponga “matar a nadie”.

Los obispos responden así a la publicidad generada por el primer caso de un bebé nacido en España por fecundación in-vitro, seleccionado genéticamente para que no contraiga la enfermedad beta-talasemia major, y utilizar su cordón umbilical para curar a un hermano mayor, que sí padece esta enfermedad.

Esta técnica, constata la nota aclaratoria, tiene “implicaciones morales que no han sido señaladas estos días por algunos medios de comunicación social”.

“Se ha puesto el énfasis en la feliz noticia del nacimiento de un niño y en la posibilidad de la curación de la enfermedad de su hermano. Expresada así, la noticia supone un motivo de alegría para todos. Sin embargo, se ha silenciado el hecho dramático de la eliminación de los embriones enfermos y eventualmente de aquellos que, estando sanos, no eran compatibles genéticamente”, advierten.

En este caso, el nacimiento “ha venido acompañada de la destrucción de otras personas, sus propios hermanos, a los que se les ha privado del derecho fundamental a la vida”.

A estos embriones destruidos, explican los obispos, se les ha “deshechado por no ser útiles desde la perspectiva técnica, violando así su dignidad y el respeto absoluto que toda persona merece en sí misma, al margen de cualquier consideración utilitarista”.

Además, “el hermano que finalmente ha nacido ha sido escogido por ser el más útil para una posible curación. Se ha conculcado de esta manera su derecho a ser amado como un fin en sí mismo y a no ser tratado como medio instrumental de utilidad técnica”.

“Hay que curar a los enfermos, pero sin eliminar nunca para ello a nadie. La compasión bien entendida comienza por respetar los derechos de todos, en particular, la vida de todos los hijos, sanos y enfermos”, explican.

Los obispos aclaran que la nota “no juzga la conciencia ni las intenciones de nadie”, pero, recordando las orientaciones sobre la reproducción humana artificial publicadas por la CEE en 2006, advierten que “los planteamientos emotivos encaminados a justificar estas prácticas son inaceptables”.

“El hecho feliz del nacimiento de un bebé sano no puede justificar la instrumentalización a la que ha sido sometido y no basta para presentar como progreso la práctica eugenésica que ha supuesto la destrucción de sus hermanos generados in vitro”.

[Por Inma Ávarez]