Los obispos se oponen a programa de trabajadores temporales en Estados Unidos

«Puede crear una subclase laboral con personas fácilmente explotables»

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WASHINGTON, miércoles, 23 mayo 2007 (ZENIT.org).- Los obispos estadounidenses expresaron el martes su «firme oposición» a un proyecto de inmigración que se debate en el Senado, en el que se incluye un programa de hasta 400.000 trabajadores temporales por año.



«No se da a los trabajadores la opción de residencia permanente --dijo monseñor Thomas G. Wenski, obispo de Orlando, Florida--. Esto puede crear una subclase laboral con personas fácilmente explotables y sin derechos ni privilegios plenos en nuestra sociedad».

Monseñor Wenski, presidente de la Comisión de Migración de la Conferencia Episcopal, habló en nombre del organismo eclesial, en una audiencia ante el Subcomité de Inmigración y Ciudadanía de la Cámara de Representantes, la primera desde que se logró el acuerdo la semana pasada entre republicanos y demócratas para iniciar un nuevo debate sobre reforma migratoria.

La audiencia convocó a 16 deponentes, mayoritariamente de grupos religiosos y activistas de derechos de los inmigrantes.

La Iglesia católica, que con frecuencia ha dado refugio a inmigrantes amenazados por la deportación, «tiene reservas» acerca de la obligación que tendrán los trabajadores temporales con la nueva ley para retornar a sus países de origen por un año tras dos años de permanencia en Estados Unidos, dijo monseñor Wenski.

«Esto puede tener como resultado la decisión de algunos de ellos de quedarse ilegalmente», agregó.

Señaló que los aspectos relacionados con la legalización de los inmigrantes a través de la llamada «visa Z», los indocumentados que se acojan no podrán solicitar la venida de sus familiares inmediatos que viven fuera de Estados Unidos hasta que obtengan la residencia permanente.

Esa espera «puede durar entre 8 y 13 años y posiblemente más», dijo. También señaló que otra preocupación es que la «visa Z» obliga a sus beneficiarios a retornar a su país de origen para finalmente pedir la residencia permanente.

«Se trata de un requisito que puede implicar una carga innecesaria en los solicitantes que no puedan retornar o que no desean enfrentarse al terror de no ser aceptados de regreso --dijo monseñor Wenski--. Esto “enfriaría” la participación en el programa, lo cual llevaría al fracaso el propio programa».

La Conferencia Episcopal se ha pronunciado en reiteradas ocasiones sobre la reforma migratoria y monseñor Wenski recordó que la Iglesia católica desea leyes que den a los trabajadores inmigrantes y a sus familias la posibilidad de residencia permanente.

Igualmente, el episcopado ha pedido que se establezca un nuevo programa de trabajadores temporales con posibilidad de residencia; que se asegure la unión de la familia en un tiempo razonable y se den políticas que encaren las raíces de las causas de la migración, como la falta de desarrollo económico en los países de donde provienen los inmigrantes.