Los Oblatos de María Inmaculada confirman a su superior general

4.440 misioneros esparcidos por los cinco continentes

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ROMA, jueves, 16 septiembre 2004 (ZENIT.org).- La congregación misionera de los Oblatos de María Inmaculada ha confirmado por un segundo mandato al sacerdote alemán Wilhelm Steckling, de 57 años.



Con 4.440 miembros (580 en formación) esparcidos por setenta naciones, los Oblatos de María Inmaculada fueron fundados en 1816 por el santo francés Eugenio de Mazenod.

El padre Steckling nació el 23 de abril de 1947 a Verl en el Estado Federado de Renania-Westfalia y la diócesis de Paderborn, en Alemania.

Ordenado sacerdote el 20 de julio de 1974, ejerció su primer ministerio entre los campesinos guaraníes de la provincia de los Oblatos en Paraguay, en la parroquia de Independencia, en la diócesis de Villarrica. Luego trabajó en Asunción como formador, en particular, en el prenoviciado, establecido en un barrio popular.

En 1986, y luego de nuevo en 1989, fue elegido provincial de la viceprovincia del Pilcomayo. Acababa de terminar su mandato y reanudar su trabajo en el prenoviciado cuando, en el Capítulo general de 1992, fue elegido como segundo asistente general de la congregación

En 1998 fue elegido como el decimosegundo superior general de la Congregación, sucediendo así al padre Marcello Zago, que pasó a ser secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y elegido por el Papa arzobispo.

El Papa Pío XI definió a los oblatos como «especialistas en misiones difíciles».

En declaraciones a «Radio Vaticano», el padre Steckling explica que, si bien los oblatos mantienen su presencia en medio de poblaciones indígenas alejadas, como por ejemplo en el Norte de Canadá, «hoy hay una nueva frontera, quizá la más difícil: la del diálogo interreligioso».

Se trata, aclara, «ser misioneros en países musulmanes, a veces en países caracterizados por conflictos armados, como en el sur de Filipinas», añade.

«Otra frontera es el este europeo», añade. «Han nacido nuevas fundaciones en Bielorrusia, en Rumanía, y en el resto del mundo ex comunista».

«Creo que las fronteras de la misión son siempre exigentes. Hay mucho que hacer. Yo digo siempre: un misionero nunca se quedará sin trabajo», afirma.

El próximo año los Oblatos de María Inmaculada celebrarán los diez años de la canonización de san Eugenio de Mazenod, obispo de Marsella, quien «prestó en primer lugar atención a los jóvenes», recuerda su sucesor.

En la congregación, añade, «se da un nuevo empuje de la pastoral juvenil y del servicio a las pobrezas que se encuentran entre sí».

«Por ejemplo, trabajamos con los enfermos de África del Sur. Esto también es evangelizar a los pobres», concluye.

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