Los Pasionistas, «testigos del crucificado» en la era cibernética

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CASTEL GANDOLFO, 25 agosto (ZENIT.org).- «Amar allá donde es más difícil», «donde hay más necesidad de amor». Este es el difícil objetivo pero esencialmente cristiano que ha planteado Juan Pablo II a los Padres Pasionistas para que continúen con la labor que vienen realizando desde hace casi tres siglos.



La ocasión para formular este objetivo se la ofreció al pontífice el capitulo general de la congregación religiosa que tiene lugar hasta el 14 de septiembre en la ciudad brasileña de Itaici (cerca de Sao Paulo). Una auténtica novedad, pues las anteriores asambleas de la familia religiosa fundada por San Pablo de la Cruz se habían celebrado siempre en Roma, en la antigua casa generalicia de los santos Juan y Pablo en el monte Celio.

Otra de las novedades de este capítulo general es el hecho de que por primera vez los 2.500 Pasionistas del mundo podrán seguirlo y participar por Internet.

El Papa ha considera que la elección de un país, marcado por la pobreza y la injusticia, es significativa, pues testimonia de manera concreta la cercanía de los Pasionistas con la humanidad que sufre.

Este capítulo general, que tiene lugar durante el año santo, recuerda también los orígenes de la congregación, que surgió durante otro Jubileo, el de 1725: un motivo, según el Santo Padre, para que los Pasionistas vean este tiempo como una importante etapa de «renovada entrega» a la Iglesia.

Juan Pablo II subraya, a continuación, el carácter específico de su carisma, que invita a enseñar a los fieles a contemplar y a hacer memoria de la Pasión de Cristo. Los Pasionistas, para el Papa, son «maestros de oración y especiales testigos del crucificado», una misión que estos religiosos realizan gracias sobre todo a las así llamadas «misiones populares» y al silencio contemplativo de sus casas religiosas, llamadas significativamente desde los inicios «retiros».