Los primeros santos de Francisco con dos latinoamericanas

Lupita y Laura "dieron el testimonio de la caridad, sin el cual incluso el martirio y la misión pierden su sabor cristiano"

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) H. Sergio Mora | 1619 hits

El papa Francisco en su primera ceremonia de canonización, realizada en este día de primavera, elevó a la honra de los altares a 802 santos de una sola vez.

Los dos latinoamericanos son: la colombiana Laura Montoya y Upegui, fundadora de la congregación religiosa de las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena; y la mexicana Maria Guadalupe García Zabala, cofundadora de la congregación de las Siervas de Santa Margarita María y de los pobres.

Las dos nuevas canonizadas, madre Laura y madre Lupita, como eran llamadas popularmente, fueron coreadas por algunos miles de colombianos y mexicanos presentes en la plaza como santa Laura y santa Lupita.

El número inusual de canonizados se debe a los 800 mártires de Otranto, decapitados en Italia del sur, quienes prefirieron morir a renegar a su fe con las palabras: “Creemos en Jesucristo Hijo de Dios, en el cual fuimos salvados Preferimos mil veces morir a renegarlo y volvernos musulmanes”.

Las canonizaciones de hoy fueron aprobada por Benedicto XVI el 28 de febrero pasado, pocos instantes antes de anunciar su renuncia, y es la primera realizada por el nuevo pontífice.

“Saludo a todos los que habéis venido a esta fiesta, de Italia, Colombia, México y desde otros países, y os doy las gracias”, dijo el papa en su homilía, que cuando habló de las nuevas santas latinoamericanas no hizo en español.

“Miremos a los nuevos santos a la luz de la palabra de Dios que hemos proclamado. Una palabra que nos invita a la fidelidad a Cristo, incluso hasta el martirio; nos ha llamado a la urgencia y la hermosura de llevar a Cristo y su Evangelio a todos; y nos ha hablado del testimonio de la caridad, sin el cual, incluso el martirio y la misión, pierden su sabor cristiano” dijo.

Y recordando a los mártires italianos pidió oraciones para que “Dios que sostenga a tantos cristianos que, precisamente en estos tiempos y en tantas partes del mundo, todavía sufren violencia, y les dé el valor para ser fieles y para responder al mal con el bien”.

El papa al referirse a a la “primera santa nacida en la hermosa tierra colombiana” recordó que ella enseñó “a no vivir la fe solitariamente, como si fuera posible vivir la fe aisladamente” sino a “comunicarla, a irradiar la alegría del Evangelio con la palabra y el testimonio de vida allá donde nos encontremos” Y a “ver el rostro de Jesús reflejado en el otro, a vencer la indiferencia y el individualismo, que corroe la comunidad de cristianos y nuestro propio corazón y a acoger a todos sin prejuicios ni reticencias” compartiendo con ellos lo más valioso que tenemos “que no son nuestras obras ni organizaciones, ¡lo más valioso que tenemos es Cristo y su Evangelio!

Y sobre santa Lupita recordó: “Ella renunció a una vida cómoda, cuanto daño nos hace la vida cómoda, el bienestar, el aburguesamiento del corazón nos paraliza”. Y precisó que cuando ella se arrodillaba en el suelo del hospital ante los enfermos y los abandonados para servirles con ternura y compasión “¡Esto se llama tocar la carne de Cristo. Los pobres y los abandonados, los enfermos, los marginados son la carne de Cristo. Y la madre Lupita tocaba la carne de Cristo y nos enseñaba esta conducta: no avergonzarnos, no tener miedo ni repugnancia a tocar la carne de Cristo!

Estuvieron presentes a la ceremonia el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos; el ministro de Justicia de Italia, Anna María Cancellieri; y el director de asuntos religiosos de México, Roberto Herrera Mena.  

Fue también impresionante el largo giro que el papa Francisco hizo en la plaza entre la gente, de aproximadamente una hora, llegando algunas cuadras adentro por la Vía de la Concicliación, saludando en particular a los niños y enfermos.