Los que son y los que estarán (III)

Composición del próximo Cónclave

Roma, (Zenit.org) José Antonio Varela Vidal | 2249 hits

Hoy ha cumplido años el cardenal más anciano del próximo Cónclave, esto es, el alemán Walter Kasper, presidente emérito del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Cumplirlos después de que se declaró la Sede Vacante no lo excluye de la votación del próximo papa, así es que sigue en pie el número de 115 purpurados los que tendrán el privilegio de elegir al sucesor de Benedicto XVI.

Lo que sí se viene hablando mucho en las últimas horas, es sobre la edad de quienes entrarán a la Capilla Sixtina. Del número oficial, 70 cardenales tienen setenta años o más, mientras que 45 de ellos tienen menos de esta edad "límite".

Todo tiene un límite

Los analistas y diversos fieles con experiencia en varios papados vienen diciendo que para todo hay límites... Un pontificado largo --como el de Juan Pablo II de casi 27 años--, deja huella y transforma, pero mejor sería que no acabase tan enfermo. A otros les ha parecido que muy corto --como el de Benedicto XVI con menos de ocho--, termina siendo insuficiente.

¿Entonces cuál es término justo? Si pensamos que a un obispo no lo nombran con menos de 45 años, y que debe retirarse a los 75, el tiempo promedio que puede ejercer su ministerio sería de treinta años. Esto vale, así lo haga localmente o en un puesto de la curia romana, incluidas las nunciaturas.

Pero ser pontífice --u obispo de Roma--, no es lo mismo porque hay más desgaste. Ser el vicario de Cristo es un encargo sin vacaciones, ni auxiliares o vicarios pontificios; y todo lo que concierne a lo estratégico y reservado del papado recae solo en él.

Aún hay más. Nadie puede dar enseñanzas o bendecir en su nombre, ni recibir en audiencias a medio mundo, y tampoco viajar en su representación a lugares donde solo esperan a alguien de su investidura. Esto sin contar la sobreexposición mediática, la escucha aislada de los problemas mundiales o la plena atención al desenvolvimiento que tiene la Iglesia a nivel universal.

Ya aquí tenemos una primera cifra: un papado bien llevado, con todas las energías y sentidos puestos en ello --Benedicto XVI demostró que no hay otra forma--, debería durar un máximo de veinticinco años...

Siendo así, los cardenales electores y elegibles que podrían trabajar a este ritmo y acabar su pontificado por decisión propia a cierta edad, sino es por muerte natural como anciano, son tan solo 45.

Los que quedan

En continuación con esta lógica pastoral y de caridad humana, a los cardenales que se les podría encargar el timón de la barca de Pedro, serían aquellos con menos de setenta años después del Cónclave.

Conforman este exclusivo grupo los que vienen ejerciendo su labor pastoral en medio de la gente en sus respectivas diócesis, así como quienes tienen altas responsabilidades en la curia romana del Vaticano.

En este grupo ubicamos a los italianos Angelo Bagnasco, Crescenzio Sepe, Giuseppe Betori, Angelo Comastri, y a los curiales Domenico Calcagno, Giuseppe Versaldi, Mauro Piacenza y Fernando Filoni.

Otro grupo que llega en número son los estadounidenses Sean O'Malley, Daniel Dinardo,Timothy Dolan, James Harvey y el curial Raymond Leo Burke. Asimismo, los franceses Jean-Pierre Ricard, Philippe Barbarin y Jean-Louis Tauran (curial).

Luego se harán notar los indios Oswald Gracias, George Alencherry y Baselios Cleemis Thottunkal.

Llegan también las duplas de los polacos Kazimierz Nycz y el hombre de curia Stanisław Rylko; los brasileños Odilo Scherer y el curial João Braz de Aviz; los canadienses Thomas Collins y Marc Ouellet (curial); así como los alemanes Reinhard Marx y Rainer Maria Woelki.

Junto a ellos, "corren" solos por América Latina, el argentino curial Leonardo Sandri, el peruano Juan Luis Cipriani y el mexicano Francisco Robles Ortega.

Representarán a los asiáticos el esrilanqués Albert Ranjith y el filipino Luis Antonio Tagle. Y por África llegan los hombres de curia, el ganés Peter Turkson y el guineano Robert Sarah; completan el grupo el keniano John Njue, el tanzano Polycarp Pengo y el nigeriano John Onaiyekan.

Europa tendría otras opciones con el checo Dominik Duka, el austriaco Christoph Schönborn, el bosnioherzegovino VinkoPuljic y el croata Josip Bozanic. Se añaden a ellos el húngaro Péter Erdo, el holandés Willem Eijk, y los curiales, el español Antonio Cañizares y el suizo Kurt Koch.

Hacia un perfil

Finalmente, todos hablan y escriben del tipo de papa que debería ser elegido, aunque otros duermen tranquilos porque tienen la seguridad de que el Espíritu Santo ya eligió al sucesor de Pedro. Hay quienes aceptan esto, pero se temen por los que bloqueen su acción...

Pero entre lo que se viene escuchando, se debe dar como obvio que sea uno bueno, acogedor, peregrino, alegre, pastor, orante, profeta y políglota. Esto porque si no tiene al menos las cualidades del Buen Pastor, los católicos están fritos.

Según se ve, hay tres cosas que son importantes. Una es que --como hemos mencionado antes--, tenga las fuerzas físicas y mentales íntegras al menos mientras dure su mandato.

¿Y una mano dura para "limpiar" las cosas y "unir" a los sectores? Como debe ser, claro que sí; pero si fuera con caridad y premura aún mejor.

La otra sería, a nuestro parecer, que lleve adelante una nueva evangelización "integral", donde esté incluido un sobrio estilo de vida en todos --consagrados y fieles--; predicación inculturada a tiempo y a destiempo (nadie está exento); denuncia profética de las estructuras injustas a nivel mundial, y que sea capaz de contraponer con argumentos a los ideólogos de la llamada "dictadura del relativismo".

¿Y usted qué opina..., qué tipo de papa sería el mejor?

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Las anteriores entregas de este artículo:

Parte 1: www.zenit.org/es/articles/los-que-son-y-los-que-estaran-i

Parte 2: www.zenit.org/es/articles/los-que-son-y-los-que-estaran-ii