Los scouts, don para la Iglesia y el mundo; según el Papa

Mensaje a la unión internacional de guías y scouts de Europa

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CASTEL GANDOLFO, 19 agosto 2003 (ZENIT.org).- Juan Pablo II está convencido de que los grupos scouts constituyen un don para la Iglesia y para la fraternidad en el mundo, según reconoce en un mensaje dirigido a la Unión internacional de guías y scouts de Europa.



La misiva del Papa fue leída en el VI Encuentro (jamboree) de esa institución, celebrado en Polonia, del 1 al 12 de agosto, con la participación de ocho mil participantes entre guías y scouts católicos, procedentes de veinte naciones.

Todos ellos peregrinaron el día 7 al santuario de Czestochowa, donde asistieron a la celebración eucarística, presidida por el cardenal Jozef Glemp.

Según dice el Santo Padre en su mensaje, «la experiencia escultista, itinerario privilegiado de crecimiento espiritual, es un camino de gran valor para permitir la educación integral de la persona».

En particular, aclara, «ayuda a superar la tentación de la indiferencia y del egoísmo, para abrirse al prójimo y a la sociedad. Puede favorecer eficazmente la acogida de las exigencias de la vocación cristiana: ser "sal de la tierra y luz del mundo"».

Por este motivo, el Papa invita a los guías y scouts «a ser fieles a la rica tradición del movimiento escultista, comprometido con la formación en el diálogo, en el sentido de la justicia, en la lealtad y en la fraternidad en las relaciones sociales».

«Este estilo de vida puede ser vuestra contribución original a la realización de una fraternidad mayor y más auténtica entre los pueblos de Europa, una aportación valiosa a la vida de las sociedades en las que vivís», afirma.

«Sois un don valioso no sólo para la Iglesia, sino también para la Europa nueva que veis construirse ante vuestros ojos», dice el Santo Padre a los jóvenes guías y scouts.

«Estáis llamados a participar, con todo el ardor de vuestra juventud, en la construcción de la Europa de los pueblos, para que a todo hombre se le reconozca su dignidad de hijo amado por Dios y para que se construya una sociedad fundada en la solidaridad y en la caridad fraterna», concluye.

Por último, el obispo de Roma constata que el cumplimiento de esta misión de los scouts «requiere ante todo que cultivéis una auténtica vida de oración, alimentada por los sacramentos, especialmente por la Eucaristía y la Reconciliación».