Los secretos del códice del «Apocalipsis»

Entrevista a Carles Rivas sobre el manuscrito medieval

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SEO DE URGEL, miércoles, 30 agosto 2006 (ZENIT.org).- En las montañas que separan Francia de España un sacerdote ha impartido durante estos días un curso sobre el comentario al libro del «Apocalipsis» conocido como «El Beato de la Seo de Urgel».



Carles Rivas Marra, sacerdote y delegado de medios de comunicación del obispado de Urgel, ha comentado este manuscrito en unas jornadas culturales organizadas por el Seminario del Pueblo de Dios.

Zenit le ha entrevistado para conocer mejor este tesoro bibliográfico medieval que contiene miniaturas ilustradas de gran valor artístico y para entender mejor las revelaciones de Juan en el Apocalipsis, a las que Benedicto XVI dedicó su catequesis del 23 de agosto.

--¿Cuál es la importancia de este códice del «Apocalipsis» que tienen en la Seo de Urgel?

--Rivas: Para los bibliófilos se trata de un tesoro de precio incalculable. Para los amante del arte es una expresión que perdura de la gran riqueza del desconocido arte visigótico, 400 años antes del arte románico.

Para los curiosos, es el descubrimiento de imágenes cautivadoras que conservan sus colores vivos después de mil años. Para los hombres de fe, es un gran ejemplo de la riqueza expresiva y sugerente que la Palabra de Dios contiene para la vida de los cristianos, y concretamente el «Apocalipsis».

--¿Qué contiene este texto?

--Rivas: Antes que nada tenemos que decir que el nombre del códice hace referencia a su autor. El título de hecho es «Comentario al Apocalipsis de San Juan». El autor se llamaba Beato, que es un nombre que hoy se ha perdido --aunque no el femenino, Beatriz--, que vivió en la valle de Liébana. De ahí el Beato de Liébana.

«El Beato» es un libro que comenta otro libro, el «Apocalipsis» de Juan, el último libro de la Biblia. Forma parte de los códices denominados «Beato de Liébana», las copias manuales que se hacían en los escritorios de los antiguos monasterios.

No se han conservado todos los códices. Hoy existen 34, 25 de los cuales quedan más o menos enteros.

--¿Quién era el Beato de Liébana?

--Beato de Liébana fue un monje que vivió en el siglo VIII. Sabemos poco de su vida. A finales del siglo VIII se le denomina abad y reside en el monasterio de San Martín, conocido hoy como el Santo Toribio de Liébana.

--¿Y qué son los códices del Beato de Liébana?

--Rivas: Estos códices son obras de arte muy valoradas internacionalmente, principalmente por la belleza de las miniaturas policromadas. Las miniaturas son ilustraciones de pequeños dibujos a todo color hechos a mano, que acompañan el texto. En ellos el artista muestra su ingenio y su oficio en plasmar las imágenes descritas en el «Apocalipsis» o «Revelación de San Juan». «Apocalipsis», recordemos, recibe este nombre de la palabra griega «apocalipsis», que hace referencia a la acción y efecto de sacar un velo, de desvelar.

Define un tipo de literatura religiosa que tiene como objetivo revelar a los hombres --en este caso a las siete Iglesias de Asia Menor que representan a toda la Iglesia universal-- las cosas que únicamente Dios conoce.

Se refieren a la historia, presente y futura, y al final del mundo. Entre estas imágenes, que se harán famosas con el románico, hay escenas de los cuatro vivientes, los veinticuatro ancianos, el cordero, la nueva Jerusalén…

El termino «apocalipsis» suele usarse para hablar de un acontecimiento catastrófico o de un final temible, pero en realidad el libro bíblico describe un mensaje de esperanza y de felicidad, porque el fin es un fin victorioso.

--¿Cómo es el Beato de Urgel que comenta estas escenas?

--Rivas: El de Urgel contiene 230 folios en pergamino, bastante grueso, incluidas las hojas introductorias con los grabados de la genealogía de Jesús y del mapamundi.

Está escrito en letra minúscula visigótica compuesta en dos columnas y es de finales del siglo X.

Su existencia en Urgel se conoce desde mediados del siglo XII. No conocemos la fecha precisa.

Nuestro códice actualmente conserva 85 miniaturas. Las que corresponden al comentario al «Apocalipsis» de Juan están enmarcadas con una orla. La segunda parte, dedicada al libro de Daniel, es distinta, con figuras pintadas directamente en el pergamino.

--El libro juega con simbolismos numéricos y etimológicos. ¿Nos explica alguno?

--Rivas: Como es típico de este género literario, el libro está lleno de simbolismos que juegan con números y palabras. Se toman simbolismos del mundo animal, como bestias, caballos o saltamontes que simbolizan las diferentes plagas de la historia.

También se usan simbolismos del universo para referirse al oscurecimiento y a la caída de los astros.

Los símbolos numéricos son significativos, puesto que manifiestan la regularidad con la que Dios gobierna la historia. El número 7 es símbolo de plenitud y de alianza. La mitad de siete es tres y medio o sus equivalentes, 42 meses o 1.260 días que significa que el mal no durará para siempre.
La misma estructura del libro es simbólica, articulada concéntricamente en cinco septenarios enmarcados por un prólogo y un epílogo, es decir, que en total el libro está compuesto de siete partes.

--El género apocalíptico no es igual que el de los oráculos paganos. ¿Por qué?

--Rivas: El género apocalíptico sobrepasa el limitado objetivo de los oráculos y apunta hacia la predicación escatológica descubriendo el mundo invisible y anuncia lo que acontecerá más allá de la muerte.

Se trata de un género queridamente oscuro, destinado a ser comprendido sólo por los iniciados.

Este libro fue escrito en un momento histórico en el que la península ibérica vivía persecuciones, y el Beato de Liébana exaltaba la idea de resistencia y coraje.

Recordemos que las autoridades musulmanas perseguían signos cristianos y prohibían muchas de las costumbres religiosas.

Mientras el «Apocalipsis» se refería con sus símbolos de la bestia, el imperio y el dragón y se aplicaban a Roma y a los perseguidores, en este caso la bestia era el emirato o califato, Babilonia era Córdoba, el falso profeta simbolizaba Mahoma, etc.

De todos modos no había ningún sentimiento anti-islámico por parte del beato, quizá también para que el libro pudiera circular libremente sin la censura de los invasores.