Los tribunales eclesiásticos, defensores del matrimonio

Según explica su decano, el obispo Antoni Stankiewicz

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 29 enero 2007 (ZENIT.org).- En tiempos en los que se pone en duda la naturaleza real del matrimonio, los tribunales eclesiásticos, y en particular, el Tribunal de la Rota Romana, tienen el objetivo de defender la verdad sobre la familia, considera el decano de éste último.



Así lo explicó el 27 de enero el obispo polaco de 71 años monseñor Antoni Stankiewicz, en el discurso que dirigió a Benedicto XVI durante la audiencia que el Papa concedió a los jueces, oficiales, abogados y colaboradores de ese Tribunal Apostólico.

«Actualmente --constató-- se pone en discusión de diferentes maneras el carácter único de la fisonomía natural del matrimonio, en el que el hombre y la mujer pueden realizar una auténtica comunión de personas, abierta a la transmisión de la vida, cooperando así con Dios en la procreación de nuevos seres humanos»

En particular, siguió denunciando, «se trata de confundirlo en la vida socio-política y jurídica con otros tipos de uniones basadas en un amor débil o desviado».

Por estas razones, aclaró el prelado, la «primera tarea» del Tribunal de la Rota Romana y del resto de tribunales diocesanos o interdiocesanos «al servicio del amor, será reconocer el pleno valor del matrimonio, respetar de la mejor manera posible su existencia, proteger a quienes ha unido en una sola familia».

«Sólo por motivaciones válidas y con hechos probados se podrá poner en duda su existencia y declarar la nulidad», añadió.

«El primer deber» de los jueces de la Rota, insistió, «es el respeto del hombre que ha dado su palabra, ha expresado el consenso y ha hecho de este modo una entrega total de sí mismo».

Citando un comentario del cardenal Joseph Ratzinger a la exhortación apostólica «Familiaris consortio» de Juan Pablo II, publicado en 1982, concluyó: el matrimonio no es «una imposición extrínseca, sino una exigencia interior del pacto de amor conyugal».