Los voluntarios, «signo de esperanza» para el mundo; según el Papa

La caridad, «la forma más elocuente» de evangelización

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CIUDAD DEL VATICANO, 5 diciembre 2001 (ZENIT.org).- Juan Pablo II considera que los hombres y mujeres voluntarios constituyen «un signo de esperanza» para nuestro tiempo y para los pobres del mundo, en un mensaje escrito al concluir el año internacional dedicado por la ONU al voluntariado.



«Ya sea que trabajéis individualmente o agrupados en asociaciones --afirma el Papa--, representáis para niños, ancianos, enfermos y gente en dificultad, refugiados y perseguidos, un rayo de esperanza, que inunda las tinieblas de la soledad y alienta a vencer la tentación de la violencia y del egoísmo».

El mensaje pontificio fue hecho público por la Sala de Prensa de la Santa Sede este miércoles. Constituye una de las numerosas iniciativas con las que la Iglesia católica se ha sumado a la convocatoria de las Naciones Unidas.

El 1 de diciembre, por ejemplo, concluyó un congreso internacional sobre voluntariado y sanidad, convocado en el Vaticano por el Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud.

En su mensaje, el pontífice alienta a los miembros este «ejército» de paz para que «allí donde emergen situaciones de malestar y de sufrimiento», hagan fructificar «los insospechables recursos de entrega, de bondad, e incluso de heroísmo, que se encuentran en el corazón del hombre».

El voluntariado, sigue diciendo el Papa, como demuestran hombres y mujeres como Maximiliano Kolbe o la madre Teresa de Calcuta, constituye una forma eminente del compromiso del cristiano.

«Por medio del amor a Dios y a los hermanos, el cristianismo libera toda su potencia liberadora y salvífica --constata--. La caridad representa la forma más elocuente de evangelización, pues respondiendo a las necesidades corporales, revela a los hombres el amor de Dios, padre providente, siempre solícito para cada uno»

«No se trata de satisfacer únicamente las necesidades materiales del próximo, como el hambre, la sed, la carencia de casa, las atenciones médicas --explica el obispo de Roma a los voluntarios y voluntarias cristianos--, sino de llevarle a experimentar de manera personal el amor de Dios».

«A través del voluntariado --concluye--, el cristiano se convierte en testigo de este amor divino; lo anuncia y lo hace tangible con intervenciones valientes y proféticas».