Luis Santamaría: “No todo son sombras en la nueva religiosidad”

Entrevista al autor de un libro sobre nueva religiosidad y sectas

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ZAMORA, martes 29 de marzo de 2011 (ZENIT.org).- Este martes se presentó en la ciudad española de Zamora el libro ¿Qué ves en la noche? Religión y sectas en el mundo actual (editorial Vita Brevis). Su autor, Luis Santamaría del Río, es un joven sacerdote de la diócesis de Zamora, donde actualmente es párroco de siete pequeñas comunidades rurales y delegado diocesano de Medios de Comunicación Social. Conoce de cerca el fenómeno de las sectas y de la nueva religiosidad, y en el año 2005 fue uno de los fundadores de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES).

El libro, editado por Internet, es el primero, junto a una obra colectiva sobre el aborto, de la colección lanzada por el portal religioso español InfoCatólica, y reúne más de 60 artículos del autor escritos entre los años 2006 y 2010, en el que analiza diversas cuestiones sobre la actualidad del fenómeno religioso.

- ¿Por qué un libro como éste? ¿Qué aporta al conocimiento de la actualidad religiosa?

Luis Santamaría: No se trata de un estudio sistemático, ni un ensayo, sino una miscelánea de escritos breves y divulgativos. Al hilo de la actualidad, desde hace unos años he escrito con cierta regularidad sobre estos temas, fijándome sobre todo en el fenómeno de las sectas, pero ampliando la mirada a otras cuestiones que considero interesantes sobre las formas de vivir hoy la espiritualidad. Con ese título prestado, tan evocador por su dimensión bíblica, poética y litúrgica, he querido expresar que no todo es oscuridad aquí. Como señalan los Lineamenta del próximo Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización, en algunos lugares asistimos a un “renacimiento religioso”. Eso sí, con sus luces y sus sombras. Ahí están el fundamentalismo que tanto nos preocupa –y que el Occidente secularizado es incapaz de entender–, el neopaganismo y la Nueva Era, la permanencia de las sectas y la constancia del esoterismo y otros fenómenos pararreligiosos.

- Algunos afirman que con la crisis que está viviendo nuestro mundo crece todo este fenómeno de la nueva religiosidad. ¿Es cierto?

Luis Santamaría: Por supuesto que sí. Si las sectas y todo este mundo espiritual alternativo se aprovecha de la sed de trascendencia y de las inseguridades del hombre, está claro que la situación que vivimos en este tiempo constituye un caldo de cultivo ideal. El ser humano necesita asideros, algo a lo que agarrarse, realidades firmes que respondan a sus preguntas por el sentido de la realidad, que lo mantengan en la esperanza –aunque a veces sea en forma de tensión apocalíptica–, que le proporcionen un ámbito relacional cálido y que, en definitiva, le den paz para el corazón.

- ¿Siguen siendo las sectas un problema importante?

Luis Santamaría: Hay lugares y lugares. Desde luego que en muchos lugares del mundo las sectas siguen siendo un desafío serio. En Occidente el tema fundamental es el secularismo, o mirándolo más en profundidad, lo que el filósofo de la religión Gabriel Amengual achaca al nihilismo. Nos encontramos con que nuestro mundo, que tendría que ser el resultado de ese progreso pregonado por el positivismo hacia una sociedad sin Dios, porque la ciencia contestaría a todas nuestras preguntas, resulta que asiste, sin entenderlo, al crecimiento de la credulidad y la superstición, al auge de movimientos radicales que se basan en principios religiosos para llevar a cabo sus planes destructores de la civilización y al éxito de técnicas de meditación, cultos orientales o propuestas terapéutico-espirituales de dudosa fiabilidad. No estamos en un momento de éxito de las sectas, ciertamente, pues también ellas están aquejadas del clima secularizador que vuelve el rostro ante lo religioso y rechaza lo institucional. Por eso crece esa espiritualidad ambiental que lo mismo se vuelve a dioses precristianos, que a la Madre Tierra o a la energía universal que nos envuelve.

- En el libro, sin embargo, comienzas hablando de Jesús.

Luis Santamaría: Algo normal en un cristiano, creo yo. Esto responde a una circunstancia histórica, por un lado, y a un interés personal, por otro. Comencé a escribir estos artículos en la época en que se puso de moda la novela El Código da Vinci, y dediqué algunos de ellos a presentar lo que sabemos seriamente sobre el Jesús histórico, y a desmontar todos los intentos contemporáneos de falsificarlo, en un remedo del gnosticismo permanente que transmite a un Jesús oculto. Un Jesús que sería ocultado por la Iglesia, por supuesto. Cuando la verdad es que es la comunidad creyente la que ha conservado la memoria de Jesús de Nazaret, es el ámbito donde se lo puede conocer e interpretar correctamente y es adonde acuden, precisamente, los que quieren deformar su figura.

- Antes de introducirte en el tema de las sectas, hablas de varias cuestiones culturales, incluyendo el cine. ¿Qué tiene que ver con todo esto?

Luis Santamaría: Algunos temas que he abordado son de controversia en la relación fe-cultura. Pero otros manifiestan claramente el ansia de Dios que hay en el hombre contemporáneo. Hubo una época en la que descubrí de repente todo eso que ahora se engloba bajo el concepto de “cine espiritual”, y que ciertamente responde a la necesidad de trascendencia, presente de forma a veces bella y a veces terrible en las películas. La necesidad de salvación, la mirada hacia un futuro mejor que transforme la realidad, el perdón y la reconciliación… son temas presentes, y que pueden ayudarnos a un diálogo con los no creyentes, con los que están en búsqueda y con los que se preguntan en serio por las cosas.

- Llaman la atención algunos artículos del libro, como el que titulas “Los extraterrestres en casa de los frailes”. ¿Reclamo para los lectores, o hay algo más?

Luis Santamaría: Ese artículo, concretamente, se debió a la impresión que me llevé cuando me enteré de que una secta que tiene como libro sagrado un volumen de más de 2.000 páginas, dictado por los extraterrestres, en el que se habla de Jesús “a su manera”, resulta que se reunió en un convento católico español. No pude por menos que escribir sobre esto. En estos años he podido constatar que el desconocimiento de estos temas entre los católicos es impresionante. Pero me preocupa más el que nos dé igual, y que esta ignorancia sea tan atrevida que llegue a justificar estos errores, pensando que todo da igual. Como se nos ha metido el relativismo tan dentro, no nos damos cuenta de que a veces colaboramos con grupos y cosmovisiones que chocan frontalmente con nuestra concepción de Dios, del hombre y del mundo.

- La reencarnación, el reiki, el ocultismo que se manifiesta en fenómenos en crecimiento como Halloween, el Anticristo puertorriqueño, la brujería… ¿Estamos ante algo serio, o cosas que ya pasarán? ¿Qué podemos hacer?

Luis Santamaría: Es algo serio, sin duda alguna. La gente pone su confianza en estos temas y les entrega lo mejor de su vida. Lo esotérico siempre ha estado ahí, de una manera u otra, surgiendo y resurgiendo en la historia de mil maneras. En la Iglesia tenemos que atender a todo esto como un desafío, no como una amenaza. Son signos de los tiempos, que manifiestan la sed de muchos que pretende saciarse, en el fondo, en fuentes corrompidas. Son fenómenos que nos interpelan y que cuestionan la calidad y la autenticidad de nuestra vida creyente, y la significatividad de nuestro testimonio eclesial: ¿somos de verdad un “sacramento universal de salvación”, como dice el Concilio Vaticano II de la Iglesia? ¿Predicamos a Jesús o nos predicamos a nosotros mismos? ¿Estamos atentos a “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo”, los asumimos en nuestro corazón y en nuestra acción?

Nuestra tarea tiene que ser la de la iniciación a la fe, la de presentar de nuevo el mismo mensaje, que es la persona de Cristo. Como lo tenemos reciente por la liturgia de estos domingos de Cuaresma que siguen el itinerario catecumenal, ahí está el ejemplo de Jesús con la samaritana. Ella había tenido cinco maridos, y el sexto no era tal, según le dijo aquel desconocido judío. Y cuántas personas viven su pertenencia a ciertos grupos o su práctica de ciertas técnicas como algo auténticamente liberador, cuando se trata de “amores pasajeros” que no llenan el corazón. El sentido que hemos encontrado en el Dios manifestado en Cristo, ése es el que tenemos que mostrar y compartir.