Maldita riqueza y bendita pobreza

Comentario al evangelio del Domingo 26º del T.O./C

Santiago de Chile, (Zenit.org) Jesús Álvarez SSP | 940 hits

"Jesús propuso esta parábola: Había un hombre rico que se vestía con ropa finísima y comía regiamente todos los días. Había también un pobre, llamado Lázaro, todo cubierto de llagas, que estaba tendido a la puerta del rico. Pues bien, murió el pobre y fue llevado por los ángeles al cielo junto a Abrahán. También murió el rico, y lo sepultaron. Estando en el infierno, en medio de los tormentos, el rico levantó los ojos y vio a lo lejos a Abrahán y a Lázaro con él en su regazo. Entonces gritó: "Padre Abrahán, ten piedad de mí, y manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me atormentan estas llamas." Abrahán le respondió: "Hijo, recuerda que tú recibiste tus bienes durante la vida, mientras que Lázaro recibió males. Ahora él encuentra aquí consuelo y tú, en cambio, tormentos”. El otro replicó: "Entonces te ruego, padre Abrahán, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre, a mis cinco hermanos: que vaya a darles su testimonio para que no vengan también ellos a parar a este lugar de tormento." Abrahán le replicó: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, aunque resucite uno de entre los muertos, no se convencerán" (Lc. 16,19-31).

Jesús le da un nombre al pobre, mas no al rico. Al revés de lo que pasa en este mundo: los ricos tienen nombre y renombre; los pobres no tienen nombre ni voz. Lázaro, al morir, encuentra amigos y felicidad eterna. ¡Cuántos ricos de hoy y de siempre ignoran a Lázaro e ignoran lo que les espera después de la muerte: el fracaso total de su vida. No se llevarán ni un centavo.

En el mundo hay muchas formas de pobreza y mucha hambre, pero no solo de pan, sino de justicia, de verdad, paz, cultura, salud, amor, fe, esperanza, respeto, dignidad, perdón, compasión, comprensión, sonrisa...

Hoy podemos encontrar a Lázaro donde menos se espera: cartoneros, enfermos, hambrientos, violadas-os, prostitutas, drogadictos, vagabundos, incrédulos, alcohólicos, madres solteras, desocupados, encarcelados… No podemos pasar de largo, pues “todo lo que hagan con uno de éstos, conmigo lo hacen” (Mt. 25, 40). Y “quien no está conmigo, está contra mí” (Lc. 11, 23).

Todos tenemos a nuestro alcance alguna de esas formas de pobreza para socorrer y así merecer la invitación de Jesús: “Vengan, benditos de mi Padre, a poseer el reino.” (Mt 25, 34-36). Pero también podemos ser cómplices camuflados de diversas formas de pobreza y de hambre. Nos jugaríamos el reino eterno.

Quienes dejando a millones de Lázaros en la desocupación, en el hambre –usada incluso como arma por el poder-, suprimirían a quien intentara señalarles su error, y no harían caso aunque les hablara un muerto resucitado.

Si bien el dinero mal ganado y malgastado es una gran maldición, el dinero empleado para crear puestos de trabajo, promover la salud y la educación, aliviar a los necesitados..., se vuelve una gran bendición para quien así lo usa y para los socorridos.

El rico epulón, que idolatró sus riquezas poniéndolas en lugar de Dios y del prójimo, terminó en la máxima pobreza y ruina. Escarmentemos en cabeza ajena para no perdernos.