María corazón de América

Una presencia viva en todo el continente

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Por José Antonio Benito*

LIMA, Domingo 27 mayo 2012 (ZENIT.org).- Con ironía y agudeza a un tiempo, el literato mexicano Octavio Paz, escribía: «El pueblo mexicano, después de dos siglos de experiencias y fracasos, no tiene más fe que en la Virgen de Guadalupe y en la Lotería Nacional». Quedémonos con lo primero. Hoy no tenemos otro factor más importante para buscar la identidad mexicana que la Morenita. Ella ha sido el corazón maternal que ha acogido a todos sin excepción, desde el humilde indiecito Juan Diego hasta Emiliano Zapata.

Lo sucedido en esta nación ha tenido lugar en la veintena de naciones engendradas a la fe por España y Portugal. Con razón pudo decir Juan Pablo II en Zaragoza el 10 de mayo de 1984: «Decir España es decir María... Y decir Iberoamericana, es decir también María, gracias a los misioneros españoles y portugueses”.

Una de las naves de Cristóbal Colón será la de Santa María. Su bandera de raso grana llevaba en una y otra cara, bordados en oro, las imágenes de Cristo y María. El 4 de agosto de 1492 salían del convento de Nuestra Señora de la Rábida; fijando sus ojos en la torre todos los marineros, pidieron de rodillas a Nuestra Señora la última bendición. Veamos cómo nos cuenta el mismo Colón en su "Diario" el momento del Descubrimiento, durante el canto de la Salve:

"Esta tierra vida primero un marino que se decía Rodrigo de Triana... Por lo cual, cuando dijeron la Salve, que la acostumbra¬ban decir e cantar a su manera los marineros, y se hallan todos... A las dos horas después de media noche pareció la tierra."

Dos siglos después del Descubrimiento, la genial poetisa Juana Inés de la Cruz, cumbre del barroco mexicano, dirá por toda Hispanoamérica «¡que no sé que se tiene el que en tratando de María Santísima se enciende el corazón más helado!”.

La Conferencia de Puebla se ratificó en este sentir: «María tiene que ser cada vez. Más la pedagoga del Evangelio en América Latina» Bastaría para comprobarlo el recorrer la «geografía mariana» o el mapa americano, compuesto a base de advocaciones y santuarios que como hitos de luz alumbran su tierra. La capital argentina, Buenos Aires, debe su nombre a su descubridor Pedro de Mendoza el día de la Purificación de María (2-11-1535) imponiéndole el de Santa María de los Buenos Aires en recuerdo de Nuestra Señora de Buenos Aires, cofradía de navegantes en Triana (Sevilla); Zacatecas, fue en un primer momento Nuestra Señora de Zacatecas; Valparaíso en Chile fue Nuestra Señora de Puerto Claro; la capital de Bolivia fue Nuestra Señora de la Paz por fundarla Alonso de Mendoza en 1543 tras la pacificación del Perú por La Gasca. Si ojeamos un mapa de Sudamérica nos encontraremos con nombres tan familiares como Rosario (Argentina), Santa María de la Antigua en Guatemala, Asunción (capital de Paraguay).

La toponimia es sólo una firme expresión del sentir mariano del continente en el que arraigan costumbres tan populares como la generalización del saludo «Ave María Purísima», la celebración del mes de mayo, la devoción del Rosario de la Aurora que llegó a contar con 15 Rosarios salidos de sus respectivas iglesias en la Lima de 1692. Florecen las cofradías y con-gregaciones de Nuestra Señora, los romeros y danzantes de la Virgen. Los serenos cantaban también a María al dar la hora en las calladas noches; fachadas adornadas con el anagrama de María o con los versos en zaguanes o esquinas con imágenes de María:

«Nadie traspase este umbral
que no diga por su vida
que es María concebida
sin pecado original».

El templo del Pilar, en Zaragoza (España), antesala de Hispanoamérica, recoge 19 banderas de las repúblicas americanas engendradas por España y que fueron bendecidas por el Papa San Pío X en 1908. Todas ellas tienen un santuario célebre o un patronazgo mariano: México, Guadalupe; Argentina, Uruguay y Paraguay, Nuestra Señora de Luján; Cuba, Nuestra Señora de la Caridad del Cobre; Venezuela, Nuestra Señora de Coromoto; Colombia, Nuestra Señora de Chiquinquirá; Santo Domingo, Nuestra Señora de Altagracia; Ecuador, Nuestra Senora del Quinche; Bolivia, Nuestra Señora de Copacabana; Brasil, Nuestra Señora de la Aparecida; Chile, Nuestra Señora de Andacollo y Nuestra Señora del Carmen; Perú, Nuestra Señora de las Mercedes y Nuestra Señora del Rosario y Nuestra Señora del Viejo; Honduras, Nuestra Señora de Suyapa: El Salvador, Nuestra Señora de la Paz; Guatemala, Nuestra Señora del Socorro; Costa Rica, Nuestra Señora de los Ángeles.

Juan Pablo 11 en su mensaje a los Congresos Internacionales Mariológico y Mariano celebrados en Zaragoza en 1979 afirmó que "esta distinguida piedad mariana y el fervor por cuanto significa el honor para la Madre de Dios, tienen pulsación propia desde época inmemorial, a ritmo con su historia y su creciente patrimonio espiritual".

Uno de los máximos especialistas en mariología, padre Enrique Llamas, concluirá en su estudio La Virgen En España y América:

Este patrimonio de fe y devoción mariana, hecho uno con la vida del pueblo y presente en las grandes gestas de carácter socio-religioso, España lo trasvasó a América, integro y enriquecido con el descubrimiento y la consiguiente evangelización, que le dieron origen histórico... Es éste un hecho básico y fundamental que constituye la clave para interpretar y entender, no sólo la historia de América Latina, sino su misma historia y el significado de su ser, de su realidad concreta.