María Crocifissa Curcio, carmelita misionera, será beatificada este domingo

Fundadora de las Religiosas Carmelitas de Santa Teresa del Niño Jesús

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CIUDAD DEL VATICANO, 10 de noviembre de 2005 (ZENIT.org).- Entre los tres beatos que serán proclamados por la Iglesia el próximo domingo, se encuentra la religiosa italiana María Crocifissa Curcio (1877-1957), fundadora de las Religiosas Carmelitas de Santa Teresa del Niño Jesús.



Su nombre será colocado en el catálogo de bienaventurados junto al de Charles de Foucauld (1858-1916) y el de María Pía Mastena (1881-1951), fundadora de la Congregación de las Religiosas del Santo Rostro.

Se llamaba Rosa Curcio y nació en Ispica (Sicilia), en el seno de una familia noble, en 1877. Sin más estudios que los correspondientes a su posición social, Rosita leía por su cuenta libros espirituales. Un día cayó en sus manos la vida de santa Teresa de Jesús. «Un rayo de luz que iluminó mi alma y me abrió nuevos horizontes», escribiría más tarde.

En 1893 ingresa en la Orden Tercera del Carmen y profesó con el nombre de María Crocifissa porque quería que su vida estuviera crucificada con Cristo («Crucificada con él», sería el lema de Rosa).

A los 20 años fue nombrada priora de la Orden Tercera del Carmen, cargo que ejerció hasta 1908.

Durante esos once años se dedicó con ahínco a estudiar los santos y la historia del Carmelo; ella misma irá creando su propia espiritualidad cuyo eje central estará formado por la Trinidad y la Cruz.

Aquel grupo que Rosa Curcio presidió fue creciendo y estableció una especie de «taller» de oración, en la propia casa de Rosa, surgiendo así la idea de formar una comunidad religiosa.

En contacto con el provincial del Carmen, Alberto Grammatico, fundó su primera comunidad. El 3 de julio de 1925 la Fundadora con un grupo de Hermanas se trasladan a Santa Marinella, precioso lugar junto a Civitavecchia, cerca de Roma, abierto al mar.

Sor Maria Nerina De Simone, religiosa de la Congregación fundada por la nueva beata, explica que en esa ciudad a las religiosas se les conocía como «monjas obreras», pues «vivían con poco e iban casa por casa a recoger a los niños para llevarles a la catequesis»

«Ofrecían escuela gratuita y se dedicaban incansablemente a las chicas que acogían en el convento», recuerda en declaraciones a «Radio Vaticano».

Sor Maria Nerina asegura que la nueva beata «tiene mucho que decirnos a todos nosotros, que tenemos la tentación de concentrar la atención en la imagen y el poder».

«En ella resplandece la absoluta primacía de la relación con la Trinidad en el amor de Jesús y en compañía de la Virgen María», constata.

«De este modo, con su ejemplo, aprendemos que vivir en el Espíritu no es una evasión de las cosas terrenas, sino una manera más auténtica de afrontar la vida cotidiana», concluye su hija espiritual.