María de obstáculo a puente en el ecumenismo y el diálogo interreligoso

Conclusiones de un coloquio celebrado en Lourdes

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LOURDES, 14 junio 2001 (ZENIT.org).- El papel de María en el diálogo ecuménico y en las relaciones entre las religiones. Este ha sido el original tema que ha reunido a expertos de varios países en el santuario mariano de Lourdes, entre el 7 y el 8 de junio, con motivo de un coloquio organizado por la diócesis local con la colaboración del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso.



María y el ecumenismo
En el primer día, las sesiones afrontaron la figura de María en el actual diálogo ecuménico. El debate giró en torno a «La Virgen y el llamamiento a la unidad de los cristianos» y sobre la importancia de los iconos para las Iglesias orientales y su mensaje.

En estos debates participaron representantes y teólogos católicos, ortodoxos, anglicanos, luteranos y de otras confesiones cristianas de varios países, en su mayoría europeos. Tomaron la palabra Corinne Charriau (protestante), el canónigo Roger Greenacre (anglicano), el pastor Michel Leplay y el experto de arte ortodoxo Hiéromoine Jean Vezel.

Podría ser paradójica la elección de este lugar de peregrinaciones, típico de la piedad popular católica, como sede para un debate de este tipo. En declaraciones concedidas a Zenit, el obispo de Tarbes y Lourdes, monseñor Jacques Perrier, organizador del encuentro, explica que ya desde 1984 existe en el santuario un pabellón para el Servicio «Por la unidad de los cristianos».

Por otra parte, aclara, al hablar de ecumenismo no sólo hay que tener en cuenta a los hijos de la Reforma, los cristianos más numerosos en su país después de los católicos, sino también a los ortodoxos y los anglicanos, que tienen una gran devoción por María.

Al mismo tiempo, considera que este tipo de iniciativas ecuménicas no quitan nada de la «especificidad católica» de la devoción mariana. «La especificidad católica en Lourdes --explica el prelado-- no se manifiesta solamente en la devoción mariana sino también por los sacramentos que aquí se celebran y los obispos y sacerdotes que ejercen su ministerio».

Si bien no era un congreso, sino más bien un coloquio abierto, en el que cada quien exponía su punto de vista sin llegar a conclusiones comunes, el encuentro sirvió para recalcar la importancia del documento de Dombes, una revolucionaria declaración escrita por teólogos católicos y protestantes, de máximo prestigio, en la que dan a María «todo su lugar» y «nada más que su lugar». En el documento, concluyen constatando que María no es un problema al diálogo ecuménico (Cf. Groupe des Dombes, «Marie dans le dessein de Dieu et la communion des saints», Bayard Éditions-Centurion, 1999).

Si el coloquio ha servido para dar a conocer este documento, concluye monseñor Perrier «creemos que no habremos perdido el tiempo ni gastado en vano nuestra energía».

María y el diálogo interreligioso
El segundo día, el debate se concentró en María y las relaciones entre las religiones hoy. Abrió el debate el rabino Michel Serfaty para hablar de la «Imagen de madre judía en la aurora de nuestra era», haciendo así un sugerente perfil humano de Miriam de Nazaret, como era el nombre original en hebreo de la Virgen.

Se presentaron, después, dos testimonios sobre María, vistos por otras religiones. Jean-Jacques Rouchi ofreció la perspectiva musulmana y Chow-Ching-Lie la budista.

La conferencia magistral fue pronunciada por el cardenal Francis Arinze, presidente del Consejo pontificio para el diálogo interreligioso, quien presentó a María, como «un signo para el tercer milenio».

Según explica el cardenal Arinze, al regresar a Roma en declaraciones a «Radio Vaticano», la figura de María constituye un punto de partida para la presentación del mensaje cristiano a los creyentes de las demás religiones.

María es la joven judía, fiel a la tradición de sus padres y madre de Jesús, judío, aclara. Por lo que se refiere al Islam es muy interesante constatar que el Corán la menciona 34 veces «siempre con gran respeto. Es considerada virgen, llena de fe, obediente a Dios...».

Los budistas no tienen una figura correspondiente a la Virgen de la fe cristiana, pero su religiosidad aprecia los valores femeninos propios de María, como la compasión, la maternidad y la piedad, algo que les puede ayudar a comprender su testimonio, añade Arinze.

También en las religiones indias (el hinduismo tiene muchas ramas) existe una imagen del culto femenino que comprende la femineidad, la maternidad, la fecundidad, la piedad, continúa explicando el cardenal nigeriano.

La gran diferencia entre la posición de las otras religiones y la cristiana es que, dado que no reconocen a la Santísima Trinidad, no pueden reconocer a Cristo como Hijo de Dios y, por tanto, no pueden considerar a María Madre de Dios. «Pero tenemos que dar gracias a Dios por las connotaciones positivas que tiene María para las demás religiones», concluye el purpurado, y que hacen de María un puente con los demás creyentes.