María Magdalena más allá de «El Código da Vinci»

Mesa redonda en la Facultad Pontificia «Marianum» de Roma

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ROMA, domingo, 5 de marzo de 2006 (ZENIT.org). - Tres teólogas y una periodista han tratado de aclarar cuál es el verdadero rostro de María Magdalena más allá de «El Código de Vinci», el famoso best-seller del escritor Dan Brown.



Lo debatieron el pasado viernes en la mesa redonda «María Magdalena más allá del Código da Vinci», dentro del ciclo de charlas de la Cátedra Mujer y Cristianismo de la Facultad Pontificia «Marianum», que dirigen los Siervos de María.

Marinella Perroni, profesora de Nuevo Testamento en el Ateneo Pontificio San Anselmo de Roma y presidente de la Coordinación de Teólogas italianas, abrió la mesa redonda confesando que no había leído el Código da Vinci porque «no merece mi atención».

En particular, advirtió ante una tentación: «Sacar involuntariamente María Magdalena de los Evangelios para descubrirla dentro de otras literaturas». «Por respeto a lo que está escrito en los textos y a lo que nos dicen los Evangelios no se debe sacar nunca del Evangelio», consideró.

Maria Luisa Rigato, profesora de Nuevo Testamento de la Universidad Pontificia Gregoriana, aclaró que ella sí que había leído con «mucha atención este interesante "thriller" de Dan Brown» pero desmontó las contradicciones que hay en él.

Rigato explicó que «según los evangelios canónicos está claro que Jesús fue célibe y capaz de amistades con mujeres y con hombres».

También dijo que «según los evangelios canónicos María Magdalena no fue la mujer de Jesús ni tampoco su amante» y añadió que «María Magdalena no es la misma que María de Betania y no es tampoco la María hermana de Marta».

Rigato subrayó que Jesús fue un innovador respecto a la Torá y dijo que «el Evangelio es un anuncio positivo para las mujeres».

Después explicó la María Magdalena que aparece en los sinópticos y en el evangelio de Juan y aclaró que según ella María no fue de Mágdala en sentido topográfico porque «Mágdala no es un lugar geográfico conocido».

Considera que este apelativo habría sido acuñado por los discípulos de Cristo después de Pentecosés, pues literalmente hace referencia a «migdal», que quiere decir torre, y a «gadal» (ser grande). Querría expresar que Magdalena es la que ha sido magnificada.

La pastora protestante Letizia Tomassone participó en el encuentro para presentar a María Magdalena tal y como aparece en los textos que no son canónicos, en la aparece como mediadora del Resucitado, recordando que en estos Jesús tiene un coloquio con María Magdalena.

Estos textos no nos hablan «de la Resurrección, como hacen los canónicos, sino de la experiencia del Resucitado que da un mensaje posterior a María Magdalena». En definitiva, en estos escritos el Resucitado habla por medio de María Magdalena.

Tomassone habló finalmente del texto gnóstico «El Evangelio de Felipe», del que el libro de Dan Brown «El Código da Vinci» saca algunas teorías sobre María Magdalena y Jesús, y dijo que allí sí que María Magdalena aparece como compañera de Jesús.

Miriam Diez i Bosch, docente en el Centro Interdisciplinario sobre las Comunicaciones Sociales de la Pontificia Universidad Gregoriana subrayó que «María Magdalena es una mujer intrigante y enamorada que no deja a indiferente nadie y obviamente aún menos al mundo mediático que nos circunda».

El objetivo de esta periodista de Zenit fue explicar la manera en que hoy es vista María Magdalena en los medios de comunicación y entender «los mecanismos comunicativos que han convertido a esta mujer en una figura mediática pero tergiversada».

«La "magdalenomanía" o la "María Magdalena según Brown" son solamente pequeños frutos de una operación mundial que desafían al creyente y ante los que --según la periodista--, la Iglesia no puede cerrar los ojos».

«En este sentido presentó algunas respuestas aparecidas en los medios de comunicación internacionales y sugirió enseñar mejor a distinguir realidad y ficción, mejorar la catequesis y hablar de quién es la Magdalena no sólo con voces de mujeres».

En este sentido, solicitó a los teólogos y teólogas a «explicar claramente la figura de María Magdalena superando la imagen trágica de la prostituta penitente y profundizar en su papel de "apostola apostolorum" [apóstol de los apóstoles, ndr.] a través de un trabajo de transmisión interdisciplinaria que permita que los resultados de la investigación teológica lleguen al gran público».

La docente de periodismo pidió un trabajo de restitución de María Magdalena a su verdadero papel, el de haber sido testigo de la Resurrección, constatando que «los medios de comunicación --y Dan Brown-- tienen un icono del Magdalena falseado» aunque la investigación bíblica ya lo haya situado en su lugar.