Mártires maristas: Brasas ardientes de la fe

Mensaje del superior general, hermano Emili Turú

Lima, (Zenit.org) José Antonio Varela Vidal | 962 hits

Con motivo de la fiesta de san Marcelino Champagnat (6 de junio), fundador de los Hermanos Maristas, el superior general Emili Turú, envió un mensaje anunciando "la alegre noticia" de la inminente beatificación de los hermanos Crisanto, Aquilino, Cipriano José y 65 compañeros (dos de los cuales, laicos), mártires en España entre 1936 y 1939, años aciagos de la Guerra Civil Española.

El religioso recuerda que el grupo de mártires maristas forma parte de un total de 524 personas, "testigos de la fe y mártires en la España del siglo XX", que serán beatificados en Tarragona (España), el domingo 13 de octubre de 2013.

La Carta destaca que el grupo de mártires hijos de Champagnat, contaban al momento de su martirio con edades que oscilaban entre los 19 y los 63 años (dos tercios de ellos tenían menos de 40 años); de orígenes geográficos y familiares muy diversos (tres de ellos eran franceses).

El hermano Turú invita a su familia religiosa a "sentirse parte de una gloriosa tradición de mártires, que son para nosotros como brasas ardientes que mantienen vivo el rescoldo de la fe".

Citando a otro mártir, santo Tomás Moro, les recuerda que "la tradición no consiste en mantener las cenizas, sino en transmitir la llama; ésa es, pues, la tarea que nos corresponde hoy a nosotros: pasar a las futuras generaciones una llama que no nos pertenece y que, a nuestra vez, hemos recibido como un don".

Testigos con la vida

En otra parte del mensaje a los maristas, el superior general reflexiona en el hecho de que "no resulta fácil encontrar las razones por las que nuestros mártires fueron asesinados, dada la complejidad del momento histórico en el que vivían. Pero es extremamente fácil, en cambio, adivinar los motivos por los que ellos dieron generosamente su vida".

La razón principal, según el religioso, es que los mártires, como discípulos de Jesús que había dicho: «Nadie me quita la vida, sino que la doy por mi propia voluntad» (cf. Jn. 10,18), "habían entregado su vida mucho antes de que les fuera arrebatada (y) su muerte no fue más que un acto de continuidad con una vida generosamente ofrecida día tras día".

Esperanza en el futuro

Ante la llegada del papa Francisco a la sede de Pedro, el hermano Turú advierte este momento como "un soplo de aire fresco en medio de un ambiente de impotencia y frustración". Y destaca a la vez que al tomar el nombre del pobre de Asís, el sumo pontífice remite a todos a la experiencia de san Francisco en san Damián, donde el mismo Cristo le dijo «ve y repara mi casa que, como ves, está en ruinas».

En un paralelismo, compara la figura de san Marcelino, a quien "le quemaba ese mismo deseo de renovar la Iglesia, bajo la inspiración de María (..) y se compromete a hacerlo, junto a sus compañeros maristas, dejando su firma estampada en la promesa de Fourvière, a los pies de la Virgen negra".

Herederos de Champagnat

Como hijos del santo educador, el superior general invita a sus hermanos "a participar plenamente en ese movimiento de renovación personal e institucional, apartando las cenizas que amenazan con sofocar las brasas e impiden que den calor y prendan fuego".

Les recuerda que los mártires maristas pagaron un alto precio por ser fieles a sus compromisos, por lo que estos ejemplos "estimulan a dar nuestra vida, y a ser testigos de la experiencia de Dios y del maravilloso don de la comunidad".

La Carta, que contiene una breve reseña de algunos futuros beatos y mártires aquí