Matrimonio, trabajo e hijos: un equilibrio cada vez más difícil

Entre puntos de vista retrógrados y el temor a perder la carrera laboral

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LONDRES, 2 noviembre 2002 (ZENIT.org).- Nunca ha sido fácil compaginar trabajo, matrimonio e hijos. Ahora estudios recientes afirman que la situación se está haciendo más difícil y hasta el momento hay poco consenso a la hora de afrontar el problema.



En las dos últimas décadas, ha subido bruscamente en Europa la edad media de quienes se casan por primera vez, observaba Eurostat, el organismo de estadística de la Unión Europea (UE), en un comunicado de prensa del 8 de octubre. El último estudio sobre el tema de Eurostat, “La Vida de las Mujeres y los Hombres en Europa”, revela que en los 15 países del UE, la media de edad de los hombres al casarse en 1999 era de 30,3 años, en comparación con los 26 de 1980. Para las mujeres la edad subió hasta los 28,1 desde los 23,3 del mismo periodo.

La mayor subida tuvo lugar en Francia, en más de 6 años tanto para hombres como para mujeres. El aumento mínimo, alrededor de dos años, se dio en el Reino Unido, Portugal y Grecia. La edad más alta tanto para hombres como para mujeres se dio en Suecia --los hombres: 32,9; las mujeres: 30,4-- y en Dinamarca --los hombres: 32,5; las mujeres 30,1--. La edad más joven se dio en Portugal --los hombres: 27,2; las mujeres: 25,5--.

También ha subido la edad en que las mujeres tienen hijos. Las mayores de treinta años dan a luz el 58,7% de los niños en España, informaba El País el 21 de octubre. Gran Bretaña y España, con Italia como cercano tercer puesto, son los países europeos donde más tiempo esperan las mujeres para tener su primer hijo, con una media de edad de 29 años.

Hay algunos factores que explican esta tendencia. Las mujeres no sólo están dedicando más años a sus estudios, sino que también quieren incorporarse a la fuerza laboral, afirmaba la autora del estudio, Margarita Delgado. El alto coste de la vivienda y la dificultad de combinar trabajo e hijos también afectan a la decisión de crear una familia. La autora observaba que muchas mujeres desearían tener más hijos, si no existieran estas dificultades. De hecho, más del 25% de las mujeres querrían tener más hijos de los que actualmente tienen, según un estudio publicado el año 2000, por el Instituto Nacional de Estadística de España.

No sólo un problema de las mujeres
Al afrontar la cuestión, suele prestarse casi siempre atención a las dificultades que tienen que afrontar las mujeres al tener hijos mientras permanecen en el mundo laboral. Sin embargo, ahora se está comenzando a dar más importancia al papel del marido.

Un estudio publicado en Gran Bretaña por la Work Foundation mostraba que muchos padres trabajadores no se toman el tiempo necesario para cuidar a sus hijos porque piensan que sus jefes discriminan a los hombres que muestran interés en el cuidado de los pequeños, informaba The Guardian el 21 de octubre. El informe mostraba que los hombres tienen miedo al hecho de que compartir las responsabilidades paternas lleve a una “muerte de su carrera”.

Los datos del gobierno muestran que el 59% de las mujeres que están cohabitando o casadas con niños en edad escolar también mantienen su trabajo. Pero, dice el informe, las implicaciones para los hombres “todavía no se han registrado en el radar empresarial. Como resultado, los hombres se ponen nerviosos a la hora de tomarse la baja por paternidad, o pedir un horario de trabajo más flexible que les ayude a dedicarse a las responsabilidades del cuidado de sus hijos”.

Los resultados se basan en la investigación aún por publicar de la Equal Opportunities Commission. La investigación mostró que casi dos tercios de las empresas ofrecen bajas de paternidad, pero que la mayoría de los padres no las toman. Sólo una minúscula minoría piensa que podrían tomarlas sin dañar sus carreras o su potencial económico.

A comienzos del año próximo, los padres del Reino Unido conseguirán el derecho a dos semanas pagadas de baja por paternidad, y quienes les dan trabajo tendrán el deber legal de considerar las peticiones de flexibilizar los horarios laborales.

Un estudio anterior, publicado por la Joseph Rowntree Foundation como parte de la UK Work-Life Balance Week, revelaba que casi uno de cada tres padres supera el límite de las 48 horas semanales laborales, fijado por la Directiva de Horarios de Trabajo de la Unión Europea.

Según una nota de prensa del 25 de septiembre de la Rowntree Foundation, el estudio, “Happy Families? Atypical Work and Its Influence on Family Life”, demostró que el problema del conflicto trabajo-familia se halla especialmente presente en los padres de los grupos socioeconómicos más bajos.

Horas extras, incluyendo el trabajo en domingo, parecen ser las causantes de los trastornos más grandes para la vida familiar: los padres que entran en este ritmo son más proclives que los demás a decir que el trabajo ha limitado su implicación en las actividades familiares.

El estudio también descubrió que el 21% de las madres trabajan a primeras horas de la mañana --entre las 6 y las 8 y media-- varias veces a la semana; mientras que para los padres la cifra es de casi el doble --el 41%--. Trabajos a últimas horas de la tarde --5 y media a 8 y media-- son algo más comunes, con un 25% de las madres y un 45% de los padres que trabajan durante estas horas varias veces por semana.

El 14% de las madres y el 17% de los padres trabajan mañana y tarde --hasta después de las 8 y media de la tarde-- varias veces a la semana. En cuanto a los fines de semana: el 38% de las madres y el 54% de los padres trabajan al menos un sábado al mes.

El trabajo en domingo --una o varias veces al mes-- ocupa a un cuarto de las madres y a casi un tercio de los padres. Y el 18% de las madres y el 22% de los padres trabajan al menos una vez al mes tanto el sábado como el domingo.

Quienes trabajan en horas atípicas muestran más dificultades a la hora de atender a la vida familiar. Cerca de un tercio (32%) de las madres con horarios atípicos afirma que su trabajo limita el tiempo que pueden dedicar a leer, jugar y ayudar a sus hijos a hacer los deberes, comparado con el 12% de otras mujeres trabajadoras. Para los padres las cifras equivalentes son el 46% y el 18%, respectivamente.

Los autores del estudio observaban que, aunque las nuevas leyes sobre empleo, que entrarán en vigor en abril, podrían dar a los padres de hijos pequeños el derecho de que sus casos fueran escuchados por sus jefes para flexibilizar sus condiciones laborales, puede que esto no sea suficiente para ayudar a los padres cuyo poder de negociación es todavía débil.

Un informe relacionado con el argumento --“Employed Carers and Family-Friendly Employment Policies”--, hecho público por la Rowntree Foundation el mismo día, revelaba otra serie de problemas en el equilibrio trabajo-familia.

El estudio revela que los padres trabajadores con hijos pequeños, y quienes cuidan a parientes ancianos, desconocen con frecuencia la flexibilización laboral que podría ayudarles --incluso cuando quienes les emplean han adoptado políticas favorables en este sentido--. Por ejemplo, en seis grandes lugares de trabajo que ofrecen empleo con condiciones familiares favorables, más de la mitad de los empleados desconocían que podían contar con estas opciones.

Un desafío para los negocios y los gobiernos
En noviembre de 2000, el Consejo Pontificio para la Familia organizó una conferencia sobre la Globalización, la Economía y la Familia que tocó algunos de los temas tratados en estos estudios recientes. En su alocución, Frank Hanna, director gerente de HBR Capital con sede en Estados Unidos, observaba que el mundo de los negocios “puede hacer que nuestras necesidades familiares se vuelvan inhumanas”. Recomendaba que el mundo de los negocios pensara en su “capital humano” como en personas y no como en activos. Tal cambio podría beneficiar mucho a las familias, defendía Hanna.

La parlamentaria polaca Maria Smereczynska recomendaba prestar más atención al papel social y económico que desempeñan las familias. La familia es un factor básico en el desarrollo económico, afirmaba, pero con frecuencia la sociedad lo ignora. Los gobiernos deberían ayudar activamente a las familias, creando condiciones para que se desarrollen y cumplan su papel de criar a la siguiente generación, añadía. Dado que el futuro de la sociedad depende de esto, encontrar el balance adecuado entre trabajo y familia debería ser una prioridad.