Mayor atención a las víctimas de violencia sexual en las guerras

El observador permanente vaticano Chullikatt intervino ante Naciones Unidas

Roma, (Zenit.org) José Antonio Varela Vidal | 778 hits

Con motivo del debate abierto el pasado 17 de abril sobre Mujer, Paz y Seguridad en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Observador Permanente de la Santa Sede ante este organismo, arzobispo Francis A. Chullikatt, intervino para comentar el reciente Informe del Secretario General de la ONU sobre la violencia sexual en los conflictos (ref. S/2013/149)

Durante su análisis, elogió los esfuerzos del organismo internacional, que desde la adopción de la resolución 1325 (2000), «sigue de cerca el papel de la mujer en el contexto de las situaciones de guerra o posguerra, no solo como víctimas, sino principalmente como agentes y colaboradores importantes en "la prevención y resolución de conflictos y en la consolidación de la paz" [...], haciendo hincapié en la necesidad de aumentar su participación en la toma de decisiones con respecto a la prevención y resolución de conflictos».

Subrayó también lo “frustrante y triste” que resulta constatar “los continuos episodios de violencia sexual, incluidas, entre otras cosas, la violación, la esterilización forzada, el secuestro con fines de explotación y esclavitud sexual, por nombrar solo algunos de los actos atroces de violencia contra la mujer”, especialmente contra las mujeres y niñas, pero también contra hombres y niños que son víctimas de esos actos.

Causas del dolor

El alto representante identificó las razones que subyacen a estos actos, entre las cuales mencionó “el desplazamiento de las poblaciones, con el fin de obtener acceso a los recursos naturales o para facilitar el tráfico de drogas, mientras que en otros casos se convierte en una forma de ventilar el odio hacia una cierta raza, etnia, o como represalias políticas y económicas”.

Sin embargo, advirtió que el Informe no destaca “los ataques dirigidos contra dichas víctimas en base a sus creencias religiosas, a pesar de la persistencia de tales actos en casi todas las regiones del mundo”, las cuales son atacadas por parte de grupos o personas que pueden ser “actores estatales legítimos, como los de un puesto de confianza en las fuerzas armadas o de seguridad, o en las fuerzas de paz de la ONU, como actores no estatales”.

La Iglesia denuncia así que al estar ante “una forma flagrante de la degradación de la dignidad de la víctima y también del agresor”, este último “se desfigura a sí mismo como persona humana”. 

Actuar rápido

Frente a dicho panorama, la delegación pontificia centró sus observaciones en aspectos de gran relevancia, los cuales pueden ser pistas para futuras acciones del ente internacional.

--Prevención: Un forma de evitar las situaciones descritas es por “la propia intervención intensa y oportuna para la resolución de crisis a través de diversos medios pacíficos, de los que la comunidad internacional está bien equipado, como por ejemplo, la prevención de conflictos a través de la mediación, el recurso a las medidas internacionales, así como un compromiso para hacer frente a las causas sociales y económicas subyacentes de los conflictos”

Otros esfuerzos –-puntualizó el diplomático--, deberían ser “la educación en la disciplina y la moral de las fuerzas armadas y las campañas de sensibilización en los valores que ofrecen una visión adecuada de la mujer en la sociedad”.

--Noción de responsabilidad criminal: Ante la obligación de enjuiciar a los culpables de la comisión de los delitos de violencia sexual, la delegación de la Santa Sede sugiere una pronta “adopción y aplicación de planes de acción y la legislación destinada a proteger a las víctimas de la violencia y que los responsables rindan cuentas”.

Sin embargo, no debe descuidarse que el trabajo de supervisión y de las actuaciones judiciales posteriores “esté caracterizado por la justicia y la equidad, y no por intereses políticos, lo que podría socavar las motivaciones nobles y la lucha contra este tipo de delitos”.

Con las víctimas

Con el fin de garantizar que las represalias o castigos en la búsqueda de la justicia no se conviertan en un fin en sí mismos, el nuncio Chullikatt remarcó que “es necesario mantener la atención en la reparación de las víctimas (y) que a las víctimas se les preste toda la asistencia”.

Esto evitaría, en sus mismas palabras, que “las víctimas de asalto sexual se sometan al ostracismo de sus comunidades, especialmente aquellos que denuncian la violencia sexual o los que han quedado embarazadas a consecuencia de una violación”.

En otra parte de su intervención, señaló su preocupación por la mención en el informe al estilo eufemístico de referirse "al acceso a servicios de terminación de embarazos seguros".

Este término, para el alto representante pontificio, está “oculto por un velo de palabras, (como) cruda realidad de la supresión de la vida humana, de la muerte del niño aún no nacido inocente”.

Por el contrario, la Iglesia considera que a la "mujer con el niño" (así enunciado en el Informe), se le debe ofrecer “atención, apoyo, educación, asesoramiento y asistencia en sus  necesidades materiales, sociales y espirituales, durante y después del embarazo, incluyendo, en su caso, la posibilidad de encontrar una familia para adoptar su hijo”.