Medios de comunicación, padres y hijos

Entrevista con el profesor José Martínez de Toda

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GUAYANA (VENEZUELA), martes, 30 enero 2007 (ZENIT.org).- «Los niños y los medios de comunicación social: un reto para la educación» es el tema del recién publicado mensaje de Benedicto XVI con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que se celebrará el 20 de mayo.




Ante esta celebración, Zenit ha querido entrevistar al profesor Martínez de Toda, especialista en la llamada «educomunicación» o educación a partir de los medios de comunicación.

El padre Martínez de Toda, S.J., doctorado en educación para los medios, es actualmente Coordinador de Comunicación en CPAL (Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina).

Comparte esta labor con clases en la UCAB-Guayana (Universidad Católica Andrés Bello, Núcleo Guayana), y con labor pastoral en un barrio de S. Félix (Venezuela).

--La reflexión de este año para el día de las comunicaciones es los niños y los medios de comunicación. ¿Qué bien hacen, los medios, a los niños?

--P. Martínez de Toda: En primer lugar, estamos ante un fenómeno de hoy, que jamás se dio antes en la historia humana.

Tradicionalmente el adulto, en concreto el padre o el abuelo, introducía a los niños en las diversas tecnologías (del campo, de la artesanía, manufactura, etc.) y a las niñas en las labores del hogar, o se las explicaban (la máquina a vapor, el tren, el agua corriente, etc.). El niño y la niña estaban siempre junto a sus padres.

Después, los adultos construyeron escuelas primarias, creando para los niños un mundo separado de los adultos, pero donde éstos eran siempre presentados como buenos y ejemplares.

El niño también hoy aprende internet y multimedios al margen de sus padres. Más aún, muchas veces los niños saben más que sus padres sobre las tecnologías de la información y comunicaciones. Por primera vez en la historia se da esto en el caso de las innovaciones mediáticas tan esenciales para la sociedad, y se sienten más a gusto con ellas que sus progenitores.

Hoy día la televisión vuelve a reunir a los hijos y a los padres delante de la pantalla. Y la televisión hace que los niños vean los defectos de los adultos, que roban, matan, mienten...

Los niños no se contentan con ver los programas infantiles. Según estudios, los niños quieren que el 70% de los programas que ven en TV sean infantiles, pero prefieren que el resto (el 30%) sean programas de adultos. Los niños sienten curiosidad por conocer a los adultos, que es lo que ellos serán.

Por eso el niño actual es más icónico que lógico, más sensitivo que racional, más intuitivo que discursivo, más instantáneo que procesual, más informatizado que comunicado.

Todo esto indica que ya no se puede enseñar como antes. El papel del maestro ha cambiado.

--Los medios ayudan, pero también limitan el tiempo de juego creativo con otros niños, y a veces un exceso de medios dificulta la relación interpersonal. ¿Qué hacer?

--P. Martínez de Toda: Éste es un tema delicado, pues a muchos educadores (del viejo cuño) les cuesta aceptar la realidad de la llamada «escuela paralela» de los medios de comunicación. De hecho los niños pasan más tiempo con los medios que en la escuela.

Ya el funcionalista Lasswell decía a mitad del siglo pasado que las funciones de los medios son: informar, educar y entretener, aunque muchas veces lo que hacen es desinformar, deseducar y hacer perder el tiempo a los niños que deberían dedicarlo al estudio y relacionarse con la naturaleza y los demás.

El reto es cómo preparar a los niños/as a que no queden afectados por los elementos nocivos de los medios.

Me gusta el título del mensaje papal: los medios son un reto para el educador, porque son buenos y malos. Por lo tanto, hay que saber usarlos, y no de una forma meramente espontánea e improvisada.

Hace falta estudiarlos disciplinarmente como «educación para los medios» o también «educomunicación».

--¿Qué sería, la educomunicación?

--P. Martínez de Toda: La educación para los medios, que consta de seis dimensiones: se trata de que el niño/a quede alfabetizado/a mediáticamente, que sea consciente del funcionamiento y técnicas de los medios, y que sea crítico; pero que además sea activo para con los medios contra la pasividad, que los use con metas y fines sociales y que sepa crear con ellos.

No se trata de nuevas materias o disciplinas en el currículum. Es saber integrar la educación para los medios al enseñar lenguaje, historia, religión, etc. Se trata de algo transversal.

Además junto al libro de texto debe estar el DVD y otros multimedios analizados y criticados también desde una perspectiva comunicacional.

--Desde Venezuela, ¿qué propone la Iglesia para concienciar de la importancia en el uso de los medios de comunicación ya desde la infancia?

--P. Martínez de Toda: El Concilio Plenario de Venezuela, que concluyó hace dos meses, se muestra absolutamente consciente de cómo debe ser hoy día la educación desde sus primeras etapas.

Pero también se muestra absolutamente pesimista sobre los cambios que debería haber en el sistema educativo. «La escuela, en general, aún toma poco en cuenta... los cambios de la cultura emergente, lo que se evidencia en el diseño de los programas» (p. 370).

Inclusive, según estudios realizados por el mismo gobierno, se constata que, aunque la cantidad de educación escolar ha aumentado, su calidad en general ha descendido en estos últimos años.

En este sentido, el Mensaje del Papa es muy útil, pues plantea algo que se necesita reforzar.

--¿Qué recomendaría a padres, madres y educadores, ante la omnipresencia comunicativa?

--P. Martínez de Toda: Al niño en el hogar no conviene dejarlo sólo delante de la televisión. Conviene que esté acompañado, preferentemente de sus padres, el mayor tiempo posible, respondiendo a sus preguntas, orientándolo, explicando lo que ve.

Los medios son una gran oportunidad para que ayuden a los padres a relacionarse mejor con los hijos. Debemos darles lo que más nos cuesta, pero que es lo que más aprecian: nuestro tiempo.

Pero en las comidas no es aconsejable poner la televisión. Es mejor aprovechar ese momento para que los hijos cuenten lo que hacen, lo que estudian, se comuniquen entre sí y con los padres.

El intercambio dialógico y participativo se hace esencial hoy día. Así el conocimiento es construido en colaboración entre varios, y ellos mismos dan sentido a lo que aprenden.