Mensaje a los comunicadores en el día de Guadalupe

Por el arzobispo Claudio Maria Celli, presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales

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CIUDAD DEL VATICANO, sábado, 12 diciembre 2009 (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje que ha enviado a los comunicadores el arzobispo Claudio Maria Celli, presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, con motivo de la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe.

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Estimados amigas y amigos comunicadores de América Latina: ¡Feliz fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe! De nuevo se nos concede poder celebrar con alegría este día tan significativo, en particular para el Pueblo de Dios que peregrina en aquel querido continente.

La fiesta de María de Guadalupe nos manifiesta de un modo muy evidente cómo Dios se comunica por amor, adaptándose a las culturas de los diversos pueblos. La revelación bíblica muestra que la comunicación en un acto que surge del amor. "Por amor a mi pueblo no callaré, por Jerusalén no quedaré tranquilo hasta que su justicia se haga claridad y su salvación brille como antorcha" (Is 62, 1).

Querría que dirigiéramos nuestra mirada, de manera especial, a los niños y jóvenes de hoy, que son la mayoría de la población latinoamericana. Cualquiera que sea su situación social y económica, se trata de personas concretas, cada una de ellas irrepetible y única. Son fruto justamente de los adultos que los engendraron, hijos e hijas que merecen ser acogidos y amados para que crezcan y desarrollen sus capacidades, se cumpla el plan de Dios sobre ellos y puedan trabajar por el bien común. Todos, incluso los más marginados, viven en el contexto de una sociedad mediática, llena de mensajes dispersos. Y también son jóvenes en su mayoría los principales "pobladores" del llamado "continente digital", porque usan, de una u otra manera, las nuevas tecnologías de la comunicación. El Documento de Aparecida los señala como "centinelas del mañana" (N. 443); el Papa Benedicto los llama "nativos digitales" y los convoca a ser mensajeros del Evangelio entre sus coetáneos. La cultura de estos pequeños y adolescentes es muy distinta de la de sus padres y maestros. Ello suscita lo que el Papa Benedicto XVI ha llamado "emergencia educativa", que debemos subsanar con un decidido acercamiento entre las generaciones con el ejercicio de la comunicación. ¿Cómo establecer puentes entre mundos que parecen, a veces, tan distantes?

Primero, en un esfuerzo sin descanso por la inclusión digital. Que no haya en la Iglesia comunidades aisladas y carentes de acceso a este espacio social. Que no nos falte perseverancia en esta prioritaria tarea. Al mismo tiempo, una auténtica disposición comunicativa inicia por escuchar a las personas para comprenderlas, compartir y realzar sus valores, acompañarlas en su camino de búsqueda, y anunciarles la Buena Noticia de Jesús para promover una sociedad más justa. Nosotros, comunicadores de hoy, ¿sabremos acercarnos a los pequeños nuevos interlocutores sociales para comprenderlos, con el tacto y la sabiduría con la que Nuestra Señora de Guadalupe se dirigió a San Juan Diego? ¿Seremos capaces de despojarnos de prejuicios y entrar en sus categorías y lenguajes? Estando a la escucha de sus inquietudes y valores podremos defenderlos mejor de los riesgos que puede comportar el uso de los nuevos medios; no los dejaremos a solas con la tecnología; compartiremos la vida con ellos y así podremos promover juntos una cultura digital de respeto, de diálogo, de amistad.

Que Nuestra Señora de Guadalupe nos siga acompañando como Maestra en el arte de la comunicación y la evangelización en una nueva cultura, a la que aportamos nuestro único tesoro: el Hijo de Dios hecho hombre, Jesucristo.

Feliz fiesta y feliz Navidad a todos ustedes.