Mensaje de Juan Pablo II a empresarios cristianos

Dirigida a la conferencia sobre "The Business Executive: Social Responsibility and Globalization"´

| 891 hits

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 5 marzo 2004 (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje que Juan Pablo II ha dirigido a los participantes en la conferencia internacional «El empresario, responsabilidad social y globalización» organizada por el Consejo Pontificio de la Justicia y por la Unión Internacional de Empresarios Cristianos (UNIAPAC) entre este viernes y sábado.



* * *



A mi venerado hermano
cardenal Renato Raffaele Martino,
presidente del Consejo Pontificio de la Justicia y la Paz

He tenido la alegría de ser informado de la conferencia «El empresario, responsabilidad social y globalización» que se reúne en estos días bajo los auspicios del Consejo Pontificio de la Justicia y de la Unión Internacional de Empresarios Cristianos (UNIAPAC). Le pido por favor que haga llegar a todos los presentes mis cordiales saludos y mis mejores deseos.

Confío en que la Conferencia sea fuente de inspiración y de renovado compromiso para los líderes empresarios cristianos en sus esfuerzos por testimoniar los valores del Reino de Cristo en el mundo del comercio. Su trabajo se arraiga, de hecho, en ese dominio y administración que Dios ha confiado al hombre sobre la tierra (Cf. Génesis 1, 28) y encuentra una expresión particular en la promoción de iniciativas económicas creativas que tienen un enorme potencial benéfico para los demás y para elevar su nivel de vida material. «Ya que ninguna actividad humana, ni siquiera en el orden temporal, puede sustraerse al imperio de Dios» («Lumen Gentium», 36), los cristianos con responsabilidades en el mundo de los negocios tienen el desafío de armonizar la legítima búsqueda del beneficio con una más profunda preocupación por promover la solidaridad y la eliminación del azote de la pobreza, que sigue afligiendo a tantos miembros de la familia humana.

La conferencia actual tiene lugar en momentos en los que el sector financiero y económico está tomando paulatinamente conciencia de la necesidad de profundos comportamientos éticos que aseguren que la actividad empresarial sea sensible a sus dimensiones fundamentales humanas y sociales. Dado que la búsqueda del beneficio no es el único objetivo de esta actividad, el Evangelio desafía a respetar tanto la dignidad y la creatividad de su empleados y clientes como las exigencias del bien común. A nivel personal, están llamados a desarrollar importantes virtudes como «la diligencia, la laboriosidad, la prudencia en asumir los riesgos razonables, la fiabilidad y la lealtad en las relaciones interpersonales, la resolución de ánimo en la ejecución de decisiones difíciles y dolorosas» («Centesimus Annus», 32). En un mundo tentado por el consumismo y el materialismo, los ejecutivos cristianos están llamados a afirmar la prioridad del «ser» sobre el «tener».

Entre las importantes cuestiones éticas que afronta en estos momentos el mundo de los negocios, se encuentran las ligadas al impacto del marketing global y de la publicidad en las culturas y valores de los diferentes pueblos y países. Una sana globalización, llevada a cabo en el respeto de los valores de las diferentes naciones y grupos étnicos, puede contribuir significativamente a la unidad de la familia humana y puede permitir formas de cooperación que no son sólo económicas sino también sociales y culturales. La globalización tiene que convertirse en algo más que en un sinónimo de la absoluta relativización de los valores y de la homogeneización de los estilos de vida y culturas. Para que esto suceda, los líderes, incluidos los de la esfera comercial, tienen el desafío de testimoniar el poder liberador y transformador de la verdad cristiana, que nos inspira a poner nuestros talentos, nuestras capacidades intelectuales, nuestras posibilidades persuasivas, nuestra experiencia y nuestras habilidades al servicio de Dios, de nuestro prójimo, y del bien común de la familia humana.

Con estos sentimientos, les manifiesto mis oraciones por el éxito de las deliberaciones de la conferencia e invoco para todos las bendiciones divinas de sabiduría, alegría y paz.

Vaticano, 3 de marzo de 2004

IOANNES PAULUS II
[Traducción del original italiano realizada por Zenit]