Mensaje de la Santa Sede para el Domingo del Mar

10 de julio de 2011

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves 30 de junio de 2011 (ZENIT.org).-Publicamos el mensaje que ha escrito con motivo del Domingo del Mar, 10 de julio de 2011, el Consejo Pontificio para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, firmado respectivamente por su presidente el arzobispo Antonio Maria Vegliò, y el secretario, el obispo Joseph Kalathiparambil.

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Queridos capellanes, voluntarios, amigos y bienhechores de la Obra del Apostolado del Mar:

La celebración del Domingo del Mar es una ocasión especial para acrecentar la conciencia, en las comunidades cristianas y en la sociedad en general, de lo indispensable que es el servicio que prestan los marítimos, y para hacer conocer el ministerio pastoral que, desde 1920, los capellanes y los voluntarios del Apostolado del Mar desarrollan en numerosos puertos del mundo.

“Mi presencia hoy en medio de vosotros quiere evidenciar que la Iglesia está cerca de vuestro lado, valora vuestro trabajo, a menudo peligroso y duro, conoce vuestras inquietudes y preocupaciones, apoya vuestros derechos, consuela vuestras soledades y vuestros anhelos”.

Estas palabras que el beato Juan Pablo II dirigió a los marítimos y a los pescadores en la ciudad de Fano (Italia), en la homilía del 12 de agosto de 1984, son un fuerte mensaje de esperanza para los cerca de millón y medio de marítimos de más de cien nacionalidades (dos tercios de los cuales de países en vías de desarrollo), que cotidianamente responden a las exigencias de la economía global transportando el 90% del comercio mundial.

A pesar de los grandes beneficios que para nuestra vida se derivan de su duro trabajo y de sus sacrificios, los marítimos son un colectivo del cual sabemos muy poco, excepto cuando los medios de comunicación se ocupan de ellos tras alguna tragedia en el mar o, más recientemente, por el aumento de buques atacados por piratas. En realidad, sin embargo, los problemas que afectan a sus vidas son mucho más numerosos.

En los últimos años, debido a la criminalización de las tripulaciones a causa de los accidentes marítimos (naufragios, contaminación, etc.), el abandono en puertos extranjeros sin comida ni dinero, las nuevas restricciones para bajar a tierra, la falta de seguridad y protección, y los largos embarques han añadido más estrés y ansiedad no sólo a la vida de estos trabajadores, sino también a la de sus familias.

El Apostolado del Mar es consciente de las muchas situaciones inhumanas que aún persisten en el mundo marítimo y se pone al lado de la gente del mar para insistir en que sus derechos humanos y laborales deben ser respetados. Recordando nuestra reciente declaración sobre la piratería (26 de mayo de 2011), queremos subrayar la importancia de que la industria marítima (armadores, P&I Clubs, etc.) trabaje estrechamente con gobiernos, organizaciones internacionales y agencias de bienestar para poner en marcha medidas preventivas que garanticen la seguridad de estas personas. Y, para proporcionar ulterior protección a cuantos trabajan en el mar, hacemos un llamamiento a todos los gobiernos para que adopten cuanto antes el Convenio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre el trabajo marítimo (MLC) de 2006 y favorezcan su entrada en vigor. De lo contrario éste sólo tendría un valor teórico, aun siendo uno de los resultados más importantes de toda la historia de los derechos de los marítimos.

En su lucha por la justicia en el mundo marítimo, el Apostolado del Mar está guiado por los principios evangélicos y por las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia. Las palabras con las que, el 17 de abril de 1922, el papa Pío XI aprobaba y bendecía las primeras Constituciones y el Reglamento del Apostolado del Mar, nos animan a continuar la misión “de expansión de la pastoral marítima” con el fin de que la Obra “recoja una mies más abundante de frutos de salvación”.

Noventa años después de aquel importante evento en la historia del Apostolado del Mar, tengo el honor de anunciar la convocatoria, en Roma, del XXIII Congreso Mundial del Apostolado del Mar, del 19 al 23 de noviembre de 2012, para reflexionar y compartir los desafíos que nacen de los continuos cambios en el mundo marítimo.

Finalmente, en este día especial dedicado a la gente del mar, confío las comunidades marítimas y pesqueras a la materna protección de María, Stella Maris, al tiempo que invoco sobre todos vosotros la bendición de Dios.

+ Antonio Maria Vegliò

Presidente

+ Joseph Kalathiparambil

Secretario