Mensaje del Papa a la conferencia sobre «Paz y tolerancia» celebrada en Estambul

Organizada por el patriarcado de Constantinopla y por la Fundación «Appeal of Conscience»

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CIUDAD DEL VATICANO, 8 de noviembre de 2005 (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje enviado por Benedicto XVI a la segunda edición de la Conferencia Internacional promovida del 7 al 9 de noviembre por el patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, y por el rabino Arthur Schneier, presidente de la Fundación Llamamiento a la Conciencia («Appeal of Conscience») de Nueva York, sobre el tema «Paz y tolerancia - Diálogo y comprensión en el Sudeste de Europa, en el Cáucaso y en Asia Central»



A mi venerado hermano
el cardenal Walter Kasper,
presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos
y de la Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo




Recibí con alegría la noticia de la celebración de la segunda conferencia sobre «Paz y tolerancia», organizada por el Patriarcado Ecuménico en colaboración con la Fundación Llamamiento de Conciencia («Appeal of Conscience») sobre el tema: «Diálogo y comprensión en el Sudeste de Europa, en el Cáucaso y en Asia Central». Le encargo a usted, venerado hermano, la tarea de transmitir mis cordiales saludos a los participantes que se reunirán en Estambul en los próximos días, así como mi aprecio por su intenso compromiso para fomentar el entendimiento y la cooperación entre los seguidores de las diferentes religiones. En particular, le pido que exprese mis mejores deseos fraternos a Su Santidad Bartolomé I, arzobispo de Constantinopla, y que asegure al rabino Rabbi Arthur Schneier mi cercanía espiritual en este momento.

Los temas de la paz y la tolerancia son de vital importancia en un mundo en el que actitudes rígidas provocan con demasiada frecuencia malentendidos y sufrimiento, y pueden incluso llevar a la violencia letal. Está claro que el diálogo es indispensable si se quiere encontrar soluciones a los conflictos y a las tensiones que tantos daños causan a la sociedad. Sólo a través del diálogo se puede esperar que el mundo se convierta en un lugar de paz y fraternidad.

Toda persona de buena voluntad, y especialmente todo creyente, tiene el deber de contribuir a construir una sociedad pacífica y de superar la tentación de la confrontación agresiva y trivial entre diferentes culturas y grupos étnicos. Cada uno de los pueblos del mundo tiene la responsabilidad de ofrecer su particular contribución a la paz y a la armonía poniendo su patrimonio espiritual y cultural, así como sus valores éticos, al servicio de la familia humana en el mundo. Este objetivo sólo se puede alcanzar si en el centro del desarrollo económico, social y cultural de cada comunidad está el debido respeto por la vida y por la dignidad de cada persona humana. Una sociedad sana siempre promueve el respeto por los derechos inviolables e inalienables de todos. Sin «una base moral objetiva, ni siquiera la democracia puede asegurar una paz estable» («Evangelium vitae», 70). En este sentido, el relativismo moral mina el funcionamiento de la democracia, que en sí mismo no es suficiente para garantizar la tolerancia y el respeto entre los pueblos.

Es de importancia fundamental, por tanto, educar en la verdad y fomentar la reconciliación donde se han abierto heridas. El respeto de los derechos de los demás, aportando el fruto de un diálogo sincero y veraz, indicará los pasos concretos que pueden emprenderse. Toda persona de buena voluntad tiene el deber de trabajar para alcanzar este objetivo. Esto es particularmente urgente para quienes reconocen en Dios al Padre de todos, cuya misericordia se ofrece gratuitamente a todos, que juzga con justicia y ofrece a todos su amistad que da la vida. Para los cristianos, la generosidad del Creador es visible en el rostro de aquél a quien Dios «hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él» (2 Corintios 5, 21), Cristo, nuestra paz y nuestra auténtica reconciliación.

Al confiarle estos pensamientos, venerado hermano, le pido, con motivo de esta conferencia, que reafirme el fuerte compromiso de la Iglesia católica de trabajar sin descanso por la cooperación entre los pueblos, las culturas y las religiones, para que desciendan abundantes gracias y bendiciones del cielo sobre todos los hijos de Dios.

Vaticano, 4 de noviembre de 2005

BENEDICTUS PP. XVI

[Traducción del original inglés realizada por Zenit]