Mensaje del Papa a la cumbre de líderes religiosos patrocinada por la ONU

«La paz es el futuro querido por Dios»

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CIUDAD DEL VATICANO, 30 agosto (ZENIT.org).- «La única religión digna de tal nombre conduce a la paz y la auténtica religión es tergiversada cuando es asociada a conflictos y violencias». Lo afirma Juan Pablo II en un mensaje enviado al presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, el cardenal Francis Arinze, quien participa en estos días en la cumbre mundial de líderes religiosos que tiene lugar en la sede de las Naciones Unidas de Nueva York.



En el encuentro, en el que participan más de mil representantes de confesiones religiosas, se está discutiendo sobre la manera en que las religiones pueden ofrecer una contribución en la promoción de la paz, del desarrollo, de la justicia y del respeto del ambiente. Todos ellos, incluido el cardenal Arinze, participan en el encuentro «a título personal».

«Los problemas que afronta la humanidad hoy son tan amplios y complejos, que ningún pueblo o nación puede resolverlos por sí mismo --constata en su mensaje el líder espiritual de los mil millones de católicos del planeta--; ni siquiera la construcción de la paz puede ser obra exclusiva de políticos y diplomáticos. Se trata de una tarea en la que todos tienen que contribuir; los líderes religiosos y espirituales tienen un papel particularmente importante que desempeñar».

Ahora bien, añade, «las religiones no pueden ofrecer soluciones técnicas a todos los problemas del mundo, pues no es su tarea, pero ofrecen sabiduría moral y espiritual que ilumina y enseña la verdad trascendente de la persona humana. Tan sólo de ella mana el respeto por la vida humana, sin la cual no hay justicia, ni solidaridad ni paz».

Juan Pablo II, subrayando su cercanía espiritual a los participantes de la cumbre de Nueva York, afirma, por último que «es un signo de esperanza el que los jefes religiosos y espirituales puedan decir al mundo con una sola voz que la paz es posible, que la paz es nuestro deber sagrado, que la paz es el futuro querido por Dios».