Mensaje del Papa a los católicos de Vietnam

Por el Año Jubilar

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves 26 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos a continuación el Mensaje que el Papa Benedicto XVI ha dirigido al presidente de la Conferencia Episcopal de Vietnam, monseñor Pierre Nguyên Văn Nhon, obispo de Đà Lat, con ocasión de la apertura del año jubilar por el 350° aniversario de la creación de dos Vicariatos Apostólicos y del 50° aniversario de la institución de la jerarquía católica en Vietnam.

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A Su Excelencia monseñor Pierre NGUYÊN-VĂN-NHON

Obispo de Đà Lat

Presidente de la Conferencia Episcopal de Vietnam



Al comenzar la celebración jubilar del trescientos cincuenta aniversario de la creación del Vicariato Apostólico de Tonkín y Cochinchina, y de los cincuenta años del establecimiento de la jerarquía católica en Vietnam, me sumo de todo corazón en la alegría y agradecimiento de los obispos de su país, a quienes tuve el placer de encontrar en junio pasado, y todos sus diocesanos.

Vosotros habéis deseado que el comienzo de esta celebración coincidiera con la fiesta de los gloriosos ciento diecisiete mártires de vuestro país. El recuerdo de su noble testimonio ayudará a todo el pueblo de Dios en Vietnam a activar su caridad, a aumentar su esperanza y a fortalecer su fe que es probada a veces en el día a día. Entre estos mártires surge la singular figura de Andrés Dung-Lac, cuyas virtudes sacerdotales son un modelo luminoso para los sacerdotes y seminaristas, seculares y regulares, de vuestro país. En este Año sacerdotal , pueden extraer de su ejemplo y del de sus compañeros de una energía espiritual renovada que les ayudará a vivir su sacerdocio en una mayor fidelidad a su vocación, en la comunión, en la digna celebración de los Sacramentos de la Iglesia y en un apostolado dinámico e intenso.

Para la apertura de vuestra celebración, habéis elegido So-Kien, en la archidiócesis de Ha Noi, lugar emblemático, que habla particularmente a vuestro corazón. Fue la sede del primer Vicariato Apostólico de Vietnam y aún conserva vestigios preciosos de vuestros santos mártires y de sus nobles reliquias. En este Año Jubilar, que este lugar tan querido para vosotros sea el corazón de una evangelización profunda que lleve al conjunto de la sociedad vietnamita los valores evangélicos de la caridad, la verdad, la justicia y la rectitud. Estos valores, con experiencia en el seguimiento de Cristo, cobran una nueva dimensión que va más allá de su sentido moral tradicional, pues hunden sus raíces en Dios, que quiere el bien de cada hombre y que desea su felicidad.

El Año Jubilar es un tiempo de gracia propicio para la reconciliación con Dios y con el prójimo. Para ello, se deben reconocer las equivocaciones del pasado y del presente cometidas contra los hermanos en la fe y contra los hermanos compatriotas, y pedir perdón. Al mismo tiempo, también debe tomarse la resolución de profundizar y enriquecer la comunión eclesial y de construir una sociedad justa, solidaria y equitativa a través del diálogo auténtico, del respeto mutuo y de la sana colaboración. El Jubileo es también un momento especial ofrecido para renovar el anuncio del Evangelio a los conciudadanos y ser cada vez más una Iglesia de comunión y misión.

El conjunto de la Iglesia de Vietnam se ha preparado para la celebración del Jubileo con una novena de oración para que este acontecimiento excepcional encuentre gracia a los ojos de Dios, contribuya al progreso espiritual de todos los fieles y consolide la misión de la Iglesia. Mi pensamiento va naturalmente hacia los religiosos y las religiosas, cuyas vidas dan testimonio de la radicalidad evangélica a través del carisma de sus respectivos fundadores. Que puedan seguir creciendo en Dios a través de la profundización de su vida espiritual en la fidelidad a su vocación y de un apostolado fructífero en el seguimiento de Cristo. Mi afecto paternal se extiende también a la totalidad de los fieles laicos vietnamitas. Están presentes en mi mente y en mis oraciones diarias. Que puedan participar de manera más profunda y activa en la vida y misión de la Iglesia.

Queridos hermanos en el episcopado, pido a Dios que os ilumine y os guíe para que seáis, a ejemplo de Nuestro Señor y Maestro, buenos pastores (cf. Jn 10, 11 a 16) consagrados a pastorear a sus ovejas, alentarlas y curarlas cuando sea necesario, y obispos que den testimonio con valentía y perseverancia de la grandeza de Dios y la belleza de la vida en Cristo.

Que Nuestra Señora de La Vang, tan querida a los cristianos de vuestra nación, os acompañe con su ternura materna durante todo este año. Le dirijo a usted, monseñor, mi afectuosa bendición apostólica, que extiendo de buen grado a los obispos, sacerdotes y seminaristas, religiosos y religiosas y a todos los fieles de Vietnam y a todas las personas que se unan de cerca o de lejos a la alegría de sus celebraciones.

En el Vaticano, a 17 de noviembre de 2009

BENEDICTUS PP. XVI

[Traducción del francés por Inma Álvarez]