Mensaje papal a comunidades nacidas de la Renovación Carismática Católica

Congreso de la «Fraternidad Internacional de Comunidades y Asociaciones Carismáticas de Alianza»

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CACHOEIRA PAULISTA, jueves, 9 noviembre 2006 (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje que envió, en nombre de Benedicto XVI, el cardenal Tarcisio Bertone –secretario de Estado del Vaticano-, a través de la Nunciatura Apostólica de Brasil, a los 20 mil participantes del XII Congreso Internacional de la «Fraternidad Internacional de Comunidades y Asociaciones Carismáticas de Alianza» (http://www.catholicfraternity.net).



Del 1 al 5 de noviembre la localidad brasileña de Cachoeira Paulista acogió esta gran cita, en la sede de d la Comunidad «Canção Nova», en torno al tema «Nuevas Comunidades para una nueva evangelización». El Congreso Internacional estuvo precedido por el I Encuentro Mundial de los Obispos amigos de las Nuevas Comunidades de la Renovación Carismática Católica.

La Fraternidad Internacional («Catholic Fraternity of Charismatic Covenant Communities and Fellowships») es una Federación Mundial formada por las principales comunidades históricas de la Renovación Carismática Católica.

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Secretaría de Estado del Vaticano, 3 de noviembre de 2006

Su Excelencia:

Su Santidad el Papa Benedicto XVI envía cordiales saludos a los miembros de las innumerables comunidades nacidas de la corriente de gracia que es la Renovación Carismática Católica, reunidas en asamblea en Cachoeira Paulista, Brasil, para reflexionar sobre el tema «Nuevas comunidades para una nueva evangelización». Saluda también con gran alegría a los muchos obispos presentes, quienes se han reunido para reflexionar sobre el tema «Carisma e institución: coexistencias».

Como Su Santidad dijo a los miembros de los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades reunidos en la Plaza de San Pedro en la vigilia del último Pentecostés: «Quien ha encontrado algo verdadero, hermoso y bueno en su vida -el único auténtico tesoro, la perla preciosa- corre a compartirlo por doquier, en la familia y en el trabajo, en todos los ámbitos de su existencia» (Homilía en la vigilia de la Solemnidad de Pentecostés, 3 de junio de 2006). ¿No ha sido este testimonio nuevo, gozoso y espontáneo, que después se ha convertido en proclamación, un impulso misionero, inspirado por el Espíritu Santo que ha llevado a muchos fieles laicos a dedicarse a una vida cristiana más comprometida en el interior de sus propias comunidades? Como resultado, dijo también el Papa en la Plaza de San Pedro, pueden ser, «mucho más, colaboradores en el ministerio apostólico universal del Papa, abriendo las puertas a Cristo».

Éste es el mejor servicio que la Iglesia puede ofrecer a los hombres y a las mujeres, y en particular a los pobres: ayudar a cada individuo a tener una sociedad justa y una coexistencia pacífica entre las naciones que han encontrado en Cristo la piedra angular sobre la que se puede construir la verdadera evangelización, la civilización del amor.

Hablar de la nueva evangelización significa también hablar de aquellos que la llevarán adelante, personalmente, de cada individuo cristiano, de los que han encontrado a Cristo, porque «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» («Deus caritas est», n.1). Para dar vida al mundo, esa auténtica vida que está en Jesucristo, cada cristiano debe convertirse en su seguidor, debe hacer de Jesús el Maestro y Señor de su vida, debe entrar en comunión profunda con Él y hacerse íntimo de sus pensamientos, que hallamos en la Sagrada Escritura.

En espera de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, que se celebrará en Aparecida (San Pablo) en mayo de 2007 sobre el tema «Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos tenga en Él vida», el Santo Padre expresa su esperanza de que el encuentro actual, a través del intercambio de experiencias, reflexiones y nuevas propuestas, contribuya eficazmente a la preparación de este acontecimiento eclesial tan significativo.

Confiando el trabajo de esta conferencia a la intercesión de María, Madre de la Iglesia, particularmente venerada en Brasil como Nuestra Señora Aparecida, Su Santidad envía a todos los presentes su especial bendición apostólica.

En especial, alabo esta iniciativa y deseo que tenga gran éxito. Mis saludos en Cristo,

Cardenal Tarcisio Bertone
Secretario de Estado

[Traducción del original portugués realizada por Zenit]