Mensaje para el domingo del Mar 2006

Consejo Pontificio para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 14 julio 2006 (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje que, con ocasión del domingo del Mar –que numerosos países celebrarán en dos días--, ha difundido el Consejo Pontificio para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, dicasterio vaticano que engloba la pastoral dirigida a la Gente del Mar.



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MENSAJE PARA EL DOMINGO DEL MAR 2006



Al celebrar el Domingo del Mar 2006, una vez más nuestros pensamientos y nuestras oraciones se dirigen a todos los marinos, a los pescadores, al personal y a los pasajeros de los barcos cruceros, a los que participan en las competiciones náuticas y a los que se dedican al pequeño cabotaje, así como también a sus familias. Este año el Apostolado del Mar mira a dicha Jornada con renovado optimismo visto que en el mes de febrero último se adoptó una nueva Convención Consolidada sobre el Trabajo Marítimo abriendo así el camino – si es ratificada y actuada – a un nuevo orden marítimo mundial que ofrecerá nuevas oportunidades de trabajo digno y productivo.

Al mismo tiempo, no podemos dejar de señalar nuestra pena porque no se logró aprobar la Convención sobre el trabajo en el sector de la Pesca durante la 93ª Conferencia de ILO del 2005. Con dicho instrumento internacional todo tipo de pesca profesional se habría vuelto más seguro y justo. Es pues nuestro deseo que se presente nuevamente esta propuesta y sea adoptada durante la próxima Conferencia ILO. Por tanto, es importante que los miembros del Apostolado del Mar sigan uniendo sus fuerzas conjuntamente con las organizaciones locales de pescadores a fin de que se promueva el entendimiento y la adopción de tan importante instrumento.

Además, no obstante el comercio marítimo esté gozando de un buen período de crecimiento y la demanda de productos ícticos no tenga precedentes, la globalización pone a dura prueba la dignidad de los que están comprometidos en esta industria, mientras que la vida en el mar sigue siendo difícil y peligrosa. La globalización del trabajo y de la economía en el comercio marítimo, la pesca ilegal, no regulada y no registrada, pero también reglamentos rígidos que no tienen en cuenta las necesidades esenciales de las comunidades de pescadores, afectan a la profesión y al ambiente marítimo. Para contrarrestar todo esto y contribuir a un nuevo orden social, es esencial establecer relaciones de solidaridad y de cooperación con y entre las comunidades de los marinos y pescadores. Ahora bien, la solidaridad es uno de los conceptos fundamentales de la doctrina social de la Iglesia que se basa en los principios de la dignidad de la persona humana y del bien común.

Este Domingo, pues, desea recordar al Apostolado del Mar que sea fiel a su vocación y mantenga intacta su perspectiva cristiana, que consiste en poner al ser humano en el centro de cada uno de sus proyectos y preocupaciones, en realizar la opción preferencial especialmente a favor de los pobres y de los débiles, promover un sentido de hermandad y solidaridad, y en compartir con todos la esperanza que el mal no prevalecerá y que el bien triunfará, como en el Misterio Pascual. Muchas son las cosas que contribuyen en el bienestar del individuo. Son indispensables por cierto buenas condiciones materiales y de trabajo, pero no podemos guiarnos únicamente por consideraciones económicas porque es igualmente fundamental el respeto de las dimensiones sociales y espirituales de cada persona sin el cual no es posible una felicidad verdadera y sostenible.

Es en esta perspectiva que del 24 al 29 de junio del próximo año celebraremos en Gdynia, Polonia, el XXII Congreso Mundial del Apostolado del Mar. Una de las conclusiones del Congreso precedente, de Río de Janeiro (2002), recitaba que el A.M. “está llamado a dar un rostro humano a la globalización del mundo marítimo”. Esta vez trataremos de dar un paso hacia adelante, discutiremos y profundizaremos el alcance de nuestra pastoral, la espiritualidad de nuestro apostolado y su aporte específico al mundo marítimo. Oremos, pues, a fin de que el próximo Congreso sea un tiempo de gracia que nos permita adelantar en nuestra misión a favor de la Gente del Mar.

A todos deseamos una feliz celebración de esta Jornada e invocamos sobre las comunidades marítimas y de la pesca y sobre los capellanes, los agentes de pastoral y los voluntarios del A.M., la materna intercesión de la Bienaventurada Virgen María “Stella Maris”. Que Ella interceda por nosotros y nos enseñe a reforzar nuestros vínculos de solidaridad cristiana, mediante la Proclamación de la Palabra, de la Liturgia y de la Diaconía.

Card. Renato Raffaele Martino
Presidente

+ Arzobispo Agostino Marchetto
Secretario