Mensaje vaticano a los budistas con motivo de la fiesta de Vesakh

«Budistas y cristianos al servicio de la humanidad»

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 4 mayo 2006 (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje que ha enviado el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso a los budistas con motivo de la fiesta de Vesakh, la más importante para los seguidores de esta religión.



En los países de tradición budista therevada, (Sri Lanka, Tailandia, Camboya, Laos y Myanmar), Vesakh es una festividad móvil, que conmemora importantes hechos de la existencia de Gautama Buda. En este año, la fiesta cae el 12 de mayo.

En los países de tradición budista mahayana (China, Japón y Corea), estos hechos se celebran en días distintos.

Budistas y cristianos al servicio de la humanidad



Queridos amigos budistas:

1. De parte del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso expreso a todas las comunidades budistas del mundo mis mejores deseos con motivo del Vesakh. Espero que podáis pasar una fiesta gozosa.

2. Como ya es costumbre, quisiera aprovechar esta ocasión para compartir con vosotros algunos pensamientos que pueden ayudar a reforzar las relaciones entre nuestras comunidades. En este año, estas reflexiones se basan en la primera encíclica del Papa Benedicto XVI a los católicos de todo el mundo. Esta carta, «Dios es amor», o según el texto en latín «Deus caritas est» (DCE), examina la naturaleza del amor. Su Santidad el Papa está convencido de que este término, que se usa con tanta frecuencia, pero que a menudo se interpreta mal, debe encontrar de nuevo su significado más auténtico para convertirse en faro para la vida de todos los días.

3. El Papa Benedicto habla de dos tipos de amor: el primero, el «eros», el amor entre un hombre y una mujer, un amor que busca la propia satisfacción personal; el segundo, el «ágape», un amor que busca el bien del otro, aunque pueda ser que el otro no me guste o incluso no lo conozca. Para los cristianos, este segundo tipo de amor sólo es posible si se fundamenta en el amor por Dios, en respuesta al amor de Dios por los seres humanos. De este modo, el amor por Dios y el amor por los semejantes son inseparables, y conforman un único mandamiento: «El amor crece a través del amor. El amor es "divino" porque proviene de Dios y a Dios nos une» (DCE, 18).

4. Nosotros, los cristianos, creemos que la perfecta manifestación del «ágape» se fundamenta en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, que pasó toda su vida predicando con palabras y obras la Buena Noticia del amor de Dios. La máxima manifestación de este amor tuvo lugar cuando Jesús dio su vida por toda la humanidad. Es más, Jesús es la fuente del «ágape», en particular con el don de sí mismo en la Eucaristía. Acudiendo a este manantial, los cristianos tratan de seguir las huellas de Jesús manifestando amor hacia sus hermanos y hermanas, especialmente hacia los pobres y los que sufren.

5. A través de nuestro diálogo, hemos podio apreciar la importancia que vosotros, los budistas, dais al amor hacia el prójimo, que se expresa con el concepto de «metta», un amor desprendido del deseo de posesión orientado a ayudar a los demás. Es considerado como un amor que está dispuesto a sacrificar los propios intereses en bien de la humanidad. De este modo, «metta», según la enseñanza budista, no se limita a un pensamiento benévolo, sino que implica el cumplimiento de obras de caridad al servicio de cada uno y de todos. Es verdaderamente una benevolencia universal. Tampoco hay que olvidar la otra virtud, «karuna», con la que se manifiesta compasión amorosa hacia cada uno de los seres vivientes.

6. En este mundo, en el que se usa y se abusa tanto de la palabra amor, ¿no sería útil que los budistas y los cristianos redescubrieran su significado original, basándose en las respectivas tradiciones propias y compartieran con los demás lo que han comprendido? Alentaría a los seguidores de ambas religiones a trabajar juntos para construir relaciones basadas en el amor y en la verdad, para promover el recíproco respeto, para avanzar en el diálogo y en la colaboración al servicio de los necesitados.

7. Estas consideraciones me llevan a expresar un deseo final: que la fiesta de Vesakh se convierta en un momento en el que la amistad entre budistas y cristianos se consolide y se refuerce la colaboración con un espíritu de «ágape» y de «metta». Con este espíritu, os deseo una feliz fiesta de Vesakh.

Ciudad del Vaticano, 14 de febrero de 2006

[Traducción del original inglés realizada por Zenit]