Menú de embriones

Tomar posición contra el desprecio por la vida en la Unión Europea

Bruselas, (Zenit.org) Redacción | 982 hits

Publicamos una  contribución de Imre Téglásy*, PhD, director de Human Life International en Hungría.

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Es una de las historias más antiguas conocidas por el hombre: los ricos que pagarían cualquier cosa, o harían cualquier cosa, por prolongar la juventud. Nueve acusados ​​se enfrentan a cargos penales ante un tribunal húngaro por colaborar en una empresa y ofrecer "tratamientos" que prometen ayudar a recuperar el vigor perdido, la agudeza mental, incluso la apariencia juvenil. La empresa espeluznante llegó a un final abrupto, tras una incursión de una agencia gubernamental de Hungría, en julio de 2007.

De acuerdo con los cargos en el expediente, los clientes ricos de los acusados ​​pagaron cinco millones de florines húngaros, alrededor de 25.000 dólares, por una sola dosis de un brebaje, aún por determinar, de células de los tejidos y celulas madre tomadas de niños abortados.

Inicialmente la alianza fue entre abortistas ucranianos y "médicos de estética" en Barbados. La operación se trasladó a Hungría después de que fuera cerrada, tras un reportage de la BBC en 2006. La famosa historia que llevó a la clínica en Barbados a su cierre consternó a muchos, pero no dio lugar a acusaciones criminales, a pesar de las historias espeluznantes sobre niños recién nacidos, robados a sus madres jóvenes en Ucrania, y la disección de sus órganos que se cree contienen las células madre más valiosas para uso "terapéutico". Una vez descubierto, varios de los autores simplemente se trasladaron a Hungría y reiniciaron el servicio de alto precio para aquellos que tienen suficiente dinero para tirar los dados y someterse a tratamientos médicamente no probados de origen desconocido.

En julio de 2007, tres de los acusados actualmente en juicio fueron arrestados en un hospital de Budapest, contratado por la clínica. István Seffer, el dueño de la clínica Seffer y Renner en Kaposvár, Hungría, también fue arrestado mientrasofrecía consulta a clientes de cirugía plástica, en un edificio cercano. En la parte delantera, la clínica Seffer y Renner ofrecía cirugía plástica y los servicios de ginecología y obstetricia, al tiempo que ofrecía los "tratamientos", costosos y no probados, en la parte de atrás. En un paso en falso, sin embargo, la clínica mantuvo el mismo nombre del proyecto desaparecido en Barbados, el Instituto de Medicina Regenerativa (IRM).

Según las denuncias, la estafa sangrienta involucra a varios personajes. István Seffer propietario y empleado de la clínica donde se encontraba IRM. Realizando los "tratamientos" estaba el proctólogo Yuliy V. Baltaytis, un profesor ucraniano que autopublicó dos "estudios" sobre el tema, que no fueron ni revisados ni considerados ni aceptados en la comunidad médica europea o internacional. Baltaytis inyectaba el cóctel embrionario a pacientes ricos captados por el coleccionista de arte Imre Pakh, y el experto en gastronomía Ádám Fásy, quienes aparentemente tienen doble ciudadanía húngara y estadounidense. El material para los tratamientos fue preparado por la ucraniana Natalia Karnikova, bióloga, quien también trabajaba en IRM.

La clínica Seffer y Renner todavía está en funcionamiento. El hermano del propietario, Tibor Seffer, al parecer, todavía lleva a cabo abortos y otros procedimientos en la clínica. La IRM obtuvo la aprobación oficial para recoger y almacenar celulas madre, y suscribió contratos con cuatro hospitales húngaros donde se realizaban abortos. No está claro cuántos de los niños abortados siguen siendo utilizados por Baltaytis, procedentes de la propia clínica de Seffer-Renner, o de otros hospitales, y cuántos fueron obtenidos y utilizados por Baltaytis.

Los cargos a los que se enfrentan los acusados ​​no tienen nada que ver con los abortos legalmente o ilegalmente realizados o con la destrucción y manipulación de embriones humanos, ya que IRM aparentemente tenía todos los permisos necesarios para realizar esta labor. De lo que se acusa a Baltayis y a sus colegas es del uso de células humanas para tratamientos, en una empresa con fines de lucro. Si son declarados culpables, se enfrentan a entre tres y ocho años de prisión.

Entre los clientes de esta empresa éticamente en bancarrota estaba Miss Hungría 2007 y estudiante de la Universidad Católica de Budapest, Krisztina Bodri, que se ha definido en los medios como socia de Baltaytis. La IRM también contó con apoyo político de alto nivel: presentes en la apertura de la clínica en 2007 estuvo el entonces Ministro de Trabajo de Hungria y la actual diputada socialista, Mónika Lamperth.

Todo esto sucede mientras la Unión Europea considera hacer una gran inversión en investigación biomédica, tratando de mantener a sus instituciones de investigación a la vanguardia de los avances en biotecnología. Bajo el título "Horizonte 2020", la propuesta, tal como está redactada actualmente, no excluye la obtención de material de investigación de seres humanos abortados, y crearía un fondo de 90.000 millones de euros para financiar la investigación de la Unión Europea.

En oposición a la investigación con células madre que destruiría y utilizaría a los seres humanos no nacidos, surge una iniciativa ciudadana europea titulada One of Us. Este movimiento propone una modificación del artículo 16 de Horizonte 2020, que trata de "la ética y los principios", que impediría totalmente el uso de células madre embrionarias para la investigación, o financiar cualquier investigación que suponga la destrucción de embriones humanos.

La buena noticia es que la campaña One of Us se apoya en un sólido --y reciente- precedente legal que veta la destrucción de seres humanos con fines de investigación. Como ha dicho el Centro Europeo para la Ley y la Justicia, la iniciativa puede hacer uso del razonamiento adoptado por el Tribunal de Justicia Europeo en el caso de Brüstle v Greenpeace (C-34/10) de 18 de octubre de 2011. En este caso, los jueces de Luxemburgo definen el embrión humano como un organismo "capaz de comenzar el proceso de desarrollo de un ser humano", cualquiera que sea el modo de adquisición de este organismo (fecundación in vitro, clonación, etc.) El Tribunal de Justicia también alinea la ley con la ciencia, en el reconocimiento de que la vida humana comienza en la concepción, y que merece protección legal desde el momento de la concepción, en particular respecto a los principios de respeto a la integridad física y a la dignidad humana. A la luz de esta protección, las patentes deben ser excluidas de todos los procesos que suponen la destrucción de un embrión humano, mediante el uso de una muestra de células madre obtenidas a partir del embrión.

La campaña One of Us, lanzada por el eurodiputado Carlo Casini en 2012, debe obtener por lo menos un millón de firmas de al menos siete Estados miembros de la UE antes del 1 de noviembre de este año. Todo ciudadano de un Estado miembro de la UE, que esté en edad de votar puede apoyar la iniciativa online en www.oneofus.eu.

En ausencia de los cambios propuestos por la campaña One of Us, es difícil ver cómo los abusos perpetrados por aquellos que están siendo juzgados podrían pararse en toda Europa. Aunque la UE tiene una autoridad limitada para inmiscuirse en la legislación nacional relativa a las cuestiones de bioética, 90.000 millones de euros de financiación pueden acabar en la pérdida masiva de vidas, todo bajo el pretexto de "progreso" y "ciencia". Teniendo en cuenta lo que está en juego, hay poca voluntad de compromiso por parte de los que apoyan el proyecto de los 90.000 millones de euros del proyecto Horizonte 2020. Por nobles que puedan parecersus objetivos, el motivo es difícilmente distinguible del que está detrás de los abusos de esa otra entidad autorizada oficialmente, el Instituto de Medicina Regenerativa.

*Imre Teglasy, PhD es el director de Human Life International Hungría. Human Life International apoya sin reservas la campaña One of Us, e invita a todos los ciudadanos de las naciones de Europa a participar en www.oneofus.eu.