México: 'Vemos la violencia como un problema de salud pública'

Afirma monseñor Garfias, obispo de Acapulco

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CIUDAD DE MÉXICO, miércoles 29 agosto 2012 (ZENIT.org).- La Comisión Episcopal para la Pastoral Social de México organizó la semana pasada un taller sobre modelos de atención a víctimas de violencia, en el cual participaron equipos de diversas diócesis del país, con el fin de compartir experiencias y apoyarse en metodologías para el acompañamiento a las víctimas de las diversas violencias que se dan en el país, desde la violencia intrafamiliar, la que sufren las mujeres y los niños, hasta la generada por el crimen organizado.

En un artículo publicado en el sitio de la Conferencia Episcopal Mexicana, escribe sobre la experiencia el obispo de Acapulco, monseñor Carlos Garfias Merlos.

“En la Iglesia vemos la violencia como un problema de salud pública ante el cual tienen que intervenir las instituciones del Estado y la sociedad entera para reducir sus efectos”, explica el obispo en su artículo y añade que el Episcopado Mexicano “está haciendo esfuerzos para afrontar el grave fenómeno de la violencia” poniendo en juego todos los recursos para intervenir desde la misión evangelizadora de la Iglesia.

Una intervención que, además de la atención pastoral a las víctimas, incluye la construcción de la paz y la reconciliación.

La Archidiócesis de Acapulco ha participado activamente en esta iniciativa episcopal “con el vivo interés de compartir las experiencias que tenemos en esta región y de aprender lo que están haciendo otras diócesis del país”, informa monseñor Garfias.

El objetivo es “ir profesionalizando el acompañamiento integral a las víctimas, no solo a las generadas por el crimen organizado sino aún a aquéllas que son más invisibles y que tanto daño hacen a los niños, a las mujeres y a los pueblos indígenas como sectores más vulnerables”.

Indispensable también en este esfuerzo es la participación en procesos de diálogo “que faciliten la superación de aquéllos conflictos que manifiestan una exigencia de justicia y una necesidad de la paz”.

El obispo de Acapulco ha participado en varios de estos procesos, entre ellos uno que lleva casi una década, derivado del proyecto de la Comisión Federal de Electricidad para construir una gran presa en las inmediaciones del río Papagayo.

Finalmente el proceso llevó a la firma de los Acuerdos de Cacahuatepec y la apertura de un itinerario de diálogo.

“La Iglesia se congratula por este hecho y felicita a las partes, esperando que continúen las iniciativas para solucionar los conflictos por las vías del diálogo abierto y respetuoso”, concluye monseñor Garfias.