"Mi estancia en los encantadores montes del Valle de Aosta ha sido provechosa"

Despedida del Papa de los sacerdotes y servicio de seguridad en Les Combes

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ROMA, 20 julio 2001 (ZENIT.org).- Acabó hoy el breve periodo de vacaciones del Papa en Les Combes, en el Valle de Aosta. A las ocho de esta mañana celebró una Misa con los sacerdotes de la diócesis de Aosta, presididos por el obispo, monseñor Giuseppe Anfossi.



El Santo Padre dijo en la homilía que “todo es gracia”. Comentó el salmo responsorial de la eucaristía de hoy: “¿Cómo daré gracias al Señor por todos sus beneficios? Alzaré el cáliz de la salvación e invocaré el nombre del Señor”.

Recordó Juan Pablo II que son palabras que se adaptan a su estado de ánimo, “la alegría de celebrar junto a vosotros”. Dedicó un saludo a cada uno, dándoles las gracias por ir a Les Combes, “donde estoy -dijo- a punto de concluir esta benéfica estancia entre los montes valdostanos”. Agradeció al obispo “su premurosa cercanía, que he apreciado mucho”, agradeció a la comunidad salesiana, que “con generosidad me alberga en esta casa”. Renovó su gratitud a todos aquellos que “en estos días, de diversos modos, han contribuido a hacer serena mi permanencia”. “Por cada uno -dijo- ofrezco al Señor esta celebración eucarística”.

Comentó a continuación la frase del salmo: “A ti ofreceré sacrificios de alabanza”, afirmando que la eucaristía es el sacrificio de alabanza por excelencia y dijo a los sacerdotes que el presbítero está llamado a convertirse él mismo en un sacrificio de alabanza.

Pasó luego al Evangelio, en que el Señor se lamenta de que los fariseos no han comprendido lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios” (Mt 12,7). Añadió que, en realidad, en la eucaristía se hace presente el misterio de la “Misericordia, revelado y cumplido en la pasión, muerte y resurrección del Hijo de Dios”.

Y acabó subrayando que “todo es gracia” y, en modo singular, lo es la vida del sacerdote. Y les exhortó a que no temieran dedicar tiempo al sacramento de la reconciliación, del que ha dicho que el pueblo de Dios tiene necesidad de redescubrirlo en su misión “humanizante” para lo que les ha recordado el modelo del Cura de Ars.

Al final de la mañana, se encontró con el personal de los servicios de seguridad y les dirigió unas palabras de agradecimiento. “Mi estancia -les dijo- llega a su término y estoy contento de este encuentro con vosotros, que habéis asegurado los diversos servicios: el Servicio de Seguridad pública ante el Vaticano, la Policía Estatal, los Carabineros, la Guardia de Finanzas, el Cuerpo Forestal de la Región, el Cuerpo de Vigilancia de la Ciudad del Vaticano. Os doy vivamente las gracias, porque todos, según vuestras diversas competencias, habéis contribuido a garantizar una vez más una estancia tranquila y serena a mí y a mis colaboradores”.

Aunque breve, añadió, “este periodo de vacaciones, entre los encantadores montes del Valle de Aosta, ha sido provechoso. Me ha permitido gustar intensamente la paz y la amenidad de estos lugares sugestivos. Espero que, aunque ocupados en cumplir vuestros deberes, también vosotros hayáis podido recibir algún beneficio de ello”.

“Pienso -concluyó- en vuestras familias, que las exigencias del servicio os han llevado tal vez a dejar por algún tiempo. Aseguro para ellas una oración para que estén siempre en armonía, sólidas en los valores humanos y cristianos, alegradas por hijos buenos y generosos. Ruego, en especial, por vuestros seres queridos que, por edad o enfermedad, están quizá pasando un momento difícil”.