Monjes argentinos ya no pueden restaurar los libros de la memoria histórica

Benedictinos, dirigen el único centro especializado del país

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CÓRDOBA (ARGENTINA), lunes, 2 febrero 2004 (ZENIT.org).- Los monjes benedictinos del monasterio Nuestra Señora de la Paz, de Calmayo, a 80 kilómetros de Córdoba (Argentina), no pueden continuar con su labor de restauración de libros que mantienen viva la memoria histórica de Argentina.



Se trata del único centro especializado del país en la restauración de libros antiguos y, como constata el diario «La Nación», ahora está cerrado por falta de recursos. Un efecto más de la crisis por las que atraviesa el país.

Durante diez años los religiosos han hecho milagros con documentos de inestimable valor para la historia del país, como el Archivo de la Ciudad de Córdoba, que incluye el acta fundacional de 1573, las actas capitulares y los documentos oficiales hasta 1825, así como los planos de la traza original de la ciudad.

Estos monjes han restaurado los libros del archivo eclesiástico del Arzobispado de Córdoba, el más antiguo de América, y de la Biblioteca Mayor de la Universidad Nacional de esta provincia.

Los monjes ya no reciben subsidios ni ayudas oficiales para desarrollar su tarea, trabajo caro en dinero y en esfuerzo: no sólo exige enorme tiempo, sino también de insumos, en su mayoría importados, como tintas, ácidos, pergaminos, cueros e hilos.

Durante un largo tiempo fue el sector privado el que ayudó a sostener el centro de restauración.

La Fundación Antorchas, por ejemplo, subsidió el pago de algunos trabajos y colaboró en el equipamiento. Una fundación norteamericana colaboró para la restauración de obras de la Biblioteca Mayor de la Universidad Nacional de Córdoba.

Hubo años de trabajo intenso, sigue recordando el diario. Se recuperaron mapas de América realizados hacia 1800 en Francia; se restauraron libros de bautismos y matrimonios que datan de 1641, y no faltaron hallazgos interesantísimos, como los documentos firmados por el marqués de Sobremonte, que se encontraron ocultos dentro de las tapas de un libro.

La situación se complicó últimamente, desde que la Municipalidad se comprometió a pagar por trabajos encomendados y no cumplió. El resultado es que hoy los monjes deben saldar una deuda de unos 40.000 dólares, revela «La Nación».

También otras instituciones públicas que les enviaban trabajo dejaron de hacerlo por la crisis.

Los monjes saben que los tiempos son difíciles, pero no pierden la esperanza de reabrir el taller en el que han puesto tanta dedicación y paciencia, y que durante 10 años les permitió ser autosustentables.