Monseñor Martino, de la ONU al Consejo vaticano para la Justicia y la Paz

Sustituye al fallecido cardenal vietnamita Van Thuan

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CIUDAD DEL VATICANO, 1 octubre 2002 (ZENIT.org).- Después de haber pasado 40 años dando la vuelta al mundo en misiones que van desde Laos, Malasia y Tailandia hasta la sede de las Naciones Unidas, Juan Pablo II nombró este martes al arzobispo Renato Raffaele Martino, nuevo presidente del Consejo para la Justicia y la Paz.



Sustituye al cardenal vietnamita François Xavier Nguyen Van Thuan, fallecido el 16 de septiembre pasado. Había pasado 13 años de prisión en las cárceles comunistas (nueve de ellos en régimen de aislamiento).

En los últimos 16 años, monseñor Martino, que cumplirá los 70 años el próximo 23 de noviembre, ha sido observador de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, participando en primera fila en importantes Conferencias internacionales como la de El Cairo sobre población y desarrollo (1994); la de Pekín sobre la mujer (1995), o la recién celebrada en Johannesburgo sobre desarrollo sostenible.

El recuerdo más inolvidable de todos estos años para el arzobispo ha sido la visita de Juan Pablo II a las Naciones Unidas en octubre de 1995. Tras pronunciar el histórico discurso, el Papa le dijo mientras atravesaban las calles de Nueva York: «¡Se lo he dicho!».

«¿Qué les ha dicho?, Santidad?», le preguntó monseñor Martino. «Que Jesucristo es nuestra motivación», respondió el Papa. «Es lo que tratamos de hacer cada día en nuestro trabajo» en las Naciones Unidas, añadía el arzobispo en una entrevista publicada por Zenit el 9 de enero de 2000.

Monseñor Martino, nacido en Salerno, Italia, tras haberse licenciado en Derecho Canónico, entró al servicio diplomático de la Santa Sede en 1962. Fue enviado a Nicaragua, Filipinas, Líbano, Canadá y Brasil. Después fue nombrado delegado apostólico en Malasia, Laos, y Brunei; y nuncio apostólico en Tailandia.

En Laos, la pequeñísima comunidad católica le recuerda todavía por las visitas que les realizó en pequeñas embarcaciones a través de ríos peligrosos, alentando el renacimiento de la Iglesia que había sido duramente perseguida.

Ha recibido cuatro doctorados «honoris causa» y ha sido condecorado por los gobiernos de Italia, Portugal, Tailandia, Argentina, Venezuela, y el Líbano.

El Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, que ahora preside Martino, creado por Pablo VI en 1967, tiene como finalidad «promover la justicia y la paz en el mundo según el Evangelio y la doctrina social de la Iglesia», según confirmó Juan Pablo II en 1988.

Tarea prioritaria del Consejo es el estudio en vista de la acción. Se orienta, de manera particular, en tres sectores.

Justicia: Entran en este ámbito las cuestiones correspondientes a la justicia social, con los problemas específicos del mundo del trabajo; la justicia internacional, con los problemas relativos al desarrollo y su dimensión social. También anima la reflexión, bajo el perfil ético, de la evolución de los sistemas económicos y financieros, y examina la problemática unida a la cuestión ambiental y al uso responsable en la administración de los bienes de la tierra.

Paz: Encargado de reflexionar sobre los problemas relativos a la guerra, al desarme, a los armamentos y al comercio de las armas, a la seguridad internacional y a la violencia bajo sus diversos y cambiantes aspectos (terrorismo, nacionalismo exacerbado, etc.), el Pontificio Consejo fija también su atención en los sistemas políticos y en el compromiso de los católicos en el campo político. Se encarga también de promover la Jornada Mundial de la Paz.

Derechos del hombre: El Consejo dedica una atención particular a tal aspecto, que ha asumido una importancia creciente en la misión de la Iglesia, subrayada por le magisterio de Juan Pablo.

Entre los últimos textos publicados por el organismo vaticano destacan el «Documento para la Conferencia mundial contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y otras formas de intolerancia» (29 de agosto de 2001); el documento «Comercio, desarrollo y lucha contra la pobreza» (18 de noviembre de 1999); y el documento «Para una mejor distribución de la tierra» ( 23 de noviembre 1997).