Monseñor Reig Pla: 'El aborto no supone ningún progreso para la mujer'

Entrevista con el presidente de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal Española

Madrid, (Zenit.org) Iván de Vargas | 1164 hits

El Consejo de Ministros ha aprobado el pasado viernes el anteproyecto de reforma de la ley que restringe el aborto en España. La nueva norma, presentada por el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, se llamará Ley Orgánica de Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada. Esta medida ha suscitado tantas críticas como apoyos en muy distintos sectores de la sociedad. 

En esta entrevista concedida en exclusiva a ZENIT, el obispo de Alcalá de Henares y presidente de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Mons. Juan Antonio Reig Pla, valora la reforma de la ley del aborto planteada por el Gobierno y explica el significado del gran encuentro de las familias cristianas que tendrá lugar en Madrid este fin de semana. 

¿Qué le parece la reciente reforma de la ley del aborto en España?

-- Mons. Juan Antonio Reig Pla: Según lo anunciado por el Sr. Ministro de Justicia, una ley que va a continuar en ciertos supuestos, permitiendo la muerte de seres humanos inocentes e indefensos no puede ser recibida como una buena noticia. El aborto, como recuerda el Concilio Vaticano II es un “crimen nefando”  (Gaudium et spes, 51). Del mismo modo nos lo recordaba el Beato Juan Pablo II (Evangelium vitae, 58), quien además hablaba de una “objetiva conjura contra la vida” (Ev 17) y nos advertía de que “estamos ante lo que puede definirse como una estructura de pecado contra la vida humana aún no nacida” (Ev 59). El mismo Papa Francisco, en su Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, nos ha dejado esta respuesta contundente: “Quiero ser completamente honesto al respecto. Este no es un asunto sujeto a supuestas reformas o “modernizaciones”. No es progresista pretender solucionar los problemas eliminando una vida humana” (EG, 214).

Calificando el anteproyecto anunciado como una ley “inicua”, hay que reconocer, sin embargo, que es menos mala que la ley actual promovida por el Gobierno anterior y que defendía el aborto como un derecho de la mujer. Situados en el contexto europeo, esta ley, si llega a aprobarse, marcará un cambio de rumbo en el proceso ascendente de la promoción del aborto. Este es un signo, unido a las dos últimas votaciones del Parlamento Europeo y a la campaña “Uno de nosotros”, que contribuye a promover una mayor defensa de la vida humana. A mi modo de ver es este un momento histórico muy interesante que, si lo vivimos con lucidez, nos puede encaminar a promover, entre todos, una verdadera cultura de la vida. Hacia este objetivo deberían encaminarse todos los esfuerzos políticos y de cuantos contribuyen a gestar una sociedad más digna.

¿Es el aborto un derecho?

-- Mons. Juan Antonio Reig Pla: No, en absoluto. Afirmar el aborto como un derecho es afirmar un concepto de libertad despótico. Sería legalizar la lucha de los poderosos contra los débiles. El concebido no nacido es un ser humano indefenso que merece toda la protección del derecho. Un Estado que favorece una ley que garantiza la práctica del aborto como un derecho es un Estado totalitario que socava los principios más elementales de la justicia. Un  Estado así no merecería llamarse “Estado de derecho”. La vida en sociedad no se organiza para la destrucción de los inocentes e indefensos sino para la protección de todos;  particularmente los más débiles. Del mismo modo la medicina no está para promover la destrucción de la vida humana. Con el aborto no se cura ninguna enfermedad. El aborto es la muerte de un ser humano que produce sus secuelas en la madre. No reconocerlo así forma parte de la hipocresía social.

¿No  debe considerarse la legalización del aborto como una muestra de progreso?

-- Mons. Juan Antonio Reig Pla: Se puede hablar de progreso cuando se encamina la vida hacia el bien y la plenitud humana. Legalizar el aborto es todo lo contrario: es afirmar el mal como bien, es afirmar como justicia la eliminación de inocentes. Tampoco el aborto supone ningún progreso para la mujer. Quienes hablan así no conocen el alma humana y quieren silenciar el profundo sufrimiento que acompaña a la madre que aborta y a sus familiares. Quienes por el propio ministerio sacerdotal conocemos tantos dramas vinculados al aborto no podemos callar. El aborto es la peor de las injusticias que destroza también a las mujeres. Sólo la misericordia de Dios es capaz de rehacer lo que destroza el aborto. Por eso hemos de apoyar a las madres, no juzgarlas, y hacer de la Iglesia el verdadero hogar de la misericordia. Dios es más poderoso que la muerte y no se avergüenza de ninguno de nosotros.

Muchos consideran que la defensa de la  vida del no nacido es una cuestión ideológica, una imposición de la Iglesia ¿Cuál es su valoración al respecto?

-- Mons. Juan Antonio Reig Pla: La ideología está en quienes promueven el aborto. Hoy gracias al progreso de la biología y la genética sabemos más sobre el inicio de la vida humana y su desarrollo. Desconocer estos datos es ponerse de espaldas a la realidad y no querer afrontar el cuidado de toda vida humana. La luz de la fe lo que añade es el reconocimiento del carácter sagrado de la vida humana. La fe cristiana nos enseña que todo ser humano, más allá de sus capacidades, es creado a imagen y semejanza de Dios, es hijo de Dios. Es más, Jesucristo resucitado está presente en cada uno de nosotros y nos invita a reconocerle. Por eso el cristiano tiene una luz más poderosa para reconocer la dignidad de toda vida humana. Sin embargo, en este tema es suficiente la luz de la razón y la recta conciencia moral en la que está escrito el mandamiento: ¡No matarás!

¿Hay alguien interesado en que se difunda la llamada cultura de la muerte?

-- Mons. Juan Antonio Reig Pla: Como he recordado antes el Beato Juan Pablo II hablaba de una “objetiva conjura contra la vida que ve implicadas incluso a instituciones internacionales dedicadas a alentar y programar auténticas campañas de difusión de la anticoncepción, la esterilización y el aborto. Se trata, dice el Papa, de amenazas programadas de manera científica  y sistemática” (Evangelium vitae, 17).

En el fondo se vuelve a cumplir lo que lúcidamente profetizó San Agustín cuando hablaba de las dos ciudades: la ciudad de Babilonia, que se edifica desde el egoísmo, desde el amor a sí mismo y el desprecio de Dios; y la ciudad de Dios, que se construye desde el amor de Dios que pasa por el desprecio de nuestro egoísmo.

Frente a quienes quieren disminuir la población con el aborto, frente a quienes quieren acabar con la pobreza eliminando a los pobres,  frente a quienes propugnan  su autonomía radical afirmando el derecho a destruir  a inocentes, frente a quienes defienden una libertad que les da derecho a matar a los débiles e indefensos, existe otro modo de vivir. La de aquellos pobres que viven con alegría su dependencia amorosa de la sabiduría de Dios, aquellos que reconocen el carácter sagrado de toda vida humana y confían en la gracia de Dios para construir día a día con esperanza su matrimonio y abrirse generosamente a la promoción de la vida humana. En esta ciudad sabemos de nuestra pobreza y debilidad, pero confiamos en la omnipotencia de Dios. Por eso miramos con ojos de misericordia a todo ser humano y, sin juicio, quisiéramos acoger a todos los niños y a las madres que se ven tentadas a abortar.

¿Qué mensaje tiene la Iglesia en España para una sociedad donde los datos estadísticos y la legislación sobre la familia y la vida -el divorcio, uniones homosexuales, aborto, descenso de la natalidad, etc.- no invitan al optimismo?

-- Mons. Juan Antonio Reig Pla: El Evangelio de la Iglesia es siempre el mismo: Jesucristo. En Él está  depositada toda nuestra esperanza. Por mi experiencia conozco bien cómo la gracia de Jesucristo y el apoyo de la Iglesia son capaces de rehacer cualquier situación humana. La Iglesia tiene una palabra específica para los jóvenes, de manera que, con una buena educación afectivo-sexual, aprendan a amar. La Iglesia acompaña a los matrimonios a través de la comunidad cristiana, los movimientos familiares, escuelas de padres, etc. La Iglesia acompaña, a través de los Centros de Orientación Familiar, a cuantos tienen dificultad en su matrimonio o con sus hijos, acompaña con particular acogida a los que sienten una atracción a su mismo sexo, a las madres que han abortado; acompaña a los que carecen de lo necesario a través de Caritas y tantas organizaciones eclesiales que acogen cualquier sufrimiento humano, etc.

El mensaje de la Iglesia en España es un mensaje de esperanza. Si edificamos la casa sobre la roca que es Cristo es posible mantener la fidelidad conyugal, es posible abrirse generosamente a la vida, es posible superar cualquier tipo de dificultades. La belleza de la Iglesia es que formamos un pueblo que se sabe acompañado por la misericordia de Dios que toma cuerpo en el amor entre los hermanos. Jesucristo es nuestro maestro que nos enseña a amar. Él es el médico que cura todas las enfermedades, incluida la muerte. Con Él se puede vivir con esperanza y construir una cultura que privilegie el amor y la vida.

¿Cuál es el significado de la gran celebración de la Sagrada Familia en Madrid?

-- Mons. Juan Antonio Reig Pla: El encuentro de las familias cristianas en Madrid quiere visibilizar que es posible vivir de una manera diferente. Que con Cristo es posible vivir la vocación al amor, la grandeza de la maternidad y la paternidad. La alegría de las familias cristianas reunidas todos los años en la Plaza de Colón es un signo de lo que puede ser nuestra sociedad. Familias fuertes y sanas dan como fruto una sociedad sana. Caminar por esta senda es el máximo bien social para España y es nuestra mejor contribución a Europa. El acompañamiento del Papa Francisco desde Roma contribuye a tomar conciencia de la catolicidad de la Iglesia.

¿Es razonable pensar que un día la vida y la dignidad humana se respetarán desde la concepción hasta la muerte natural?

-- Mons. Juan Antonio Reig Pla: Mientras dure este mundo no desaparecerá el combate y la lucha entre el bien y el mal. Los que, sin mérito alguno, hemos recibido el don de la fe sabemos cuál es el desenlace final: la victoria de la vida sobre la muerte, la resurrección y la vida eterna. Esta convicción nos ayuda a afrontar cualquier tipo de dificultad. No nos preocupan las derrotas porque conocemos la victoria final. Saber que la vida no es un fracaso es lo que estimula a nuestros matrimonios a abrirse ala vida. El destino de todo ser humano es gozar de Dios y de la belleza del cielo por toda la eternidad. Es la atracción del cielo y el conocimiento de Dios lo que impulsa a cada cristiano a promover la cultura de la vida.

En estos momentos es decisivo el testimonio de las familias cristianas en España, como es decisivo que la cultura de la vida esté presente en todas las parroquias y organizaciones eclesiales o de inspiración cristiana. Hemos de reconocer que tanto en el ámbito civil como en el eclesial se ha avanzado mucho en estos últimos años. La presencia del proyecto Raquel, los grupos parroquiales provida, las distintas asociaciones y foros que promueven la belleza de la familia y el bien de la vida humana son todo un signo de esperanza. Todo ello nos mueve a trabajar para que un día, Dios lo quiera, el seno de nuestras madres sea el lugar más seguro para iniciar el camino de la vida y la familia sea el hogar donde poder nacer, vivir y morir. Realizar todo el bien no depende de nosotros, es superior a nuestras fuerzas. Lo que el Señor nos pide es que no pongamos nuestra mano en el mal.