Monseñor Sanz: El Papa nos invitó a devolver la alegrí­a desde la misericordia de un Dios cercano

Entrevista con el arzobispo de Oviedo, monseñor Jesús Sanz Montes, en Roma para la Visita Ad Limina de los obispos españoles

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) Rocío Lancho García | 472 hits

El papa Francisco recibió este lunes a los 83 obispos españoles que durante estos días están realizando la Visita Ad Limina. Desde el día 28 de febrero y hasta el 8 de marzo, los  prelados españoles irán visitando al Santo Padre y los dicasterios de la Santa Sede en grupos por provincias eclesiásticas. Monseñor Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo, visitó al Papa con su grupo el lunes día 3. ZENIT lo ha entrevistado para conocer más detalles sobre los encuentros con el Santo Padre y los dicasterios así como de la familia, los jóvenes, los ancianos... Temas que han abordado estos días.

¿Cómo fue para usted el encuentro con el Santo Padre?
--Monseñor Sanz: En el encuentro con la provincia eclesiástica de Oviedo, hay algo que todos hemos subrayado: la cercanía, la cordialidad y la alegría con la que al final salíamos de este encuentro con el Papa. No es un encuentro formal donde vienes a dar cuentas de un informe que previamente has presentado, sino un encuentro con un hermano mayor, el Santo Padre, donde él te pregunta qué preocupaciones existen y las comentamos juntos. Comenzamos con una breve oración y terminamos con el rezo del Ángelus. Estaba enmarcado en un encuentro fraterno, hondamente religioso, de hermanos que piden al hermano mayor, que es el sucesor de Pedro, le piden una palabra de aliento y luz, y es lo que todos hemos subrayado.

Cada uno fuimos presentando nuestras preocupaciones, como puede ser la falta de vocaciones, una situación de un clero a veces envejecido, cansado; pero también con el rebrote lleno de esperanza que íbamos apuntando cuando él nos preguntó '¿cuántos seminaristas tienen ustedes?' Y yo puedo decir, dando gracias a Dios, que tengo 30 seminaristas y hay un repunte vocacional lleno de esperanza.

¿Qué temas le planteó usted?
--Monseñor Sanz: Yo le hice una pregunta al hilo de mi condición de franciscano. Le dije, 'Santo Padre, san Francisco acertó a vivir el cristianismo como hijo de Dios, hijo de la Iglesia e hijo de su tiempo. Y son tres características que hacen de ese modelo de santidad algo concreto y que además es contemporáneo. Quizá nosotros, más personalmente y en el acompañamiento a nuestro pueblo, no tenemos dificultades en vivir como hijos de Dios y de la Iglesia, pero sí como hijos de nuestro tiempo. Nos encontramos con posturas del nostálgico que tiene añoranzas -litúrgicas, culturales, pastorales o políticas-, están los utópicos que imponen sus fantasías también litúrgicas, culturales, pastorales y políticas; y en medio hay gente que quiere que le dejen en paz en su mediocridad adquirida. Ante esto, ¿cómo ser pastores que acompañan a un pueblo que quiere ser hijos de Dios, de la Iglesia y de nuestro tiempo?'

¿Qué le respondió el Santo Padre?
--Monseñor Sanz: El Papa me dio una respuesta larga, rica en matices y disfruté por la sabiduría que encontré en sus palabras. Fue muy concreto, me dijo 'tienes que estar cerca de los jóvenes, especialmente de los heridos por el relativismo moral, las ideologías, que sufren la lacra del paro laboral, que se sienten no acompañados sino usados y tirados'. E hizo el siguiente inciso 'al menos a estos jóvenes, con todo lo que a veces lamentamos, les dejaron nacer, a otros no', como un apunte sutil al tema del aborto sobre el que volvió después.  En segundo lugar se refirió a los ancianos y dijo que ellos tienen la sabiduría de la experiencia vivida, de la que tenemos tanto que aprender. Los abuelos están siendo un muchos casos los transmisores de la fe, hay una generación que en cuanto a la fe, o está dormida, confusa o está alejada. Y esos niños y jóvenes encuentran en los abuelos una referencia religiosa y cristiana en particular.

¿Qué otros temas trataron durante el encuentro?
--Monseñor Sanz: La familia fue otro tema sobre el que él incidió. Particularmente en un momento de precariedad, y en esta crisis que no es solamente económico sino también moral, nos invitó estar cerca de las familias que peor lo están pasando. Él uso la expresión del 'descarte' y hablaba de un mundo insolidario y egoísta que descarta lo que no le cuadra: la vida que no se la deja nacer, al anciano y se le mata anticipadamente, al joven impidiendo que crezca. Y dijo algo que me impresionó 'nadie se atreve a publicar las estadísticas de los suicidios en los jóvenes'.
También nos dijo que tenemos que devolver la alegría a este mundo desde la misericordia de un Dios que es cercano, no se espanta y no se escandaliza.
Fue un encuentro en un contexto fraterno, cordial e incluso con una chispa de humor porque el Santo Padre nos contó un par de chistes que le reímos con ganas, porque el Papa cuando habla es simpático. Es una persona que escucha, entiende, no elude la pregunta, la respuesta es perfectamente comprensible y abre un horizonte donde te vas con una luz.

Varios obispos en estos días han comentado esa sensación de encuentro entre el "hermano mayor con los hermanos menores" ¿Cómo explicaría esta impresión tan común entre ustedes?
--Monseñor Sanz: Es que esta es la experiencia que vivimos. Cuando me vi con el papa Juan Pablo en mi primera Visita Ad Limina, él estaba ya terminando su peregrinación en la tierra, pero la sensación en medio de esa humanidad tan consumida por entregada a Dios, a la Iglesia y al mundo, se experimentaba lo mismo. No es el gracejo de una palabra, ni el tono argentino que te seduce o encanta; es la humanidad que llena de ternura, sabe mirarte, acogerte, escucharte y si puede, decirte algo. Con Juan Pablo II apenas pudimos hablar, hablaba yo y él asentía con palabras breves. Y con Benedicto es la misma sensación cuando me he visto con él varias veces, la misma sensación con otro tipo de ropaje y de circunstancia; pero me he sentido también escuchado, acogido, acompañado, animado por alguien que me quiere y le interesa mi vida y lo que hago. Con diferentes papas, distintos entre ellos, es Jesús el que confía a Pedro el confirmar la fe ante los hermanos. Con los tres he experimentado que mi fe, mi esperanza y mi caridad eran confirmadas.

El Santo Padre les habló de estar cerca de los jóvenes, ¿cómo afrontar esta pastoral en una sociedad en la que algunos jóvenes viven un tanto desencantados con la Iglesia?
--Monseñor Sanz: Yo entiendo que ese desencanto, esa especie de indeferencia o sospecha llena de prejuicios hacia la Iglesia, en parte es la consecuencia de algo no inocente; sino que responde a una campaña que tiene su particular libro blanco y que da sus frutos. Es decir, si se está continuamente desde algunos medios de comunicación, algunas insidias políticas, señalando los pecados reales o ficticios de la Iglesia, y la única cara que aparece en estos escenarios es una cara poco amable, de corrupción, de violencia o desenfreno llega un momento en el que eso provoca el desinterés, la indiferencia e incluso la beligerancia más hostil.
En segundo lugar, el joven por naturaleza y edad vive a flor de piel todas las rebeldías. Yo siempre he dicho que Dios se hizo bebé cuando nacisteis y Dios con vosotros es rebelde también. Pero la rebeldía hay que enfocarla bien: el joven tiene un sinfín de preguntas a las que no acaba de encontrar respuestas y se siente engañado o chantajeado y decide no creer en nada ni en nadie. Siempre digo que al joven hay que acompañarle en sus preguntas, no anticiparle con nuestras respuestas, sino escuchar. El escritor Rainer Maria Rilke, decía que para entender la respuesta hay que amar previamente la pregunta. Yo entiendo que la Iglesia tiene esta preciosa responsabilidad de ayudar a amar la pregunta sabiendo que la respuesta única y última es Jesucristo.

¿Cómo evaluaría las visitas a los distintos dicasterios de la Curia durante la visita Ad Limina?
--Monseñor Sanz: Nosotros venimos de una realidad muy concreta -una diócesis- y venimos a llamar a la puerta a la Santa Sede en sus distintos dicasterios que ayudan sectorialmente al Santo Padre. Cuando nos abren la puerta, nos asomamos a un horizonte que es inmenso. Creo que esta conjunción de lo concreto y lo universal nos permite valorar con inmensa gratitud y aprender mucho. Venimos con incertidumbres o propuestas y aquí te llega el testimonio de la Iglesia universal.