Monseñor Van Thuân y Gorbachov recuerdan al «alcalde santo» de Florencia

Los dos ponen a Giorgio La Pira como modelo para la política de hoy

| 539 hits

ROMA, 7 nov (ZENIT.org).- El arzobispo François Xavier Nguyên Van Thuân, presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, y Mijaíl Gorbachov, último presidente de la unión soviética, han recordado el vigesimotercer aniversario de la muerte de Giorgio La Pira, ex alcalde de Florencia cuya causa está en proceso de beatificación.



El encuentro tuvo lugar el domingo, 5 de noviembre por la tarde, en la Facultad Pontificia «Auxilium» de Roma. La iniciativa se debió gracias a una providencial coincidencia. En ese mismo día, Juan Pablo II celebró con doce mil parlamentarios y gobernantes de todo el mundo el Jubileo de los Políticos. El ex secretario del Partido Comunista Soviético participó en el acto como un peregrino más.

En la celebración en recuerdo del «alcalde santo», el arzobispo vietnamita Van Thuân recordó que conoció personalmente a La Pira en Roma, en 1956 y confesó que mantiene todavía en su corazón el testimonio de devoción eucarística del «profesor».

«Este testimonio --dijo-- me sirvió de apoyo en los trece años de cárcel, pues la Eucaristía fue la única que me dio la fuerza para resistir. En los días de desaliento, pensaba con frecuencia en La Pira y en su testimonio».

Mijail Gorbaciov, por su parte, afirmó que el ejemplo de La Pira mantiene hoy una gran actualidad: supo conjugar los máximos niveles de ética con la competencia política. Ahora bien, añadió Gorbachov, no se pueden comprender las proféticas intuiciones de La Pira si no se tiene en cuenta su extraordinaria fe cristiana.

Giorgio La Pira (1904-1977) fue un jurista y político, diputado del partido de la Democracia Cristiana en la asamblea constituyente que redactó la actual constitución italiana tras la segunda guerra mundial. Más tarde fue elegido alcalde de Florencia durante diez años (1950-156 y 1960-64).

Miembro de la tercera orden de los dominicos, La Pira concebía la política como el ámbito privilegiado para la realización de obras de caridad evangélicas. Las dos prioridades de su acción política eran la lucha contra el desempleo y la promoción de la paz. En este sentido, cultivó buenas relaciones con líderes políticos de los dos bloques de la época (el occidental y el comunista).