Mujeres católicas no buscan el sacerdocio, sino apertura al «genio femenino»

Intervenciones de dos «auditoras» ante la asamblea general

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CIUDAD DEL VATICANO, 7 octubre 2001 (ZENIT.org).- Las mujeres católicas consideran que el sacerdocio no es el camino al que Dios les llama, pero han hecho un enérgico llamamiento en el Sínodo de los obispos a que la Iglesia católica se abra más aún al «genio femenino».



La propuesta llegó con las aportaciones de los primeros «auditores» laicos de esta décima asamblea mundial del Sínodo de los obispos, que se celebra en el Vaticano del 30 de septiembre al 27 de octubre.

Entre ellos, este sábado, tomó la palabra María Christina Noronha de Sá, quien trabaja desde hace treinta años con los niños de la calle de Río de Janeiro, como directora de la Pastoral juvenil de esa arquidiócesis.

«Nosotras, mujeres, no queremos el sacerdocio ni pretendemos un conflicto de poder --aclaró la señora Noronha de Sá--. Queremos ofrecer nuestra sensibilidad y vivir la aventura de la comunión, enriqueciendo la misión común de la Iglesia, de la que los obispos, con el Santo Padre, son maestros, sacerdotes y pastores»

Prueba de la aportación del «genio femenino» a la vida de la Iglesia, fue la experiencia que expuso esta mujer tra años en las peores calles de la metrópoli carioca.

«La humanidad más divina está custodiada en el corazón de estos niños --constató--. Allí la Iglesia cumple con su tarea profética, junto a todos los que nacen en los pesebres de las calles del mundo».

Por este motivo, Noronha de Sá pidió transcender «la dicotomía entre asistencia y cambio social», a través del anuncio de la auténtica «conversión»

«El hombre y su salvación son parte integrante del designio de Dios --aclaró--. Ya no es posible anunciar su nombre sin proclamar la vocación humana. Cada quien debe ser causa de felicidad y salvación para el otro».

La religiosa india Mary Sujita Kallupurakkathu, superiora general de las Hermanas de Nuestra Señora, también pidió este sábado a los obispos que sean consecuentes con la «importancia excepcional conferida incesantemente por el Santo Padre al "genio femenino"».

«Las religiosas deben ser vistas y aceptadas como algo más que mano de obra de la Iglesia», afirmó.

«La Iglesia del tercer milenio vibrará con nuevo vigor y esperanza si se mira con los ojos de las mujeres», continuó diciendo.

«Que nuestra Madre Iglesia siga encontrando expresiones concretas de confianza hacia sus propias hijas para la potenciación de toda la Iglesia», concluyó.