Nace una abadía cisterciense en la secularizada República Checa

Fundada por jóvenes monjes checos procedentes de Francia

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SEPT-FONS, 17 diciembre 2001 (ZENIT.org).- La República Checa, uno de los países más secularizados del mundo, con una práctica religiosa que en algunas zonas es del 1 por ciento es testigo del nacimiento de una nueva abadía cisterciense.



La iniciativa surgió en el monasterio cisterciense francés, Sept-Fons, en Allier, fundado en la época de San Bernardo registra desde hace algunos años un fuerte aumento de vocaciones.

Más de cuarenta de los setenta y seis monjes son jóvenes (o más bien jovencísimos). Buena parte proceden del Este europeo. De este modo, Sept-Fons está fundando un nuevo monasterio en Novy Dur, en los Sudetes, República Checa.

Todo comenzó cuando hace diez años, tras la caída del Muro, tocó a la puerta de la abadía francesa un grupo de jóvenes checos. Los guiaba un sacerdote, el padre Martin, vicario de Brno en Moravia, que tenía un sueño: fundar un monasterio de vida contemplativa en su país donde el comunismo había suprimido todos los conventos. Ahora, el sueño se hace realidad.

El monasterio se pierde en medio de los extensos campos del Allier, donde se ven rebaños y algunas casas de campo aisladas. Un muro encierra las noventa hectáreas de la abadía cisterciense de Sopt-Fons. Fue fundada por dos miembros de la familia de San Bernardo, Guollermo y Ricardo de Montbard en 1132. Aquí muchos novicios tienen poco más de 20 años. Vienen de Francia, España, Senegal y del Este de Europa.

La nueva abadía que está siendo construida en la República Checa nace con el nombre de Nuestra Señora de Novy Dur.

El padre Jeremías tiene 28 años y proviene de la República Checa. Sonríe a quien le pregunta por qué crear un monasterio en una de las zonas religiosamente más frías de la República Checa: «No hay explicación. O hablas de la casualidad o hablas del espíritu de Dios».

Su hermano, el padre Georges, estaba en el grupo de los primeros que llegaron a Sept-Fons en 1991, junto al padre Martin, tras haber recorrido ocho monasterios en Italia y Francia para pedir que fueran a su país a fundar un monasterio. Y todos le respondían que era imposible.

Cuando llegó a Sept-Fons con sus cuatro compañeros el padre abad lo escuchó y no le dijo ni que sí ni que no. Le dijo sencillamente: «Si quieres recibir el hábito, si tus compañeros quieren recibirlo, permaneced aquí y vivid con nosotros. Si un día ha suficientes hermanos checos, pensaremos en fundar el monasterio».

Hoy el padre Martin, monje trapense, está en Novy Dur para fundar su abadía. Con él está el padre George uno de los jóvenes que lo acompañaban en el viaje. Actualmente son quince los hermanos o novicios de origen de Chequia, Eslovaquia y Moravia en Sept-Fons que irán a Novy Dur.

El padre Jeremías cuenta que, de niño, no sabía ni siquiera ni qué eran los cistercienses. «La fe me la transmitieron los abuelos. Iba a la iglesia, no estaba prohibido, pero estábamos todos vigilados. Todos sabían que éramos creyentes. Estábamos fichados, a menudo nos reprochaban nuestra fe».

A pesar de ello, tras la caída del Muro han surgido mucha vocaciones en Moravia y en Eslovaquia. En cambio en los Sudetes, en Novy Dur, una dramática historia de deportaciones de la población local por parte de los alemanes ha borrado toda memoria.

Ahora, la abadía de Nuestra Señora de Novy Dur quiere ser un foco de renacimiento del cristianismo en esta zona que se ha convertido en un desierto para la fe.