Nacida para ser la Madre del Redentor

Catequesis para la familia, semana del 9 de septiembre de 2013

Toledo, (Zenit.org) Luis Javier Moxó Soto | 760 hits

Es curioso que esta semana comience con la fiesta de la Natividad de la Bienaventurada Virgen María (día 8), y la próxima lo haga con la memoria de Nuestra Señora de los Dolores (día 15), después de la fiesta de la exaltación de la Santa Cruz (día 14). Del nacimiento inmaculado a la participación en la redención de Nuestro Señor. A María la vamos a tener muy presente también en la memoria del día 12, que celebramos el Santísimo (o dulcísimo) Nombre de María, donde nos dice el martirologio “En este día se recuerda el inefable amor de la Madre de Dios hacia su santísimo Hijo, y su figura de Madre del Redentor es propuesta a los fieles para su veneración.”

El Evangelio dominical nos explica la unidad entre el discipulado y la cruz: “Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío” (Lc 14, 27). La Virgen María es la primera discípula y también la Dolorosa al pie de su hijo crucificado. Por eso, en esta semana tenemos la gran ocasión de aprender y recordar lo que significa cargar con nuestra cruz e ir tras Jesús con una Maestra singular: María. Desde su nacimiento, lleva la cruz cada día, medita la Palabra de Dios en su corazón, luego encarnada en Su Hijo, nacida en su seno, la sigue y medita para ponerla por obra.

¿Qué sentido tiene nuestra vida, que hayamos nacido, si no es para dar la vida, como María, a los pies de la cruz de Cristo, Nuestro Redentor? El mundo nos podrá llenar de cosas que nos podrán tentar y distraer, pero donde podrá cumplirse nuestra vocación no será en tener o no cosas, en disfrutar o no de privilegios, fama, poder y dinero. Eso no va a determinar nuestra felicidad o desazón, ni tan sólo un instante. Sólo corresponde a nuestro corazón, a nuestra vida, desde su comienzo hasta su fin, Su Presencia excepcional, misericordiosa y salvadora. Sólo nos bastan Su Gracia y Su Amor.

¿Por qué es importante que recordemos la importancia de la cruz, de cargar con ella, de ayudar al Señor a llevarla? San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia, cuya memoria hacemos el día 13, nos dice: “Que nadie se avergüence de los símbolos sagrados de nuestra salvación [...]; llevemos más bien por todas partes, como una corona, la Cruz de Cristo. Todo, en efecto, entra en nosotros por la Cruz. Cuando hemos de regenerarnos, allí está presente la Cruz; cuando nos alimentamos de la mística comida; cuando se nos consagra ministros del altar; cuando se cumple cualquier otro misterio, allí está siempre este símbolo de victoria. De ahí el fervor con que lo inscribimos y dibujamos, en nuestras casas, sobre las paredes, sobre las ventanas, sobre nuestra frente y en el corazón. Porque este es el signo de nuestra salvación, el signo de la libertad del género humano, el signo de la bondad de Dios para con nosotros (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilía sobre S. Mateo, 54).

Le pedimos a la Madre de Nuestro Redentor en esta semana que nos ayude a saber llevar la cruz de cada día, siguiendo así a Jesucristo, siendo en verdad discípulos suyos.