Nada de cruces, somos ingleses

Crece el número de casos de cristianofobia rastrera en el país

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ROMA, martes 19 de abril de 2011 (ZENIT.org).- La lista de personas que terminan teniendo problemas judiciales o son multados en Gran Bretaña, sólo porque desean vivir según los dictados de la propia fe cristiana, está haciéndose más larga. Después de asuntos como el de la dependiente copta de la compañía British Airways, Nadia Eweida, del psicoterapeuta y consejero matrimonial Gary MacFarlane, de la pareja de hoteleros cristianos Peter y Hazelmary Bull, o de la pareja cristiana de origen jamaicano Eunice e Owen Johns (por nombrar algunos), los medios de comunicación ingleses han informado de un nuevo ejemplo de cristianofobia rastrera o – en este caso – “fobia a la cruz o cruzfobia”. El Mail on Sunday, el 17 de abril, dedicó más atención a lo sucedido.

Una de las cooperativas constructoras más grandes de Gran Bretaña, la Wakefield and District Housing (WDH), con sede en Castleford, al sureste de Leeds, en Yorkshire occidental, abrió un expediente disciplinario contra uno de sus dependientes – Colin Atkinson –, porque se niega a quitar una discreta y sencilla cruz hecha con hojas de palma, del parabrisas de la furgoneta de la empresa. Atkinson, que fue contratado en 1996 como electricista de la cooperativa, que también recibe dinero público, está a punto de ser despedido por un “grave error profesional”, a pesar de un historial de servicios impecable.

“Los últimos meses han sido increíbles, una pesadilla”, dijo Atkinson. “He trabajado en las minas de carbón y presté servicio en el ejército en Irlanda del Norte y nunca he soportado tanto estrés como ahora. El trato a los cristianos en este país se está convirtiendo en diabólico. Es lo políticamente correcto llevado hasta el extremo”, así declaró Atkinson, de 64 años, que con su segunda mujer Geraldine frecuenta la Pentecostal Destiny Church en Wakefield. Pero el hombre no pretende huir. “Nunca me he sentido tan motivado antes. Estoy decidido a luchar por mis derechos. Si me despiden, que así sea. Pero lucharé por mi fe”, dijo al Mail on Sunday. “(Nosotros) los cristianos – sostiene – estamos llamados a vivir públicamente nuestra fe”.

Los problemas del señor Atkinson empezaron el año pasado, cuando los responsables de la empresa, que tiene casi 1.500 dependientes y gestiona más de 30.000 casas en el área de Wakefield, han pedido a sus dependientes que no muestren la cruz en el parabrisas del camión, aunque durante años no han dicho nada parecido. Según los directores de la cooperativa, la cruz podría ofender a la gente o dar a entender erróneamente que se trata de una “organización cristiana”. Como explicó la responsable de la igualdad y la diversidad del interior de la cooperativa, Jayne O'Connell, “la sociedad WDH tiene una línea de conducta de neutralidad. Tenemos ahora fes distintas, nuevas culturas que aparecen. Debemos ser respetuosos con todas las confesiones y puntos de vista”, afirmó O'Connell.

El electricista ha rechazado con decisión todos estos temores. En todos estos años “nunca he observado una reacción negativa o recibido una queja”, dijo al Mail. Incluso, continuó Atkinson, “tengo buena relación con la gente y tengo muchos amigos de otras fes, incluso un sikh y un hindú”.

Como observó el Daily Mail en su edición dominical, el caso es increíble. El director del almacén de la WDH en Castleford, del que depende Colin Atkinson, decoró sin problemas su oficina con un manifiesto del famoso revolucionario argentino Che Guevara (1928-1967). Además, la cooperativa es un promotora convencida de políticas llamadas "inclusive", participa con puestos y quioscos en manifestaciones para los derechos de los homosexuales, apoya la causa de los “transgender” y permite a sus dependientes llevar símbolos religiosos, por ejemplo el turbante de los sikh. Además, respondiendo a una pregunta concreta del representante sindical de Atkinson, Terry Cunliffe, O'Connell declaró que no tendría ningún problema si una dependiente suya llevara un burka con los colores de la empresa, considerándolo una pieza de ropa “discreta”. Lo importante es que la mujer trabaje bien, dejó entender la responsable.

La acción contra Atkinson empezó con una carta anónima “maliciosa” y “llena de grandes mentiras”, que provocó el pasado diciembre un cambio en el reglamento interno sobre el uso de los vehículos de la empresa. La versión “actualizada” - revela el Mail on Sunday- impone quitar todos los símbolos personales de los coches y furgonetas de la sociedad. “La única conclusión a la que he llegado es que han quitado los obstáculos para ponerme a mí en su objetivo”, explicó Atkinson, que ha declarado sentirse “a prueba” por su fe. Según el electricista, el movimiento de la empresa “está provocado por el miedo a ofender a las minorías étnicas”.

Atkinson tiene el apoyo de muchos compañeros y de su representante sindical, Cunliffe, que declaró que la asociación constructora “está llevando su política de los políticamente correcto hasta límites insospechados”. “La compañía está usando la maza para aplastar a una pequeña nuez. Es una medida completamente desproporcionada la de que una persona arriesgue su despido por haber mostrado un discreto símbolo religioso”, dijo.

También el Christian Legal Centre apoya la batalla del “soldado” Atkinson. En un comunicado publicado el domingo en la web de la asociación, la administradora delegada Andrea Minichiello Williams describió a Atkinson como “un hombre respetable y trabajador”. Según Minichiello Williams, el asunto tiene trazas de “algo profundamente no liberal y notablemente intolerante”. “¿Este es el tipo de sociedad en el que el público británico desea vivir?”, se preguntó. “La cruz es un símbolo del profundo amor de Dios por todos nosotros. No debe ser una cosa de la que avergonzarnos”, añadió.

Para el Mail on Sunday, el tema está claro. Aunque la empresa del señor Atkinson proclama su imparcialidad o neutralidad, “de hecho no es así”. “Cuando justo el Domingo de Ramos, un hombre honrado es perseguido por manifestar sobriamente su fe con una cruz de palma, esta historia empieza a parecerse a una persecución” (17 de abril).

Por Paul De Maeyer. Traducción de Carmen Álvarez