Navidad en La Taraumara: Un grito para ver a Cristo en los pobres

Carta de monseñor Rafael Sandoval Sandoval M.N.M.

| 1114 hits

GUACHOCHI, jueves, 14 diciembre 2006 (ZENIT.org-El Observador).- Mediante un vibrante mensaje de Navidad, el obispo de Tarahumara, Rafael Sandoval Sandoval, ha recordado a los católicos dónde vive hoy y quién es Cristo-pobre en México.



La región de la Tarahumara se encuentra en los altos de la sierra de Chihuahua, estado norteño de México, y los habitantes de esta etnia enfrentan las condiciones de pobreza más agudas del país; con temperaturas que en invierno suelen llegar a los 20 grados centígrados bajo cero, los indígenas tarahumaras viven en niveles de mera subsistencia.

Publicamos la versión completa del mensaje navideño de monseñor Sandoval Sandoval, obispo de la Tarahumara.

Navidad en la Tarahumara



¡Qué diferente la Navidad por acá! No hay tiendas alumbradas ni dinero para comprar regalos. No se hacen brindis ni se adornan arbolitos artificiales. Nadie sale en los periódicos. Sólo se siente el frío invernal y el frío del poco interés de gobierno e Iglesia hacia esta tierra.

Por acá parece que no pasa nada, sólo el tren. Ahí, en un pueblito, alguien lanza una bolsa de basura. Dos inditos se lanzan al mismo tiempo que dos perros para ver si encuentran algo de comer. ¡Esa es la Navidad por acá!

Pero el silencio no violento de los tarahumaras, aunque en la Sierra también hay mestizos muy pobres, puede ayudarnos a entender la verdadera y profunda vivencia de este misterio que sólo puede vivirse en el silencio del corazón. Aquí se sabe que Dios es pobre y que vino buscando especialmente a los pobres. Aunque es cierto que la pobreza mayor del hombre es el pecado, sin embargo ahí están los pobres: siempre olvidados y en perenne abandono.

NAVIDAD: LA POBREZA DE DIOS
Caminando por la Sierra y con hambre, entré a una casita a pedir comida. Una mujer tenía sólo una taza con café y un pan. Me dijo que tomara todo. Le dije que mitad y mitad, pero no aceptó. Al fin aceptó tomar ella el café y yo el pan.

Pobreza es desear llenar mi deseo, pero no hay. Es querer saciar algo con lo que no hay. Es no tener voz para decir lo que pasa, y cuando los motivos no valen ante una sociedad insensible. Es vivir en situaciones duras y difíciles. Es tragarse el orgullo para dar lo que se puede, pero no lo que se quisiera. Es no quejarse y tener la creatividad para vivir en esas condiciones. Es recibir lo que a uno le den y compartir lo que se tiene.

La pobreza de Jesús: Viene vulnerable, débil y pequeño. Entra sin hacerse anunciar; como desapercibido. Su existencia no fue la de un privilegiado. Desde el principio, su vida estuvo rodeada de inseguridad y persecución. Tuvo que contentarse con nacer en un pesebre. Huye a Egipto. Conoce la privación, el sufrimiento y la inseguridad. Estuvo sometido a la ley del crecimiento humano. Aprendió a andar, a pensar, a orar y a comportarse. Aprendió a conocer el mundo, a los hombres y mujeres, a Dios su Padre. Recibe lo que le dan.

La pobreza de María: Sencilla campesina, curtida, morena y caminante. Era una simple mujer. Solidaria con todos los que viven al margen de la sociedad y llevan una vida cargada de todo género de privaciones. Le da al Niño los cuidados de una madre. No quejarse y, además tener la creatividad para hacer que el Niño descanse.

La pobreza de José: Darle a María lo que se puede, pero no lo que él quisiera.

La pobreza de los pastores: Son gente pobre, humilde y trabajadora. Tenían un oficio despreciado. Cuidaban del rebaño y no tenían bienes. Dormían al raso y eran personas mal pagadas. Les entregaban el rebaño, pero no les dan dónde vivir. Viven al raso, en condiciones inhóspitas y con frío. Trabajan para otros y no tienen lo suficiente para vivir con dignidad. Están disponibles: “Vallamos a Belén”. Van anunciando con alegría, pues nada tienen que perder. Se asombran y se entregan en brazos de la vida.

SUGERENCIA PARA VIVIR LA NAVIDAD
Recógete y ponte en silencio. La Navidad no está en las fiestas, en los regalos ni en los brindis. La vivencia espiritual profunda de este misterio sólo puede vivirse en el silencio del corazón.

Mírate a ti mismo y bajo la mirada de Dios. Acéptate como eres, con todas tus infidelidades. Toma en paz, sin amargura, tu pasado y tu presente. Eres pobre, limitado e imperfecto. Trata de sentir dentro de ti ese vacío de tu corazón. El único que lo puede llenar es ese Niño, que es Dios.

Deja que te hable la Luz que viene a visitar las tinieblas de este mundo; tú también estás en oscuridad, y no hay más luz que la que viene a traer este Niño. Dios viene a nacer en tu corazón. En ese corazón tuyo, tan distinto a los demás. Él, que hizo tu corazón, quiere venir a él como lo hizo en el pesebre.

Métete a la escena y mira a ese Niño. Él es la Palabra, y sin embargo no habla. Los recién nacidos no hablan. Pero el silencio de este Niño vale más que miles de sermones. En este mundo de tanta palabrería, este Niño, que es la Palabra, está en silencio, pero dice tanto.

Acepta tu pobreza. No importa que tu corazón sea pobre. Él también era pobre y vino buscando especialmente a los pobres. La pobreza mayor del hombre es el pecado. Mira, pues, tu corazón que es tan pobre como el pesebre, y las pajas tan de poco valor como tu pasado, presente y futuro que no conoces.

Ya no mires atrás, pues la vida no tiene vuelta. Mira tu presente tal como está, y tu futuro incierto. No caigas en la tentación de preguntarte el “porqué” de tantas cosas que te han pasado. Pregúntate, ante ese Niño, el “para qué” de todo esto. El futuro está en las manos de Dios y en tu respuesta que hoy le des al Señor.

Mira a ese Niño. Él calla, pero dice tanto. También, cuando todos los días nace en el altar, guarda silencio de recién nacido. Sólo conociéndolo podrás conocerte a ti mismo y a los demás.

El mundo sería otro sin la Navidad. Sería una cosa mucho más fría y sin sentido. ¿Cómo andaríamos los hombres sin la Navidad?

ABRIR LAS VENTANAS HACIA LOS DEMÁS
A tu alrededor hay personas que tal vez están muy solas: ¿las amas y las sirves? ¿Las utilizas o las dominas? ¿Las respetas y aceptas en tu vida? Navidad es compartir lo que se tiene y lo que se es. Es amar sin cálculo, y ponerse al servicio.

Tal vez hay personas que te conocen, pero que no se sienten queridas por ti. Están ahí, sin que les des una mano. Tal vez no te has fijado en su pobreza radical. Necesitadas de cariño y de tu amistad.

Aquí, en tu Patria, hay miles de gente pobre que tiene frío en su cuerpo y su alma. ¿En qué medida te interesan? Hay diócesis que no tienen estructuras mínimas para sobrevivir. ¿Te interesas por ellas? ¿Compartes los bienes de personal, de carismas, de…? ¿Eres solidario o sólo hablas de solidaridad y comunión?

Hay muchos que viven en tu mismo planeta y que tienen la misma marca que tú, aunque sean de otros países y de otras culturas y de diversa creencia. ¿Te interesan y los sientes como hermanos?

CONCLUSIÓN
La respuesta de Dios a lo que es infidelidad, podría haber sido el abandono y la condena. ¡No ha sido así! Al contrario. Su respuesta ha sido de perdón, de paz y de amor incondicional. Esta respuesta tiene un nombre: Jesús de Nazaret.

Jesús viene para todos, y su salvación no admite exclusividades. Pero él se acerca con preferencia a los que no tienen esperanza; a los que quedaron fuera: niños, mujeres, enfermos, impuros, refugiados… Su criterio no es la riqueza o pobreza, sino la voluntad de hacer lo que Dios quiere. Si el rico no abre la cartera, ahí no hay nada que hacer. El pobre necesita la voluntad de ser salvado, y esto es más fácil porque nada tiene que perder.

La Iglesia, para ser signo auténtico, necesita tener amor preferencial por los pobres. Esta no es una moda, sino una realidad. Los pobres de hoy son muchos: indígenas, minusválidos, excluidos, marginados, inmigrantes… Si alguien no tiene ese amor, no tiene a Jesús, aunque en su casa ponga arbolitos de navidad y nacimientos, aunque rece mucho y aunque vaya a Misa.

La celebración de la Navidad verdadera tiene un signo: el amor a los más necesitados. Sin eso no hay salvación. Pero hay que hacerlo sin actitud de paternalismos y sin odio a los opresores. Pero sí con la actitud de sentar bases para construir una sociedad nueva, de justicia y fraternidad.

Desde la Sierra Tarahumara, en nombre propio y de esta diócesis, deseamos que esta Navidad traiga paz a todos los hombres de buena voluntad.
¡¡FELZ NAVIDAD!!

+Rafael Sandoval Sandoval M.N.M.
Obispo de Tarahumara