Ningún reconocimiento a la “Iglesia Católica Reformada” de Venezuela

Los obispos rechazan esta nueva fundación disidente

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CARACAS, jueves 3 julio 2008.- La agrupación religiosa “Iglesia Católica Reformada” no goza de ningún tipo de reconocimiento por parte de la Iglesia Católica, es más, está considerada herética y disidente.

Tampoco está reconocida por la Comunión Anglicana, que ha emitido un comunicado en la que se desmarca de esta agrupación, presentada oficialmente hace dos semanas en Venezuela.

El Presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela (CEV), monseñor Ubaldo Santana, ha manifestado su desacuerdo por el uso del nombre de “católico” dentro de "Iglesia Católica Reformada", el grupo que se ha formado con miembros favorables a Hugo Chávez y pertenecientes a varias iglesias, entre ellos dos sacerdotes católicos.

En declaraciones al periódico “El Universal”, monseñor Santana ha precisado que "cada quien puede plantear su propuesta religiosa, lo que me parece es que es una usurpación que se hayan colocado el título de católicos y manifiesto mi extrañeza de que el Ministerio de Interior y Justicia haya permitido registrar una nueva denominación con este título".

El 25 de junio próximo pasado, el sacerdote católico Jon Jen Siu García, el pastor luterano Enrique Albornoz y el pastor luterano Alexis Bertis, presentaron públicamente esta nueva “Iglesia”, llamada Iglesia Católica Reformada de Venezuela.

El domingo 29 de Junio se realizó una ceremonia, en el Templo Luterano San Pablo de Ciudad Ojeda, en la que tres obispos, Dale Climie, Arzobispo de la Iglesia Anglicana Conservativa de Estados Unidos; Leonardo Marín, primado de la Iglesia Anglicana Latinoamericana y Jorge Pérez, obispo de México, consagraron a los tres venezolanos, antes mencionados, como obispos, para así fundar la “Iglesia Católica Reformada” de Venezuela.

Los dos sacerdotes católicos que forman parte de la nueva agrupación pertenecen uno a la diócesis de Cabimas y otro a la archidiócesis de Maracaibo.

Ante esta nueva Iglesia, el obispo de la diócesis venezolana de Cabimas, monseñor William Delgado, el Consejo Presbiteral y los sacerdotes en general, rechazan categóricamente la fundación de la Iglesia Católica Reformada de Venezuela.

Por su parte, la archidiócesis de Maracaibo ha emitido un comunicado en el que dice que “esta nueva agrupación religiosa pretende erigirse en una alternativa a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, a la vez que utilizar la misma simbología, indumentaria, nomenclatura, títulos y servicios sacramentales y litúrgicos que la Iglesia Católica. También pretenden llamarse católicos sin estar unidos por la obediencia ni al Papa ni a la Jerarquía Católica, simulando incluso la ordenación de nuevos obispos sin el expreso mandato del Romano Pontífice”.

Monseñor Ubaldo Ramón Santana Sequera, arzobispo de Maracaibo y monseñor Cástor Oswaldo Azuaje Pérez, obispo auxiliar, recuerdan a los fieles que el grupo es “cismático” y “herético” y incurre en excomunión a tenor del canon 1364 del Código de Derecho Canónico.

“Exhortamos a todos los católicos a mantenerse alertas para no dejarse dividir ni arrastrar a confrontaciones religiosas, a empeñarse en fortalecer la unidad interna de la Iglesia Católica y a favorecer un clima de respeto y de convivencia entre todos los venezolanos”, han alentado.

El cardenal Urosa también se ha pronunciado: “Con respecto a la creación de una supuesta Iglesia nueva que abusivamente se quiere llamar "Católica Reformada" permítanme expresar aquí mi rechazo a la participación de cualquier católico, y mucho más, de cualquier sacerdote, en esa supuesta nueva "iglesia católica reformada"”.

“Esta nueva agrupación es un grupo heterogéneo formado por disidentes de varias iglesias históricas: hay luteranos, y de otras confesiones cristianas, así como algunos católicos”, ha expresado el cardenal.

Por parte de los fieles católicos, “adherirse a esa nueva agrupación disidente es una acción cismática, es decir, de ruptura de la unidad eclesial, que está penada con la excomunión”, recuerda el purpurado.

Por Miriam Díez i Bosch