“No hay oposición entre fe y ciencia, a pesar de las incomprensiones”, dice el Papa

Dedica la catequesis a la figura de san Alberto Magno

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 24 de marzo de 2010 (ZENIT.org).- El Papa Benedicto XVI afirmó hoy, como lo ha hecho en diversas ocasiones, que, a pesar de los episodios de “incomprensión”, “no hay oposición entre la fe y la ciencia”, durante su catequesis en la Audiencia General, celebrada en la Plaza de san Pedro.

El Pontífice, dentro de su ciclo de catequesis sobre los pensadores de la Iglesia, centró hoy su atención en la figura de san Alberto Magno (siglo XIII), llamado así por la vastedad de sus conocimientos, que abarcaban desde las ciencias naturales a la filosofía y la teología.

Este santo, recuerda el Papa, tiene entre sus méritos el de ser maestro de santo Tomás de Aquino, además de haber introducido la filosofía de Aristóteles en el pensamiento cristiano, obra que culminaría su egregio discípulo.

Explicó que san Alberto fue un “gran hombre de Dios e insigne investigador, no sólo de las verdades de la fe, sino de muchísimos otros sectores del saber”.

“Echando una mirada a los títulos de sus numerosísimas obras, se da uno cuenta de que su cultura tiene algo de prodigioso, y que sus intereses enciclopédicos le llevaron a ocuparse no sólo de filosofía y de teología, como otros contemporáneos, sino también de toda otra disciplina entonces conocida, de la física a la química, de la astronomía a la mineralogía, de la botánica a la zoología”.

Ciertamente, admitió el Papa, “los métodos científicos utilizados por san Alberto Magno no son los que se afirmarían en los siglos sucesivos”.

Sin embargo, añadió, “él tiene mucho que enseñarnos aún. Sobre todo, san Alberto muestra que entre fe y ciencia no hay oposición, a pesar de algunos episodios de incomprensión que se han registrado en la historia”.

“Un hombre de fe y de oración, como fue san Alberto Magno, puede cultivar serenamente el estudio de las ciencias naturales y progresar en el conocimiento del micro y del macrocosmos, descubriendo las leyes propias de la materia, ya que todo esto concurre a alimentar la sed y el amor de Dios”.

“¡Cuántos científicos, de hecho, tras las huellas de san Alberto Magno, han llevado adelante sus investigaciones inspirados por el asombro y la gratitud frente al mundo que, a sus ojos de investigadores y de creyentes, aparecía y aparece como obra buena de un Creador sabio y amoroso!”, añadió el Papa a los presentes.

San Alberto Magno “nos recuerda que entre ciencia y fe hay amistad, y que los hombres de ciencia pueden recorrer, a través de su vocación al estudio de la naturaleza, un auténtico y fascinante recorrido de santidad”.

Respecto a su papel en la acogida y valoración del pensamiento de Aristóteles en las universidades medievales, que supuso “una revolución cultural” en su tiempo, Benedicto XVI afirmó que Alberto, “con rigor científico estudió las obras de Aristóteles, convencido de que todo lo que es realmente racional es compatible con la fe revelada en las Sagradas Escrituras”.

“En otras palabras, san Alberto Magno contribuyó así a la formación de una filosofía autónoma, distinta de la teología y unida con ella sólo por la unidad de la verdad”.

Esto dio origen, explicó, a “una clara distinción entre estos dos saberes, filosofía y teología, que, dialogando entre sí, cooperan armoniosamente al descubrimiento de la autentica vocación del hombre, sediento de verdad y de felicidad”.

En este sentido, concluyó augurando que “no falten nunca en la santa Iglesia teólogos doctos, píos y sabios como san Alberto Magno”.

[Por Inma Álvarez]