No puede haber paz donde hay hambre, denuncia Benedicto XVI

Denuncia el gasto global en armamento

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 9 enero 2006 (ZENIT.org).- No es posible hablar de paz allí donde los hombres y mujeres pasan hambre, constata Benedicto XVI emitiendo una dura condena contra el ingente gasto global en armamentos.



Fue la conclusión a la que llegó este lunes en el discurso que dirigió al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede.

La paz «no es sólo el silencio de las armas», subrayó. «Por esto no se puede hablar de paz allá donde el hombre no tiene ni siquiera lo indispensable para vivir con dignidad».

«Pienso ahora en las multitudes inmensas de poblaciones que padecen hambre», reconoció ante los representantes de los países que mantienen relaciones con la Santa Sede.

«Aunque no estén en guerra, la suya no se puede llamar paz: más aún, son víctimas inermes de la guerra».

El Santo Padre presentó «las imágenes sobrecogedoras de los grandes campos de prófugos o de refugiados - en muchas partes del mundo - acogidos en precarias condiciones para librarse de una suerte peor, pero necesitados de todo».

«Estos seres humanos, ¿no son nuestros hermanos y hermanas? ¿Acaso sus hijos no vienen al mundo con las mismas esperanzas legítimas de felicidad que los demás?», preguntó.

Su pensamiento se dirigió después «a todos los que, por condiciones de vida indigna, se ven impulsados a emigrar lejos de su país y de sus seres queridos, con la esperanza de una vida más humana».

«Ni podemos olvidar tampoco la plaga del tráfico de personas, que es una vergüenza para nuestro tiempo», dijo.

«Se requiere un mayor esfuerzo conjunto de las diplomacias para individuar en la verdad, y superar con valentía y generosidad, los obstáculos que impiden encontrar todavía soluciones eficaces y dignas del hombre», indicó.

«Y la verdad exige que ninguno de los Estados prósperos se sustraiga a las propias responsabilidades y al deber de ayuda, utilizando con mayor generosidad los propios recursos», siguió reconociendo.

«Se puede afirmar --explicó--, basándose en los datos estadísticos disponibles, que menos de la mitad de las ingentes sumas destinadas globalmente a armamento sería más que suficiente para sacar de manera estable de la indigencia al inmenso ejército de los pobres».

«Esto interpela a la conciencia humana», insistió

El obispo de Roma concluyó proponiendo un «común compromiso por la verdad» que «puede y tiene que dar nueva esperanza a estas poblaciones que viven bajo el umbral de la pobreza, mucho más a causa de situaciones que dependen de las relaciones internacionales políticas, comerciales y culturales, que por circunstancias incontroladas».