No puede haber paz sin respeto del derecho internacional; dice el Papa

Pide a la comunidad internacional combatir las injusticias, fuente de violencia

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CIUDAD DEL VATICANO, 13 diciembre 2002 (ZENIT.org).- El respeto del derecho internacional y una mejor distribución a nivel mundial de los recursos y de la formación de las personas son las dos claves que Juan Pablo II propuso este viernes como condiciones para alcanzar la paz.



El Papa presentó su propuesta al recibir las cartas credenciales de los nuevos embajadores ante la Santa Sede de Sierra Leona, Jamaica, la India, Ghana, Noruega, Ruanda, y Madagascar.

«La paz es uno de los bienes más preciosos para las personas, para los pueblos y para los Estados», dijo el pontífice. «Se realiza respetando el orden internacional y el derecho internacional, que deben ser las prioridades de todos aquellos que tienen a su cargo el destino de las Naciones».

En segundo lugar, constató al analizar el panorama internacional, «las miserias y las injusticias son fuente de violencia y contribuyen al mantenimiento y al desarrollo de conflictos locales o regionales. Pienso en particular en países en los que el hambre se desarrolla de manera endémica».

«La comunidad internacional está llamada a hacer todo lo posible para que estos flagelos puedan ser poco a poco suprimidos, en particular a través de medios materiales y humanos que ayudarán a los pueblos más necesitados --aseguró el obispo de Roma--. Un apoyo más importante a la organización de las economías locales permitiría sin duda a las poblaciones autóctonas poder asumir mejor su porvenir».

El Papa aseguró que «la pobreza pesa hoy día de manera alarmante en el mundo, poniendo en peligro los equilibrios políticos, económicos y sociales».

«En el espíritu de la Conferencia internacional de Viena de 1993 sobre los derechos humanos, constituye una atentado a la dignidad de las personas y de los pueblos --afirmó--. Hay que reconocer el derecho de cada uno a tener lo necesario, a poder beneficiarse de una parte de la riqueza nacional».

El Papa concluyó haciendo un llamamiento a la comunidad internacional «para que cuanto antes se replantee la doble cuestión de la repartición de las riquezas del planeta y la de una asistencia técnica y científica equitativa para los países pobres, algo que constituye un deber para los países ricos».